Wednesday 18 de January de 2017

“Mi paz les dejo, mi paz les doy. No se las doy como la da el mundo”

El Día del Señor

     5 May 2013 03:40:00

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La paz siempre se desea al prójimo en una ceremonia religiosa. (Oscar Baez)
La paz siempre se desea al prójimo en una ceremonia religiosa. (Oscar Baez)

INTRODUCCIÓN
En este Domingo VI de Pascua, resuenan una vez más las palabras de Cristo en los nuevos cenáculos de nuestros templos y sobre todo de nuestros corazones. Cristo de esta manera colma las ansias e inquietudes de todos los hombres quienes anhelan siempre tener paz.
En nuestros días, en muchos ambientes, en nuestra nación y en muchas del mundo entero, el clamor que brota de nuestras vidas, es desear la paz, la concordia y el bien  en todas sus posibilidades en este mundo que pasa.

LA PAZ ES UN DON DE DIOS
En las Sagradas Escrituras, ya desde el Antiguo Testamento, como adelanto del Nuevo, el tema de la paz, tiene un riquísimo contenido significativo. Recordemos algunos que son esenciales de acuerdo con la revelación divina que lleva a plenitud natural y sobrenatural el significado de la paz.
Los hombres siempre desde lo más profundo de su ser ansían la paz. Pero muchas veces ignoran qué cosa es la paz. Es ante todo un don o regalo de Dios que debemos alcanzar por los caminos que conducen a ella.
Esta paz que Dios nos da está unida a la humildad como apertura libre y amorosa al mismo Dios y a los hermanos. Es un reflejo de la sabiduría divina que los humanos estamos llamados a conquistar.
La paz se nos ofrece como felicidad perfecta. Desde el punto de vista humano y en la enseñanza y tradición de los hebreos, la palabra “salom” es estar colmado de bienes, empezando por disfrutar de lo que se produce o se obtiene con el trabajo constante y honesto.
Así, por ejemplo, ser hombres de paz se debe a tener salud, bienes necesarios para el desarrollo y expansión de la propia felicidad.
Tener casa, vestido y sustento diarios, para tener tranquilidad sin agobios de carencias que muchas veces tocan lo que cada persona necesita para vivir con dignidad y decoro.
Tener formación integral, asumir valores que son base de una seguridad de cada uno y que luego es compartida en las familias, en el mundo del trabajo, en el desarrollo de las artes y la cultura.
La paz es fruto del recto orden social en donde se establece la justicia en todas sus formas: justicia conmutativa, distributiva y social. Vivir firmemente asentados en la verdad, sin mentiras ni equivocaciones confundiendo la verdad con el error y viceversa.
En una palabra la paz encierra certeza y seguridad en el hogar, en los centros de estudio y formación; en los ambientes diversos, como la política entendida como el noble servicio en la procura del bien de todos en comunidades, pueblos y naciones. La paz salvaguarda todos estos valores. Produciendo alegría, seguridad y tranquilidad en todas las relaciones sociales.
Cuando existen situaciones difíciles por no contar con dichos valores, surgen los odios, la rebeldía ante la autoridad y las leyes; las divisiones y las guerras que destruyen y aniquilan el recto orden de las familias, sociedades y pueblos. Con las guerras de cualquier tipo, se quebranta y se rompe la paz.
Surgen la miseria, las enfermedades; los ataques y abusos a la dignidad de las personas; los secuestros, las persecuciones, el hambre y el desamparo que llevan irremisiblemente a la muerte, como constatamos con la presencia de guerras de todo tipo a través de la historia de la humanidad. Por eso se ha llegado a decir que la ausencia de guerras y divisiones es la paz.
La paz de Cristo, no es como la da el mundo que se basa en bienes transitorios y caducos. Cristo se autodefine como “Príncipe de la Paz”, sobre todo, porque es la fuente del amor divino y humano.
Él establece la unidad sin fronteras y hace de muchos pueblos uno solo. La paz de Cristo establece la comunión sobrenatural con Dios de quien viene todo don y dádiva perfecta.
Es paz con los hermanos, que incluye el poder perdonar y tolerar las injurias y desprecios sufridos por fidelidad y amor a Cristo y a los hermanos. “Opus justitiae est pax”. Cristo establece una fraternidad bajo la mirada del Padre eterno que nos ha adoptado como hijos suyos por Cristo y su Espíritu Santo.
La paz de Cristo es realizar con su gracia y amor la justicia, la hermandad más allá de los lazos de la carne y de la sangre. La paz de Cristo es la verdad que es él y su evangelio.
Es en él, con él y por él estar exentos de pecados, no seguir el camino de las injusticias y la maldad que el Demonio quiere siempre introducir en los hombres, rompiendo corruptamente la seguridad de la convivencia, motivando el odio, la soberbia y el desprecio  de Dios y hacia los demás.
Amar a Dios por sobre todas las cosas y por él amar a nuestros hermanos, es la fuente inagotable de la verdadera y auténtica paz de los cuerpos y las almas.

LA PAZ DE CRISTO DEBE SER VIDA NUESTRA Y TOTAL
Esta paz consiste en el creyente como una morada de amor a Cristo, al Espíritu Santo y al Padre que tanto nos ama y quiere ver realizada en cada uno de sus hijos adoptivos y en comunión fraterna este don de la paz que nos puede hacer felices en nuestro peregrinar por la tierra, “valle de lágrimas”, hasta alcanzar la paz perfecta y perenne de la felicidad eterna en el cielo, sin desvincularla de nuestras tareas para promover y realizar la verdad con justicia y con amor.

CONCLUSIÓN
Podemos ahora concluir esta homilía proponiendo que la paz cristiana nace y se desarrolla siempre por la obediencia de nuestra fe y fidelidad al plan de Dios, que no desea la muerte ni los odios fratricidas debidos a la ambición, al egoísmo, a la soberbia y ansia de poder y dinero.
Paz que nos lleve a servir a los pobres, consolar a los débiles y llenos de carencias y amarguras, para que reciban de los buenos seguidores de Cristo el don magnífico de su paz en nuestros hogares, en nuestras parroquias, en el mundo de las escuelas y universidades; en los ambientes del trabajo, en la comunión complementaria de ricos y pobres.
Todo esto puede parecer a simple vista una verdadera utopía o mero sueño. Para los que creemos en Cristo, todo es posible positivamente si somos fieles a su voluntad para que surjan los cielos y tierras nuevos de la paz, que brille como un sol de comunión auténtica y duradera.

*Obispo emérito de Zacatecas
 




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