Tuesday 17 de January de 2017

Nika y los frikis

CARTAS DESDE EL EXILIO

     1 Aug 2011 04:00:00

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Conocí a Nika en la época dorada del funky. Era fan de “Sly and The Family Stone”. Fea no era, más bien taimada, demasiado introvertida, pero su cabellera afro me volvía loco.
Siempre proclive a la discusión política, detestaba la abulia suya cuando discutíamos sobre temas relevantes. Sobre todo porque poseía una inteligencia cósmica, era capaz de comprender todo lo que tocaba con su inquietante pensamiento, pero los asuntos políticos le provocaban un repelús inexplicable para mí en aquella época de estridente insurgencia civil. Si, por ejemplo, llegaba a pedirle su opinión sobre la lucha de los objetores de conciencia para evitar enrolarse al ejército, levantaba los hombros con fastidio.
Así que la timidez de Nika, aunada a la falta de compromiso social, la llevaron a la periferia. Salía con ella, acaso por la inveterada atracción que sentía por los personajes malditos, los frikis y las personas insólitas. Poco a poco sentí cómo Nika se acercaba peligrosamente a mí y aquello me incomodaba. No era acoso, pero la forma en que me miraba y sonreía delataba que sus hormonas habían establecido un objetivo claro.
Pronto descubrí con azoro que tenía una doble vida y, cuando menos, una quíntuple personalidad. Un caluroso día de verano decidió dejarme conocerla realmente. Por la noche me invitó a un bar, parecía un tugurio de mala muerte, pero el interior era totalmente alucinante e indescriptible, incluso pensé que Nika me había puesto un ácido porque el personal y el decorado del lugar parecían salidos de la película Tommy.
Me presentó a varios amigos suyos: poetas del verbo inaudible, músicos experimentales, pintores de la concreción abstracta, bailarines del cuerpo mutilado; hasta con un mariachi surrealista que rockanroleaba al Son de la Negra, me topé. Me dejó charlando con un artista gay, Klaus, prodigio endemoniado que dominaba todas las disciplinas con humildad divina. Pero la gran sorpresa de la noche estaba por llegar.
De pronto las luces se apagaron y la voz magnética de una mujer atravesó la oscuridad: “come la luce delle lucciole, cosi è la tua anima”. Un quinteto comenzó a desplegar velozmente las cadencias sincopadas de una pieza funky, con voz ronca la mujer entonaba una melodía brutal que sólo interrumpía para vomitar del saxo fraseos bitonales. Bacante portentosa y sensual, al mirarla fijamente quedé perplejo. Esa carita sajona rodeada por una melena afro era inconfundible: ¡Nika! Me vio a los ojos y terminó la canción con una línea contundente, que ahora traduzco del inglés: “Sólo los poetas pueden llenar de gozo las oquedades de las vísceras”. Reí, aplaudí y quedé jubilosamente pasmado.

*Miembro del SNI




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