Monday 23 de January de 2017

Mujeres, pilar del 21% de familias

Los hogares con una jefatura femenina van en aumento: INEGI

     23 Oct 2012 03:20:00

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Foto: Oscar Baez
Foto: Oscar Baez

En Zacatecas el concepto de familia ya no es el mismo que hace 10 años.
En este periodo ha aumentado el número de divorcios 78% al pasar de 805 en el 2000 a mil 438 en el 2010.
En tanto, la cantidad de matrimonios ha disminuido 18.3% al pasar de 12 mil 018 a 9 mil 817 en este mismo periodo.
A la par, muchos hogares viven una nueva realidad donde las madres se han convertido en el elemento central para sacar adelante a las familias.
Según datos del INEGI, de los 372 mil 662 hogares que hay en Zacatecas, el 21% tiene una jefatura femenina.
Lo más destacado de esta información es que es un fenómeno que va en aumento, pues tan sólo del 2000 al 2010 la cifra creció 33.4% al pasar de 59 mil 082 a 78 mil 585 hogares en esta condición.
Asumir las riendas de la familia fue una decisión que algunas mujeres tomaron por necesidad, convicción o porque no tuvieron otra alternativa.
Pese a las dificultades que enfrentan, siempre hay una motivación que las hace seguir adelante: sus hijos e hijas.

27 cirugías, dos hijos y un divorcio  
Bromista y algo alburera, Marissa Jáuregui resume su vida en 27 cirugías en las piernas, dos cesáreas y cuatro muelas.
Sus problemas no comenzaron con el divorcio, sino a los tres años, cuando la atropelló una camioneta que obligó a practicarle un corte medular que la mantuvo sin poder caminar durante muchos años.
Originaria de Nochistlán, salió adelante gracias a la ayuda de su madre, pues su padre se fue a Estados Unidos y abandonó a la familia.
Debido a las continuas operaciones, Marissa se trasladó a la ciudad capital con unos tíos, quienes la cuidaron y trataron como a una hija.
Aunque no pudo asistir de manera regular a la escuela, logró terminar una carrera técnica en computación.
Con los años consiguió caminar con dificultad y “como araña”, pero esto implicó que tomara terapias en el IMSS, donde se inscribió en el equipo de natación.
En 1989 participó en los Juegos Paralímpicos y llegó a ser la campeona nacional de natación, experiencia que repitió en 1990, 1991 y 1992.
En ese tiempo también comenzó a trabajar en el Injudez por la mañana y en el IMSS por la tarde.
Luego se empleó como capturista en el DIF estatal y en una exhibición de personas en silla de ruedas conoció a un entrenador de tenis, originario del Distrito Federal, de quien se hizo novia y con quien se casó cinco meses después.
Al mes de haber contraído matrimonio quedó embarazada y tuvo a su primer hijo.
En esta etapa de su vida había conseguido todo lo que desde niña le habían dicho que jamás podría hacer: caminar, trabajar, casarse y tener hijos.
Con lo que no contaba fue que su pareja la cambiaría por otra.  

Huir de los problemas
Hija de un albañil, Erika Rodríguez decidió casarse a los 14 años con un hombre de 24 años que trabajaban como intendente.  
Su principal motivación fue huir de los problemas y la violencia doméstica, causados por el alcoholismo de su padre.  
Su situación no cambió, su esposo también era alcohólico y al igual que su madre fue objeto de violencia.
A los 15 años tuvo a su primer hijo y se vio en la necesidad de buscar trabajo en las casas para ganar algo de dinero, pues lo que le daba su esposo no le alcanzaba para alimentar al niño.
A los 18 años la emplearon en un hospital en el área de intendencia. Tres años después la contrataron en una empresa de seguridad.
Aguantó a su pareja siete años, hasta que en una ocasión intentó golpear a su hijo y fue cuando decidió dejarlo.
“No, eso sí que no, le aguanté golpes y hambre, pero que le quisiera hacer eso a mi hijo… no”, dice tajante.    
Lo que más la desanimó fue que las personas cercanas a ella la culparan de la separación, así que decidió darse una segunda oportunidad y en la reconciliación quedó embarazada de su segundo hijo, cuando el primero ya tenía 12 años.    
La situación no cambió, de hecho empeoró, pues su pareja la acusó de que el bebé no era suyo y ni siquiera lo quiso reconocer.

Lo mejor para todos
A Lorena Samudio siempre le gustó el comercio, su padre se lo inculcó a ella y a sus hermanos desde pequeños, pues tenía un negocio de abarrotes.
De hecho, acepta que nunca le llamó la atención estudiar, pues con el trabajo que realizaba se sentía contenta.
Desde los 15 años un hombre la pidió en matrimonio, pero ella no aceptó, se sentía demasiado joven.
Fue hasta los 26 años que decidió casarse y formar una familia.
Convencidos de que en Estados Unidos podrían hacer fortuna, Lorena y su esposo se fueron a vivir a Los Ángeles donde estuvieron tres años y dos años en Mexicali.
Las cosas no resultaron como esperaban y decidieron regresar para empezar de cero.
Con la ayuda de los padres de ambos pusieron una papelería.
Lorena tuvo dos hijas y aunque no abunda sobre su matrimonio ni los detalles de su divorcio se limita a decir que fue una decisión de común acuerdo porque era lo mejor para todos.
Asegura que las familias aceptaron la decisión, “ya son otros tiempos”, y ella se quedó con la papelería que le ha servido para sacar adelante a sus hijas, aunque su expareja siempre la apoyado con los gastos.

El reto permanente
Pese a que sus circunstancias han sido diferentes, Marissa, Érika y Lorena coinciden en una cosa: lo difícil que es salir adelante solas, pues además de trabajar deben hacer limpieza, lavar ropa, preparar comida y llevar a los niños a la escuela.  
“A veces como que estoy muy sentimental, no sé qué hacer, son muchos gastos, el ciber, los camiones, me da miedo que llegue diciembre porque mi niño el chico espera su regalo de Navidad y no tengo dinero”, lamenta Érika quien trabaja como mucama en un hotel.
Aunque Marissa se siente contenta con la vida que ha tenido y está maravillada con la inteligencia de su hijo de 16 años y su hija de 6 años, acepta que a veces se pregunta el porqué de su situación.
Lo más frustrante no son los problemas que ha enfrentado como mujer, sino como persona con discapacidad, ya que su primer reto va desde encontrar un estacionamiento hasta cuidar su empleo como jefa de la Oficina de Capacitación del IMSS.
Como dueña de un negocio Lorena sabe que quien trabaja invariablemente sale adelante, pero en su caso esto incluye los fines de semana y días festivos.
Otra cosa en la que coinciden es que todos los ingresos se van en los gastos de sus hijos e hijas.
“A veces ya quisiera que me sobrara algo para unos zapatos”, dice Érika y Marissa se lamenta de lo mismo. Lorena ya ni se queja, sabe que los gastos son un cuento de nunca acabar.
Pese a las circunstancias, el motor de las tres mujeres son sus hijos, de ahí que su mayor esfuerzo diario sea para que tengan estudios. “Ellos son los que le van inyectando a uno ánimos”, resume Érika.

carmeng@imagenzac.com.mx




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