Sunday 22 de January de 2017

Mi delito... tener al enemigo en casa

Historia de vida

     3 Apr 2011 03:40:00

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Hoy tengo frente a mí a una mujer de 61 años. Hace cinco años atendí a su nieto víctima de agresión sexual. Me buscó para contar su historia de sufrimiento y lograr desahogar un poco su pena.
Ocurre en 2003.  Mi nieto, me fue confiado para su cuidado y protección por mi hija. La menor de mis nueve hijos, madre soltera, como hay tantas hoy en día. Ella cada mañana salía a su trabajo como empleada de una tienda de autoservicio, con la confianza de que su hijito estaría muy bien, ¡que mejor que con su abuela!
Lo viera ahorita, con esos ojos tan bonitos, tan grandote, bien aplicado para la escuela, ya sabe leer “mijo”, está en segundo de la primaria, ya va a pasar a tercero.
Él ya no recuerda nada, yo pienso que él nunca supo lo que le pasaba, ni lo que le hacía ese desgraciado que nos despedazó la vida.
Mi hija empezó a notar que “mijo” estaba como “rosadito”, ella me decía que si no lo cambiaba bien de su pañal y nos peleábamos por eso, porque yo con las ideas de antes, le ponía su pañal de tela.
Ella me traía de esos desechables y el problema seguía, hasta que un día, el más maldito de mis días le pasé al niño a mi esposo, su abuelo de sangre. Lo acababa de bañar, se lo dí para que lo vistiera. “Mijo” siempre lloraba con su abuelo. Yo pensaba que era porque como estaba viejo y feo pues lo asustaba, “mijo” ya no se quería ir con él, se le escondía, hasta se metía debajo de la mesa.
Ese día, yo salí rápido del baño y me asomé a la recámara en donde estaba él y lo que vi me llenó de horror, de vergüenza, sentí que me moría, se me fueron las fuerzas de las piernas, yo no sabía qué hacer, a “mijo” lo tenía ahí todo encueradito boca abajo y él le hacía como si un hombre y una mujer estuvieran en la intimidad, pero el tenía su ropa puesta, yo de momento no supe qué pasaba,  no creí que estuviera pasando “eso”.
Hasta me dije, ¿cómo piensas eso?,  tu has de ser la mala, la cochina que ve cosas que no son. Así quedó,  yo me metí al cuarto y vestí al niño.
Pasaron los días, pero el niño cada vez se ponía más mal con su abuelo, los problemas con mi hija cada vez estaban peor, yo tenía ese temor, ese algo que le dice a una de mujer que algo muy malo esta pasando, pero a la vez yo decía que no podía ser verdad, mis otros hijos se empezaron a dar cuenta.
El niño así de chiquito, apenas tenía los 2 años, nos hacía señas para decirnos lo que pasaba. Yo defendía a ese hombre, ¿cómo es posible que no me diera cuenta o no quisiera darme cuenta, ¿por qué?, me lo hubiera hecho a mí que ya soy una vieja, que ya no sirvo para nada, pero al niño, ¿por qué?
Cuando pusimos la denuncia, yo me sentía sucia, mala, peor que ese desgraciado. A “mijo” todos los licenciados del Ministerio Público y los doctores lo trataron muy bien, no lo hicieron sufrir.
A ese lo metieron a la cárcel, yo ayudé a que lo agarraran, les avisé para que fueran por él. Ya mero sale de la cárcel, le dieron cinco años por el delito de incesto, dijeron los doctores que no consumó el hecho, por eso “mijo” no está dañado, ya no se acuerda ni de su abuelo, lo malo es que ya va a salir, pero a mi el dolor todavía no se me quita, ni mucho menos el coraje, yo quería matarlo.
Imagínese, todos mis hijos supieron que su papá había hecho eso, mi familia se destruyó, pero luego nos pudimos unir otra vez poco a poco. Quisiera que no lo dejaran salir nunca de la cárcel.
Mi peor infierno fue en ese tiempo, ponerme a pensar si a todos mis hijos no les haría lo mismo y yo no me di cuenta, imagínese que terrible y asqueroso, luego pensaba que el si había sido bueno conmigo y con nuestros hijos.
Sí tomaba mucho, se emborrachaba, pero nunca nos faltó nada, era un hombre trabajador, pero sí era de los que golpeaban a una y a los hijos, sí los educaba con golpes.
A mi hija, la mamá del niño, cuando estaba el problema sí la golpeó en su cara y hasta la tumbó, en esas fechas “mija” se fue de la casa.
A veces siento que me quiero morir, me hubiera gustado morirme para no ver todo lo que pasó, pero Dios quiso que aquí me quedara para apoyar a mis hijos.
Yo les digo a las mujeres que abran bien los ojos y que no piensen que ellas son las malas por pensar cosas, sé que no todos los hombres son así. Hay hombres que sí son buenos, que respetan y cuidan a su sangre.  También les digo que las autoridades sí hacen bien su trabajo y sí ayudan a la gente, a nosotros nos ayudaron mucho.
Ahora que salga ese hombre, tengo tanto de miedo de que “mijo” se vaya a enterar de lo que le hacía su abuelo, que le afecte y se traume. Estamos pensando en que se lo lleven de aquí, su mamá se quiere ir para el norte y que ahí se queden hasta que ese hombre se muera.
Qué más podemos hacer, sólo esperar a que se vaya a mejor vida y que mi padre Dios lo perdone por todo el daño que nos hizo y nos sigue haciendo.
Al momento de narrar su triste vivencia, esta mujer denota su abatimiento emocional y moral, revela mucho miedo de la venganza que pueda tomar ese hombre que le generó tanto dolor, siente equivocadamente que esto que vivió es el pago por los pecados que pudo haber cometido ella en algún momento de su vida.
El delito de incesto es una de las formas de agresión sexual que genera más daño; la confusión emocional de la víctima se incrementa por el hecho de tener una vinculación afectiva con su agresor así como una convivencia cotidiana y a la vez sentir que es dañada y lastimada por una persona que se supone debería protegerla.
El daño en la relación familiar y las consecuencias físicas y psicológicas en la víctima son de dimensiones alarmantes. En los casos que no existe denuncia y se esconde la “situación”, por el miedo al “qué dirán”, por cuestiones económicas o por el simple hecho de no darle credibilidad a la víctima, el daño normalmente es irremediable.
*Perito en Psicología Forense
azul.iv@hotmail.com
 




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