Friday 24 de March de 2017

Mi delito… ser especial

Historia de vida

     29 May 2011 03:40:00

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Durante siete años una niña asistía puntualmente a una escuela de educación especial. Dentro de su programa curricular, debía recibir terapia de rehabilitación física.
Su madre comprometida con que su hija tuviera una vida normal, la llevaba constantemente sin imaginar que ese lugar que ella consideraba de gran ayuda terminaría por causarle un inmenso dolor y frustración.
Aunque la menor no padecía un profundo deterioro de sus funciones mentales, sí la ponía en desventaja frente a su maestro de terapia física.

Quién es esa indefensa niña
Ella es una niña de 11 años, de facciones muy bonitas, de estatura alta en relación a su edad, al igual que su desarrollo físico, a simple vista aparentaba la edad de una jovencita de 17 años.
Ella nació en un parto con complicaciones, la niña presentó hipoxia y cianosis, causa que la mantuvo en incubadora; además, la niña padeció crisis convulsivas por lo que debió estar hospitalizada durante dos semanas.
Estas complicaciones dejaron secuelas psicopatológicas en la menor que desencadenaron un déficit en el desarrollo cognitivo el cual le impide lograr un adecuado aprendizaje; así como afectación psicomotriz en uno de sus brazos, motivo por el cual resultaba necesaria la rehabilitación física.
Desgraciadamente la intervención de ese maestro motivó a que la menor viviera todas las etapas de victimización.

Sus palabras
“El maestro me mandaba llamar y me hacía cosas, fue desde hace mucho tiempo, me encerraba en su oficina y me hacía con su pene en mi vagina, fueron muchas veces, casi a diario. Yo le platiqué a una compañera y también a las maestras, también le dije a la psicóloga de la escuela.
“El maestro diario me daba una pastilla de esas chiquitas. El maestro me llamaba para que me sobara mi brazo, me ponía aceite de bebé y me lo empezaba a sobar. Me daba masaje en la mano y luego en el brazo.
“Así era al principio, pero luego me empezó a sobar mas arriba hasta el hombro y luego me empezó a meter la mano debajo de la blusa y me tocaba aquí (señala su pecho); el cerraba bien las cortinas de su oficina, y a veces en un salón de clases también.
“Yo ya no quería ir con ese maestro, pero tenía que ir por que era mi terapia, el me decía que si decía me iba a pasar algo, yo si le tenía miedo. Luego me empezaba a besar la boca y así me daba el masaje en mi brazo, y empezaba a hacerme con su pene.
“A mi no me gustaba, pero el decía que yo le gustaba. Yo ya no puedo dormir, no me da hambre y tengo mucho coraje, ya no quiero salir porque todo me da miedo”.

Cómo asimiló la menor el delito
Cuando platiqué con la menor, se mostró en un inicio muy abierta, estaba de buen humor, conforme nos fuimos adentrando en su relato, su estado de ánimo decayó notablemente, lloraba en ocasiones y me decía que ella quería que esto no le hubiera pasado.
Su mamá comentó que notaba a su hija cada vez más diferente, ya que se empezó a comportar de manera agresiva, que la veía triste constantemente, en contraste con su habitual estado de ánimo alegre. También notó que su hija se volvió cerrada, que ya no quería salir a jugar y que cada vez platicaba menos.

Doblemente victimizada
Durante el proceso penal la menor fue llamada a declarar.
En una testimonial a su cargo fue cuestionada severamente por el abogado defensor. Respondía las preguntas en un inicio de manera tranquila, pero conforme fue avanzando el interrogatorio la menor mostraba cada vez más ansiedad, hasta llegar a llorar y mostrar ansiedad.
En esta etapa la menor ya estaba siendo víctima de segundo y tercer grado. Esta victimización es la que infiere precisamente el proceso penal, desde el momento de interponer la denuncia.
El grado último de la victimización se da cuando la afectada se mantiene en la postura de víctima, sin poder superar el evento traumático.

Quién es el maestro
Un hombre de 34 años, soltero, aunque padre de un hijo con el que no mantiene contacto, con escasos vínculos familiares, de profesión técnico en rehabilitación física. Con una actitud retadora, sentado con la pierna cruzada y los dedos de las manos entrelazadas.
Es de llamar la atención, que trataba de esquivar las preguntas mediante un discurso tangencial y hablando sobre obras de arte. Daba la impresión de tratar de parecer culto.
El mismo dio su descripción. “Tengo un machismo muy arraigado, soy un heterosexual muy satisfecho, tengo amistades que mitigan mis necesidades”.
Antes de ofrecer su versión se debe aclarar que a la par del proceso de la menor, se le llevaba otro proceso por el delito de tentativa de violación en contra de un niño de la misma escuela, por lo que habla de los dos casos.

Su versión
“Me identifiqué mucho con él, porque era un niño muy rechazado, pero yo soy inocente, no sé por qué me acusan de eso.
“Al niño yo sólo lo estaba ayudando, esas señoras vieron todo mal y dijeron que me habían visto con los pantalones bajados abusando del niño en su recámara.
“Ese día las señoras organizaron una fiesta en la casa de ese niño y yo fui y otros maestros y maestras. Les pedí que me permitieran el baño y subí a la planta alta de la casa. Ahí estaba el niño en una recámara.
“La señora dice que subió a buscarme porque creyó que no encontraba el baño y ahí fue donde dice que me vio abusando de su hijo en la cama. Eso no es verdad. Yo no sé por qué dicen todo eso, yo soy inocente.
“De la niña no sé nada, también soy inocente, a ella yo sólo le daba rehabilitación física en el brazo, se le tenían que ir estimulando los músculos para que agarren fuerza. Eso es todo. Yo a la niña nunca le hice nada.
“De las pastillas no es verdad, yo no puedo recetar medicamentos, le pedía que llevara aceite de bebé para darle los masajes en el brazo pero nada más.
“Yo trabajé en la Asociación Pro Personas con Parálisis Cerebral (APAC), a mi me pueden recomendar muchas personas que me conocen, yo no hice nada”.

El sufrimiento y la lucha de la madre
La madre de la menor, desde el momento de interponer formal denuncia contra el maestro, luchó para que su hija fuera escuchada.
En el Ministerio Público se llevó todo el proceso que opera en una denuncia de agresión sexual. La menor recibió terapia psicológica. La averiguación previa fue consignada y el maestro detenido y preso en la cárcel distrital.
Sin embargo, la defensa logró su libertad y el maestro será indemnizado económicamente al haber sido despedido de su cargo en la escuela de educación especial.
El daño en la menor y la frustración de su madre al no obtener justicia quedarán ahí, marcando sus vidas.

Las secuelas
Las consecuencias psicoemocionales para un niño con necesidad de educación especial que ha sido víctima de agresión sexual, se miden de acuerdo al grado de conciencia y asimilación que pueda tener sobre el hecho.
Cuando el daño cerebral es muy profundo, los niños no asimilan la agresión como tal y no tienen conciencia de la consecuencias ni de haber sido víctimas de un delito.
En el caso de la niña, como su patología se considera leve, sí fue capaz de asimilar la agresión sexual como tal.
Hasta ahora la víctima no ha sido tomada en cuenta enteramente y como tal en los procesos penales, el delito se comete en contra del Estado.
A partir de la entrada del nuevo sistema penal en enero, la víctima será tomada en cuenta y su dolor será mitigado por procesos judiciales más eficientes, transparentes y rápidos.

*Psicóloga Forense
azul.iv@hotmail.com




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