Friday 20 de January de 2017

Nieves Don Mónico, legado de un siglo de tradición

Familia Herrera Almaraz

     22 Jul 2012 03:20:00

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  • Póster a la entrada del negocio, que refleja el Zacatecas de 1919. (CORTESÍA) Póster a la entrada del negocio, que refleja el Zacatecas de 1919. (CORTESÍA)
  • Los Herrera Almaraz conservan esta imagen de cuando su padre vendía chocomilk y revistas en 1925. (CORTESÍA) Los Herrera Almaraz conservan esta imagen de cuando su padre vendía chocomilk y revistas en 1925. (CORTESÍA)
  • Consuelo Almaraz. (CORTESÍA) Consuelo Almaraz. (CORTESÍA)
  • Mónico Herrera Muñoz. (CORTESÍA) Mónico Herrera Muñoz. (CORTESÍA)
  • La receta se sigue tal cual desde hace 102 años. (ANA GARCÍA) La receta se sigue tal cual desde hace 102 años. (ANA GARCÍA)
  • Los hermanos Mónico, Margarita, María Catalina y Miguel Ángel con Ofelio Beiza.(ANA GARCÍA) Los hermanos Mónico, Margarita, María Catalina y Miguel Ángel con Ofelio Beiza.(ANA GARCÍA)
  • La nieve de plátano se vende desde 1910. (ANA GARCÍA) La nieve de plátano se vende desde 1910. (ANA GARCÍA)
Imagen de


La condición fue que María Catalina no alteraría los productos para que fuera fiel la tradición, por eso sigue al pie de la letra la receta de éxito en el negocio Nieves y Raspados de Frutas Naturales Don Mónico.
De esa forma hace 20 años nació la tercera generación de esta noble empresa familiar que inició en 1910 con el puesto del abuelo Melquiades Herrera Alamillo.
La historia es recreada al ingresar al local en la avenida Juárez con un póster enmarcado que invita al visitante a imaginar la vida cotidiana del Zacatecas de 1919.
El puesto se encontraba frente a donde ahora está la Casa Hernández de la capital, en la misma avenida; desde ahí don Melquiades veía pasar el tranvía jalado por mulas todos los días.
Cuando el negocio, llamado El Polo Norte, prosperó, se instaló donde actualmente es Multicosas. Ahí don Melquiades entregó su atención entera a los clientes hasta que murió.
En 1954, dos años antes de esa pérdida, don Mónico Herrera Muñoz comenzó a hacerse cargo del negocio que había aprendido desde pequeño.
A lado de su fiel compañera, Consuelo Almaraz, logró mantener las buenas ventas de las nieves que se preparaban con frutas naturales y esencias de una fábrica alemana que llegaban desde la Ciudad de México.
Por su cercanía a la entonces central de autobuses Chihuahuenses, don Mónico puso un puesto en la esquina del callejón que conduce al actual mercado El Laberinto.
Ahí vendía chocomilk, revistas, cigarros y chicles, pero no dejó los raspados, pues rentó el local que ahora ocupa la tienda de ropa Eleczión, a un costado del Jardín Independencia.
María Catalina recuerda el bien armado mostrador blanco en que su padre colocaba las botellas con los jarabes y quedaba espacio para que los clientes saborearan sus nieves, para luego regresar el vaso de vidrio en que las servían entonces.
“El principal factor por el que sus nieves gustaran era el esmero y dedicación que le tuvo a su trabajo, cuidando siempre todos los detalles que se requieren para su preparación, destacando el amor por su trabajo”, cuenta una de los 10 hijos del matrimonio Herrera Almaraz.
Todos los días, don Mónico se levantaba a las 5 de la mañana a preparar sus jarabes.
Ofrecía raspados de esencias de limón, vainilla y grosella, así como con pulpa de mango, plátano, mamey y fresas frescas a 80 centavos.
El esfuerzo y dedicación del padre responsable se valoraba día a día, pues alrededor de las 7:30 de la mañana iniciaba la venta de chocomilk y concluía a las 10:30 de la noche, cuando salía el último autobús a la Ciudad de México.
A la par, con el apoyo de su familia, atendía el local de nieves, que como aún se acostumbra, cerraba a las 9 de la noche.
Había ocasiones en que doña Consuelo tenía que dejar al bebé que trajera en brazos en un espacio del mostrador mientras atendía.
En 1965 un autobús destruyó por accidente el tabarete de las revistas. Aunque se puso otro frente a la puerta que entonces era de la presidencia municipal y hoy ocupa la Casa de Cultura, el negocio no prosperó.
Luego de un año de bajas ventas don Mónico optó por cerrarlo y dedicarse de lleno a los raspados.
Al igual que su padre lo enseñó, instruyó a sus hijos, de los que sólo cinco siguen con la tradición.

El recuerdo
Los Herrera Almaraz recuerdan con orgullo la entrega de su padre y la simpatía con que siempre trató a los clientes.
Por ello se esforzaban en ayudarlo. Mónico, el segundo de los varones, se escapaba de su trabajo en la Conagua para echarle una mano.
Raspar el hielo, preparar el jarabe, la fruta y lavar los utensilios eran algunas de las labores que cumplían.
Miguel Ángel fue uno de los hijos más apegados a don Mónico, “para donde quiera jalaba conmigo”, dice.
Había ocasiones en que le decía que no quería acompañarlo al puesto para quedarse a jugar, pero el comerciante nunca le creyó, pues sabía que tarde o temprano llegaría.

La tercera generación
Desde que tenía 10 años, María Catalina ayudó a su padre con los negocios.
Una imagen que tiene presente es la larga fila que se formaba en la Genaro Codina para comprar la leche que costaba alrededor de 1.30 pesos.
Se compraban al día 9 o 12 litros de leche para el chocomilk, mientras que en las nieves se requerían de tres a cuatro barras de 70 kilos de hielo.
Su empeño y apoyo hicieron que fuera la directa heredera de la pequeña empresa.
Sin embargo, decidió hacer equipo con sus hermanos Mónico, Miguel Ángel, Margarita y María Patrocinio.
Al morir su padre de una neumonía, los cinco Herrera Almaraz dieron vida a la famosa empresa que lleva su nombre.
Ocuparon un estrecho local en el callejón de Osuna durante 10 años, a donde llegaron celebridades como Pedro Armendáriz, Paulina Rubio y Talina Fernández, quien en sus programas de repente “echaba el comercial” de que todo el que visitara Zacatecas debía probar los raspados Don Mónico.
Entre sus clientes destacan turistas de Francia, Alemania y Sudamérica.
En 1995 tuvieron que desalojar el lugar. Fue una etapa de desesperación, pues consiguieron un local después de tres meses y pasaron poco más de dos años para volver a posicionarse en el gusto de la gente.
Desde entonces siguen en avenida Juárez 301.

Un legado
Los valores inculcados por el matrimonio Herrera Almaraz son otro tesoro heredado.
“Lo que veo es que es una familia muy trabajadora, cumplida”, dice Ofelio Beiza, esposo de María Catalina.
“Ahora estamos viendo en realidad lo que mi papá trabajaba, él hacía todo ”, dice Miguel Ángel.
Y como se les inculcó, han seguido las indicaciones al pie de la letra, por eso descartan comprar nuevos aparatos y prefieren seguir usando los cepillos, charolas, vásculas y el pesajarabes del abuelo Melquiades y don Mónico.




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