Wednesday 18 de January de 2017

Mil formas para no decir

Ordenando el caos

     20 Dec 2011 04:00:00

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Por alguna razón que desconozco, me solicitan escriba cosas “picositas” –que no picantes, diría de mis textos Armando Fuentes Aguirre Catón-. ¿Cuál motivo los impulsa, señores, a creer que de mi pluma -¡cuál si es pura computadora!- salen cual gotas cantarinas frases de doble sentido y menos serias por ser picaronas?  Háganme el favor de explicármelo porque yo solo hablo de asuntos permitidos por el área más pulcra de mi conciencia.
Como sea: dedicada estoy a cumplir sus deseos. Y como no soy genia pero sí media brujilla, han de ver cuánto me esfuerzo por lograrlo y esta es una prueba fehaciente de ello.  Hablaré, muy a mi pesar, de todas esas vueltas que damos los tímidos para hacer peticiones relativas al acercamiento entre parejas. ¡Miren lo qué me hacen decir y ya tan cerca Navidad!
Todo esto es consecuencia del artículo reciente titulado “Cierta edad”, en donde abordé las numerosas formas de aludir a los entrados en años. Así, esta viene a ser la segunda parte de una serie que se me ocurrió llamar: Mil formas para no decir. Ahí les va.  (Hoy nada más les daré unas cinco o seis).
Tengo aún grabada la voz de mis hermanos mayores en su época de juventud –d.C. claro está-. Si se consideraban bendecidos por Adonis, eran capaces de presumir las insistencias de alguna compañera de secundaria  o preparatorio diciendo: “Me aventó el calcetonazo”.  A veces sustituían la prenda por otra más íntima, pero no puedo mencionarla aquí porque ya empezaron las posadas. Sin dejar de usar el muy conocido “Me aventó los perros”.
Decir “quiere conmigo” nunca fue suficiente para aclarar la intención de alguien hacia otro.  Era necesario preguntar “¿todo?” y la confirmación implicaba una respuesta así: “¡t-o-d-o!”.  Pero cuán maravilloso es el lenguaje y volantina la imaginación, estarán de acuerdo conmigo. Está también ese famoso “le trae ganas”, aunque también requiere precisión, pues puede implicar un hecho de contienda… ¡o un hecho trastienda!
El “ándale” y “bueno ándale” se convirtieron en mi vida en un parteaguas. No, caballeros, no es por eso que imaginan. Sucede que una alumna mía usó la expresión en tal contexto que provocó de mi inspiración una serie de artículos sobre género y comportamiento humano cuya estructuración me ha ocupado por algunos meses.
Y si alguien le informa que alguien “anda tras sus huesos”, pues ya se hizo o se deshizo, según sea la intención de una parte y de la otra porque es bueno saber que todas estos enunciados muy cargados de emocionalidad, deben de tener un emisor y un receptor muy, pero muy dispuesto.
Sea cual fuere la frase, yo sólo les aconsejo tener mucho cuidado con lo dicho pero más con lo callado.

dreyesvaldes@hotmail.com
 




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