Monday 16 de January de 2017

Mi delito... tener miedo

Historia de vida

     28 Apr 2013 03:40:00

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¿Por qué a mí? Es la pregunta sin respuesta. Las víctimas de algún delito que tuvieron la fortuna de no perder la vida invariablemente me hacen esa pregunta. Resulta triste no tener una respuesta adecuada. Simplemente es crucial liberarlas del sentimiento de culpa.
Esta historia es de un grupo de pequeñas que fueron víctimas reiteradas de tocamientos impropios por parte de su maestro, este sujeto no tuvo reparos en llegar a violar a una de sus pequeñas alumnas. Y durante tres años hizo de las suyas en una escuela primaria.

Cómo se descubrió
En tercer grado, al cambiar de maestro y al llevar una materia que habla sobre sexualidad. La niña se dio cuenta de que lo que había estado sucediendo con su profesor no era normal.
La pequeña entonces tuvo el valor de contarle a su mami lo que le estaba sucediendo con este maestro durante el primero, segundo y en ocasiones en tercer grado de primaria.
La mamá, al escuchar el relato de su hija, no daba crédito a lo que estaba sucediendo. Así que decidió dirigirse a la escuela a confrontar al maestro.

Más casos
Al llegar a la escuela habló con el director y él mandó llamar a su hija. Cuando la niña estuvo en la dirección el director le realizó preguntas sobre lo que había sucedido con su maestro.
La niña le contó a su director cómo es que el maestro, al momento de impartirle clase, y justo al momento en el que ella se acercaba al escritorio para que le revisaran la tarea o trabajo, “el maestro aprovechaba para tocar mis piernitas, me metía la mano por debajo de mi falda o por el elástico del pants y me tocaba por donde hago pipí.
“Yo no me movía porque sentía muy feo, pero el maestro me decía que no dijera nada porque me lo haría otra vez (…) eso también se lo hacía a otras niñas (…) por eso yo pensaba que era normal (…) me daba mucho miedo porque él nos decía que si hacíamos algo o decíamos nos iba a ir peor”.
El director de la escuela mandó llamar a otras niñas, cada una fue dando su propia versión de lo que estaba sucediendo. Había varias narraciones, pero a final de cuentas todas coincidían en que el maestro les hacía tocamientos impropios a sus alumnos.

Cosas peores
El director decide en presencia de la madre de familia llamar al maestro. “Cuando llegó se mostraba muy sorprendido, negó todo deslindándose de cualquier responsabilidad, con esas palabras. Fingió que no sabía porque lo acusaba mi hija. Pero cuando el director le dijo que no era la única, el maestro se puso a llorar.
“Empezó a decir que él sería incapaz de una atrocidad de esa magnitud. Que por eso él siempre había sido muy amable y cariñoso con los niños. Que él se sentía traicionado por los niños porque él les hacía fiestas y les daba regalos. Curiosamente a mi hija le daba regalos más caros, como osos de peluche. Y es verdad, siempre se portaba muy amable con todos los padres de familia.
“Organizaba fiestas, parrilladas, buscaba la manera de quedar bien con nosotros. No puedo comprender cómo es que no me di cuenta de lo que estaba pasando.
“Cuando seguí platicando con mi hijita en la casa me dijo otras cosas que me dejaron como muerta. Quería llorar y gritar y la verdad quería ir a matar al maestro. Imaginar cómo mi hija estaba en su salón de clases soportando esas cosas tan horribles me llenaba de dolor.
“Mi hijita me contó que un día en primero de primaria estaba en el recreo y la mandó llamar con otra niña. Que llegó al salón y que la paró enfrente de él. Que ese maestro se desabrochó el pantalón y que puso su cosa de fuera. Que puso a mi hija a que le hiciera cosas con su boquita. Que llegó hasta hincarla enfrente.
“Son cosas muy feas y asquerosas que mi niña tuvo que vivir por culpa de ese pervertido. Saber que eso se lo hizo no sólo una, sino muchas veces, durante mucho tiempo. Que aunque ya no era su maestro lo seguía haciendo, mandándola llamar al salón. Hay tantas cosas tan feas que me cuesta trabajo hablarlas”.

Su pequeña voz
“No me gustaba que sucediera eso porque me daba mucho asco y siempre que se desabrochaba el pantalón y me ponía a besarle el de enfrente de los hombres me iba a vomitar al baño.
“No sabía que eso era malo, yo miraba que a otras niñas también las tocaba así. Debajo de su falda o que les metía las manos enfrente, como más arriba de la panza o la cadera. También llegué a ver que a los niños hombres los acariciaba.
“Hay unos que los sacaron de la escuela, pero los que quedan no quieren decir. Es que el maestro también nos decía que nos iba a matar o que mataría a alguien de nuestra familia, o a mi mamá, y así. Por eso yo sé que hay niños que no dicen nada.
“Tengo mucho miedo de que cuando salga vaya a venir a matarnos. O que mande a alguien a hacerlo. Me siento muy mal y muy triste porque no dije nada antes. Pero yo creí que eso no era malo porque se lo hacía a casi todos los niños. Yo pensé que así eran los maestros.
“A mí nunca me dijeron que no me dejara agarrar mi cuerpo. Hasta tercero que la maestra nos empezó a enseñar que era demasiado malo que un desconocido o conocido le tocara a uno las partes del cuerpo íntimas, o sea, por donde hacemos pipi o popó, y también supe que nadie tiene derecho a hacerme daño porque soy niña.
“Yo me siento muy mal porque el maestro por mi culpa está en la cárcel. Dicen que ahí tiene que vender cosas para poder comer. Me siento triste porque mi mamá llora por mi culpa y también me siento muy mal porque todo esto se supo, pero yo no quiero que a ningún niño le vuelva a pasar lo que a nosotros. Quisiera que no nos hubiera pasado. No sé por qué nos pasó a nosotros algo tan malo”.

Bloquearon la escuela
“Varias madres de familia nos tomaron la escuela. No permitían el acceso de nadie. Todos estábamos afuera: alumnos, maestros y personal de la escuela. El maestro me preguntó que cuál era mi postura. Me encontraba sumamente disgustado por todo lo que estaba sucediendo y simplemente le respondí que era la de seguir buscando la verdad.
“Las madres de familia exigían saber qué les había hecho el maestro a sus hijos. Estaba hasta una televisora. Yo entré a la escuela a hacer los oficios informando qué es lo que estaba sucediendo a la región. Inmediatamente determinaron separar al maestro en protección a los niños principalmente, pero también evitar cosas mayores si llegaran a agredir al maestro.
“Al día siguiente le informé al maestro que debía presentarse a la región para que le dieran indicaciones. En todo momento se ha estado cooperando con la autoridad a fin de que esto se aclare”.

Prevención
Procure hablar cada día con sus hijos y tómese el tiempo necesario para escucharlos y observarlos. Entérese de los pormenores de sus actividades y sentimientos. Anímelos a que compartan con usted las preocupaciones, dudas y problemas que tengan.
Explíqueles que sus cuerpos sólo les pertenecen a ellos y que tienen derecho a poner límites y decirle NO a cualquier persona que pudiera intentar tocárselos o intentar que los pequeños toquen el cuerpo de esa persona u otras.
Dígales que hay adultos que podrían intentar lastimarle u obligarle a hacerles cosas molestas o que ellos no desean hacer, aunque para ganarse su confianza, seducirlos y convencerlos, pueden mostrarse suaves y lentos. El adulto que hace esto podría decirles que “lo que pasa entre nosotros dos es un secreto y no tienes que contárselo a nadie”.
Explíqueles que el adulto también puede amenazarles y decirles que les hará daño o matará a sus padres si llegan a contar el secreto. Déjele bien aclarado que ese adulto está haciendo algo malo.
Alérteles de que el adulto podría ser una persona conocida, una persona amada o de confianza, o posiblemente alguna persona con cierta autoridad. Por ejemplo: la niñera, un profesor, un religioso, un entrenador.
Explíqueles que la persona adulta también puede ser de la familia (un abuelo, padre, primo, hermano o tío) y acláreles que un familiar, por mucho que le queramos y conozcamos, también puede equivocarse y hacer cosas que no están bien.
Procure avisarles sin asustarlos. Subraye que la mayoría de los adultos se dedican a proteger a los niños de cualquier daño y que nunca serían capaces de hacer estas cosas, pero que también existen otros que podrían molestarlos.
Tampoco se trata de evitar los cariños que les dan otras personas, porque la gente en general es buena; sólo hay que aprender a decir “no” a lo que no nos gusta que nos hagan.
Haga que los niños sepan que si alguna persona les hace alguna cosa rara, por ejemplo, manosearlos, tomarle fotografías desnudos u ofrecerle regalos, usted lo quiere saber. Tranquilícelos y explíqueles que ellos no son culpables de lo que haga un adulto.
Exprese a sus hijos el amor que siente hacia ellos y dígales que, ocurra lo que ocurra, siempre podrán contar con usted y estará a su lado, porque los quiere mucho y son lo más importante para usted. Haga que sepan y sientan que los apoya. Alabe su franqueza. Los niños tienden a sentirse culpables del abuso; quítele ese peso de encima.
Enséñele la diferencia entre los “secretos buenos” (un regalo de cumpleaños para papá), los “secretos malos” (al callarlos te hacen sentir mal), los regalos (te dan algo sin pedir nada a cambio), los “tratos” (intercambio en igualdad de condiciones, puedes elegir) y el “chantaje” (no hay opción, elijas lo que elijas pierdes). Algunos adultos usan con frecuencia los regalos para después hacer chantaje al niño.
A todos los pequeñines les deseo con motivo del Día del Niño que su infancia sea muy feliz, llena de amor, cariños y cuidados por parte de quienes les rodean. Siempre conserven su capacidad de asombro. ¡Un abrazo a todos!

Perito en Psicología Forense
azul.iv@hotmail.com




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