Sunday 22 de January de 2017

Monreal contra Monreal

     22 Jan 2013 03:30:00

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Saúl Monreal Ávila mira como lo hacen las personas seguras y eso es preocupante cuando las certezas inundan la vida de un político. Diría que es peligroso porque saben qué hacer en los próximos años a pesar de las circunstancias y el contexto. Diría el adagio popular: “voy derecho y no me quito”. Una pendejada, para ser francos.
-¿Y si las cosas cambian diputado? Le disparo a sus pies seguros, para ver si baila al son que le toquen.
-La política es cambiante. El ejercicio va y viene, los contextos te dan el día a día. Una cosa son los valores, los cuales son inalterables, y otra la negociación, el trabajo, el discurso. Un político debe ser capaz de descifrar cada código que lo rodea, por hora.
No atrapa la trampa -valga la cacofonía intencional- ni tampoco cae en el lugar común donde la mayoría de los políticos se despatarran desde su boca ligera, por la falta de ideas, de inteligencia, de oficio, pues. Saúl Monreal sabe, desde ahora, que su mayor enemigo no está en sus adversarios sino en eso que llaman monrealismo, fundado por su hermano Ricardo Monreal Ávila y que tantos dolores de cabeza ha traído y ha llevado en el acontecer de los poderes de la entidad.
Ser un Monreal Ávila en estos tiempos no es asunto fácil. Traen un estigma de engaño que les pesa cada vez más, pero Saúl trata de brillar con ideas propias. Difícil el camino que le toca andar pero esquiva una a una las trampas de las palabras. Queda claro que no sólo la pelea es Monreal contra Monreal, sin el vulgarismo del guante y golpe, sino del monstruo banal de los bien intencionados que se traga a todos por igual, como si el padre y la madre definieran el futuro desde que nacen. Una cosa es Ricardo y otra es él, me deja claro en la conversación.
Hace algunos años Heberto Castillo me dijo que un político que no cambia de discurso está jodido. Entonces me pareció abominable porque observaba la congruencia brillosa y no la valiosa, la elemental que se sustenta en los valores, en los pasos no en los pies. Heberto me había declarado algo, muy contrario al que un día antes defendía. Yo le reclamé muy enojado y eso fue lo que me dijo.
Saúl Monreal lo tiene claro, pero sus días son una prueba cada hora y cada minuto, cada palabra que dice y cada acción en la que se enrola. Mira con seguridad pero me deja claro que hay cosas inalterables, intocables, casi divinas, como es la familia, la ética, la congruencia de los valores y la dignidad. ¿De qué está hecho este joven político zacatecano? Lo sabremos en los próximos meses. Y eso lo pone nervioso durante la conversación.

*Periodista freelance
Director de elhorizontal.com
edgarfeliz@elhorizontal.com




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