Wednesday 18 de January de 2017

Mi delito… sufrir abuso

Historia de vida

     6 Mar 2011 03:40:00

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Una joven mujer, profesionista, casada, madre de cuatro hijos, me contactó con el único afán de que su historia sea contada.
Su justificación es que las mujeres, que al leer estas líneas sientan que han vivido algo similar, no duden en buscar ayuda, no duden en denunciar y sobre todo, no duden que hay una manera de vivir diferente.

Este es su relato
Siendo una niña, mi vida tomó un giro que durante muchos años me mantuvo llena de miedo y desesperación. Mi padre, ese hombre que se supone debía protegerme, comenzó a manosearme cuando yo apenas tenía 5 años. Me metía las manos debajo de mi vestidito y me tocaba mis partes íntimas. Yo sé que también lo hacía con mis otras hermanas. Fuimos cinco hijas.
Mi hermana la mayor comenzaba su etapa de adolescente y un día la vi aterrorizada, llorando en medio de la noche, reclamando a mi madre que no la hubiera defendido. Mi madre sólo le decía que no había pasado nada, que sólo había sido un mal sueño.
Años después supe que mi hermana estaba así porque mi padre la había violado. Lo supe porque a mí me pasó lo mismo.
Mi hermana se refugió en alcohol y en relaciones muy destructivas con hombres casados y mayores.
Mis otras hermanas, no estuvieron exentas de esto y siendo aún niñas llorábamos en las noches, muertas de miedo porque nos habíamos orinado en la cama y en cualquier momento llegaría ese hombre a golpearnos.
Ellas me preguntaban que porqué les hacía eso y yo no sabía qué decirles. Mis hermanas y yo nos preguntábamos porque mi madre no hacía nada para defendernos de él.
Mi padre, lejos de lo que pudiera pensarse no tomaba, no fumaba y conforme fuimos creciendo, se volvía extremadamente rígido con nosotras, no nos dejaba salir a ningún lado y todas encontramos salida de ese infierno en los estudios. Como vivíamos en una comunidad, era necesario venir a estudiar a la capital, ya aquí nos desenfrenábamos. Cada una en sus vicios, cada una con sus amigos.

Infierno extenso
Mis padres nos llevaban como una familia integrada y feliz, a visitar a los abuelos paternos. Maldita sea la hora.
Ahí vivía un tío, hermano menor de mi padre, adicto a las drogas, consumidor habitual de resistol y thinner; un desgraciado, desquiciado, enfermo, que nos hacía lo mismo que mi padre, pero masturbándose delante de nosotras.
Me provocaba vómito y me golpeaba. Me decía "maldita escuincla puerca, limpia tus guacareadas o te hago que te las tragues", yo me ponía a limpiar con un periódico. Todavía ahora cuando veo a ese tío en la calle me paralizo de miedo.
Por otro lado estaba mi abuelo, otro maldito viejo, asqueroso, que nos llamaba cuando se estaba bañando para que le talláramos la espalda; su única intención era estarnos manoseando.
Mi padre nos mandaba como si no supiera lo que pasaba. Mi madre no decía nada, ni hacía nada por nosotras. Siempre callada, siempre diciendo no pasó, es sólo un mal sueño. Podría gritarle y ofenderla hasta el cansancio, pero me da mucha lástima su manera de ser tan mediocre, tan ruin.
Un día de mucha desesperación la confronté, le pregunté a gritos que por qué seguía con él, que si no se daba cuenta de lo que nos hacía. Su estúpida respuesta: "en su familia así se usa, además es mi cruz, en mi familia no se permiten los divorcios, es la voluntad de Dios", respuesta que aún en la actualidad me destroza la vida.

Doble cara, triple moral
Socialmente, mi padre daba una cara de buen hombre, compasivo, demasiado apegado a la religión. Hombre de trabajo, responsable con su familia, decía que sus hijas seríamos vírgenes hasta el matrimonio. Que debíamos casarnos, con ¡hombres como él!
Mentía acerca de nosotras, ocultaba que teníamos problemas con adicciones, mi hermana con alcohol y hombres casados, mi otra hermana con drogas, yo con alcohol, con hombres y en un tiempo hasta con mujeres. Así transcurría nuestra vida. Yo no entendía qué buscaba, ahora comprendo que lo único que buscaba era el cariño que mi padre me negó.

¿Cambió?
Un buen día, mi padre llegó con la novedad de que cambiaría, que ya había encontrado el verdadero camino, que estaba arrepentido de lo que había hecho, que quería que lo perdonáramos. Yo no creía en sus palabras.
El tipo llegó con la nueva que se cambiaría de religión y con eso todo sería pura felicidad. Como si el Dios de la otra religión fuera mejor y más eficiente, para mí sólo hay un Dios, y Él seguramente estará enojado con mi padre.
Pero sí, efectivamente él empezó a cambiar, ya no nos hacía sus porquerías, y verlo ahí en la iglesia, dando sermones y consejos me daban ganas de vomitar; sin embargo, él seguía siendo autoritario y ahora lo hacía según él respaldado por su nueva religión. Íbamos a las reuniones de la iglesia, él es un hombre respetable de la iglesia.

Mi vida cambió, pero mis emociones no
Tiempo después conocí al hombre de mi vida, al que sería mi esposo. Me casé con él y vinieron los niños, uno tras otro, mi esposo quiere tener seis hijos, ya llevo cuatro.
Después de cada parto, viene una terrible depresión. Esa depresión me ha llevado a atentar contra mi vida en dos ocasiones. Yo sé que tiene que ver con lo que me pasó de niña. Y más aún porque tengo que trabajar y he tenido que recurrir a mis papás para que cuiden de mis hijos y no puedo evitar imaginarme que pudieran hacerles lo mismo que a mí.
Mi matrimonio no es el mejor y definitivamente sólo es un requisito, porque yo no soy feliz. No me siento plena. Ese sentimiento de vacío, el mismo que he tenido desde que era una niña, me sigue atormentando.
Un tiempo pensé que era porque mi marido no me quería y lo llegué a engañar, pero luego me dí cuenta que ese sentimiento seguía como una constante en mi vida. Trato de hacer mi vida en paz, y estoy asistiendo a terapia.
Contar esto me llena de vergüenza, porque sé que se escucha atroz que yo haya engañado a mi esposo, pero yo no estoy bien, mis emociones están dañadas.
Mi padre y mis parientes me robaron dos etapas de mi vida. Yo no pude ser niña y mi adolescencia me la mancillaron. Yo no conté con el apoyo de mi madre. Ni siquiera me pudo explicar qué era aquello que me pasó cuando llegó mi primera regla. Sé que no es justificación. Por eso es que estoy trabajando en mí.
No puedo denunciar a mi familia. Porque quizá aún no estoy lista o porque quizá de verdad cambiaron y no ganaría nada. Mi abuelo se murió y mi tío se ha drogado tanto que ahora es un vago más de la calle. Sólo espero que no vaya a atentar en contra de ninguna niña. Porque no me podría perdonar que fuera por mi culpa.
Si mi historia de algo sirve, si a alguien le resulta familiar, que sepa que hay maneras de poder solucionarlo. Pero que no se queden calladas, que busquen ayuda, que platiquen con personas, que vayan a terapia.

*Perito en Psicología Forense
azul.iv@hotmail.com




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