Sunday 22 de January de 2017

Morir mañana

     3 Apr 2013 04:00:00

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"¿Qué me dirías hoy si supieras que voy a morir mañana?" Ésta es una de las publicaciones frecuentes que aparecen por las redes sociales y que a muchos no les parece sino una cursilería más de tantas que circulan por ahí. Posiblemente así es cuando asuntos importantes de nuestra existencia no son tratados con suficiente seriedad y delicadeza, y se convierten más bien en una cosa banal, perdida entre tanta superficialidad que viaja de acá para allá.
Vinimos a la existencia por un vínculo, aquel que existía entre quienes nos engendraron, y permanecemos siempre vinculados por lazos tan fuertes que de alguna manera definen lo que somos y hacemos. Los vínculos primordiales son con la madre y el padre, luego los hermanos y demás familiares. Después, por nuestra "naturaleza vinculante" creamos lazos con otros seres vivos, y así, por el amor, nos unimos a otros tan fuertemente como si fueran de nuestra sangre. Incluso podemos crear lazos con seres de otra especie. Cuántas personas hay cuyos vínculos afectivos más importantes son con un animal de compañía a quien dan y de quien reciben el afecto que necesitan para vivir.
Cuando acaece la muerte de alguien con quien hemos creado vínculos o los tenemos por naturaleza, surge una experiencia como aquellas que el filósofo Jaspers denominó "situaciones límite". Para quien sufre la separación de alguien a quien amaba, la propia vida queda cuestionada. Dijo San Agustín cuando sufrió la pérdida de un amigo: "me convertí para mí mismo en una magna quaestio (en un gran problema)".
Hay situaciones en que la muerte puede ser aceptada con un mayor grado de serenidad, por ejemplo, cuando sucede después de una prolongada enfermedad y se nos concede el precioso tiempo de prepararnos para lo inexorable; pero hay otras situaciones en que sobreviene de una forma repentina, incluso a veces violenta e injusta. En este último caso el dolor puede ser casi insoportable, casi imposible de sobrellevar. Surge, primeramente, la incredulidad y la no aceptación ("¿cómo es posible, si apenas hace un rato estábamos aquí, conversando? Hablamos del futuro, de proyectos"); sigue la tristeza, la rabia, la impotencia, y todo un cúmulo de sentimientos inexplicables, incluida una sensación de culpa que duele mucho ("si sólo yo hubiera hecho esto o aquello... Tal vez no hubiera sucedido"). Entonces sí nos lamentamos por no haber tenido la valentía de haber cultivado una mejor relación, por no haber hecho lo suficiente por el otro.
La auténtica religión siempre será un intento de dar luz entre las tinieblas de la muerte. Para el cristiano, la resurrección de Cristo es la certeza de que nuestros vínculos no se disuelven con la muerte, sólo se transforman, y que nuestra vida es más, mucho más, que esto que experimentamos aquí y ahora; que no vale la pena encerrarnos en aquello que nos destruye y destruye a los demás; que el odio, la violencia, la venganza, la ausencia de misericordia y compasión sólo nos conducen a un oscuro callejón sin salida.

*padrefelix98@hotmail.com




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