Sunday 22 de January de 2017

Mis tres libros preferidos El hábito de la lectura

     23 Jan 2012 03:20:00

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En el texto anterior hablaba del gusto por la lectura y como se adquiere. Recordé a mi padre y su manifiesto hábito de la lectura.
Pero, ¿y a él quien le inculcó ese gusto? Por supuesto sus padres, mi abuelo Ruperto, un comerciante de granos, animales e implementos agrícolas, amaba la lectura y la practicaba diariamente; hombre rudo de campo, que poseía sin embargo una vasta cultura.
Su esposa Raquel, mi abuela, era una maestra normalista que había estudiado en la Escuela Normal de San Luis; Pertenecía a una rancia y acaudalada familia potosina cuya educación fue refinada como pocas: sabía tocar el piano y la mandolina, pintaba al óleo y declamaba a Sor Juana y a Juan Ruíz de Alarcón de memoria. Mujer extraordinaria de fuerte carácter, fuera de época gracias a su amplia cultura se había ganado el respeto del pueblo y una bien ganada reputación de excelente conversadora.
Fue común que nos diera un discurso en las fechas especiales como cumpleaños o Navidad y siempre nos pedía que habláramos, esa costumbre se la heredó a mi padre quien todavía la conserva a sus 86 años.
El agrado por la lectura la heredamos todos, unos más y otros menos, pero todos somos lectores.
Mis hermanos, son hombres cultos que leen de todo, mis hermanas aman los libros al igual que yo.
Recuerdo con enorme cariño mis lecturas infantiles, los libros de historia fueron siempre mis preferidos, aunque los de lecturas escolares con poesías y relatos que hablaban de personas de otros lugares llamaban poderosamente mi atención.
Tenía 15 años cuando leí por primera vez “Aura”, de Carlos Fuentes. Imagínense, para una casi niña de pueblo esa lectura fue toda una revelación.
A los pocos meses enfermé no recuerdo de que y la enfermedad me tuvo postrada por más de una semana y mi refugio fueron los libros. En esa época leí una colección que mi padre recién había comprado; “Veinte mil leguas de viaje submarino” y “La vuelta al mundo en 80 días”, de Julio Verne, y otras lecturas propias para jóvenes (así decía la envoltura).
Más tarde tuve mi época rosa.
Mi hermana Reyna y yo leímos todas las novelas románticas que encontramos, esas que hablaban de apuestos galanes, ricos y poderosos que conquistaban a las hermosas jovencitas.
El amor por los libros me había atrapado desde siempre, placer que solo la comida o los viajes equiparan. Continuará…

*Historiadora de arte

 




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