Thursday 19 de January de 2017

Nuestro delito… no sabernos controlar

Historia de vida

     26 Feb 2012 03:40:00

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La violencia intrafamiliar por lo general nos remonta a una mujer golpeada, temerosa e indefensa y a unos niños llorando y con moretones.
Sin embargo, la violencia intrafamiliar también tiene que ver con lesiones que no se notan, ya que quedan inscritas en las emociones y sobre todo en la memoria mediante el recuerdo.
Esas lesiones son provocadas por constantes problemas, discusiones, ofensas y sobre todo la falta de respeto entre los miembros de un hogar. Quizá eso sea el común denominador en muchas familias.
Lo anterior conlleva situaciones de desintegración familiar por medio de divorcios y separaciones que en la mayoría de las ocasiones no dan fin a la situación familiar conflictiva.
Y a pesar de estar tipificado como delito, gran parte de estos casos no son denunciados por múltiples factores.
Esta es la historia de una familia donde la violencia psicológica y emocional reinante en su ambiente orilló a los hijos a tomar drásticas decisiones que pudieron culminar en una lamentable tragedia.

Así empezó todo
“Decidimos juntarnos y un día me fui con él; me llevó a la casa de sus papás, mientras veíamos la manera de hacernos de una casita.
“Ya iba embarazada y teníamos la ilusión de nuestro hijo. La familia nos presionaba para que nos casáramos.
“Lo hicimos cuando nació nuestro hijo y ese mismo día bautizamos.
“Desde el inicio empezamos a tener muchos problemas porque sus papás se metían en nuestros problemas y casi siempre ellos decidían por nosotros.
“Mi esposo se dejaba llevar por las órdenes de sus papás y siempre justificaba que porque vivíamos bajo su techo. De esto ya hace varios años.
“Tuvimos suerte de que nos dieran casa en el Infonavit y nos mudamos como al año y medio de vivir en casa de sus papás.
“Yo creí que al ya no estar con ellos, nosotros ya podríamos tener independencia y tomar nuestras decisiones. Me equivoqué.
“Todo lo que pensábamos hacer, mi esposo se lo consultaba a sus papás y aunque ya hubiéramos tomado una decisión, la cambiaba sin decirme y hacía lo que sus papás decían.
“A partir de esto, yo sentí que la relación se quebrantó y comenzamos a tener constantes discusiones.
“En un inicio sólo eran pleitos simples, pero la que cedía era siempre yo. Poco a poco las cosas se fueron intensificando.
“Me acuerdo la primera vez que me ofendió. Me dijo que era una cualquiera porque me había ido con él sin estar casada y que por eso él me hacía un favor de estar conmigo y de haberme registrado a mis hijos”.

Conflictos familiares
“De ahí las cosas cambiaron mucho. Ese día yo no me dejé y le dije muchas cosas muy hirientes.
“Le dije que no tenía pantalones porque no podía decidir solo entre otras cosas que hasta me da vergüenza decir.
“Su reacción fue ir a llorarles a sus papás y ellos a su vez fueron a la casa a reclamarme.
“Los problemas se fueron intensificando porque yo les dije a sus papás que no tenían que meterse, que eran problemas de su hijo y míos, pero ellos me dijeron que mientras tuvieran vida darían la cara por él”.

Testigos
“Mis hijos se daban cuenta de todo. Ellos calladitos siempre, pero la mayoría de las veces estaban ahí escuchando todo.
“Mi hija la mayor se ponía a llorar y se iba a su cuarto y los otros tres conforme fueron creciendo adoptaban las mismas conductas y se peleaban entre ellos con las mismas palabras que lo hacíamos nosotros.
“Por supuesto que los regaños no se hacían esperar y de igual manera con gritos e insultos tratábamos de remediar la situación con los niños, usábamos palabras ofensivas hacia ellos que ahora me arrepiento.
“Les llegaba a decir groserías insultándolos y ellos al principio no me contestaban.
“Poco a poco fueron volviéndose en contra de nosotros”.

Golpes
“Las cosas cada vez eran más graves. Ninguno de los dos podíamos ceder, simplemente no nos podíamos comunicar. Por nada peleábamos.
“Yo le hablaba para tratar de remediar o llegar a un acuerdo y él se cerraba y me decía que me fuera a la fregada, eso me hacía enojar y yo le gritaba y lo insultaba; él también lo hacía.
“Ese día mi hijo de 10 años se metió para calmarnos. Me acuerdo que estaba llorando mi hijo y nos dijo ‘ya dejen de pelearse así’.
“Y nos comenzó a gritar que éramos malos, que no nos importaban ni él ni sus hermanos. Que ya estaba harto y que nos iba a mandar a la… nos dijo una palabra muy fea.
“Mi esposo se le fue encima y le pegó”.

Todo empeoró
“De ahí en adelante los pleitos eran todos los días, parecía un campo de batalla la casa.
“Todos nos ofendíamos, nos gritábamos cosas terribles. Hubo groserías, azotones de las puertas, pero lo más grave es que todos nos habíamos perdido el respeto.
“Con mis hijos se rompió la comunicación casi por completo porque con el solo hecho de hablarles para que se fueran a la escuela, yo lo hacía a gritos y ellos me respondían igual.
“Ya no se querían levantar a la escuela. Mi hija mayor dejó de estudiar.
“Siempre estaba triste y se comenzó a refugiar con lo que ella le decía ‘tribu’, se empezó a vestir de negro y adelgazó mucho. Todo el día estaba triste”.

Casi tragedia
“Las cosas se salieron totalmente de control. Estábamos tan ofuscados todos los días que no nos dimos cuenta de que mi hija comenzó a tomar pastillas para adelgazar.
“Se las conseguía una ‘amiga’. Un día que se salió con su ‘tribu’ mi esposo la vio en la calle y la subió al coche. Mi hija estaba muy enojada.
“Mi esposo nunca se había percatado de que su hija se pintaba de negro los ojos, los labios y las uñas. Ella sólo tiene 14 años.
“La regañó tanto, delante de todos nosotros la ofendió, le dijo que parecía Morticia.
“Ella le respondió que lo que quería era estar muerta. Que ya no podía más con tanto dolor de saber que su familia no la escuchaba y ni siquiera nos dábamos cuenta de que estaba ahí. Se encerró en su cuarto.
“Al día siguiente mi hija no me respondía. Estaba encerrada y no me abría.
“Le dije a mi esposo y fue a hablarle. Igual no respondió. Mi esposo empezó a tocar la puerta cada vez más fuerte hasta llegar a las patadas.
“Tuvimos que abrir la puerta con un cuchillo. Mi hija estaba en la cama completamente pálida y parecía como desmayada.
“La sacudí y la sentí suelta y muy fría. Pensé lo peor. Le dije a mi esposo que le llamara a la ambulancia.
“Mis otros hijos estaban viendo en la puerta y lloraban.
“Mi hijo el de 10 años nos dijo: ‘Ustedes la mataron’. Ella se quería suicidar. Y el niño se salió de la casa”.

Familia fracturada
“Mi esposo salió a buscar al niño. No sabíamos en dónde se escondió, pero no lo encontrábamos.
“Él se quedó a buscarlo y yo me fui con la niña al hospital.
“A mi hija le lograron salvar la vida. Se tomó 56 pastillas, pero le pudieron hacer un lavado gástrico.
“El médico dijo que su corazón podría tener consecuencias porque ese tipo de medicamentos alteran la presión.
“Nos dijo que mi hija también tiene un daño emocional severo y que era muy necesario llevarla a atención especializada.
“Mi hijo se fue a la casa de una vecina y ella le llamó a la policía. Fue muy duro para nosotros darnos cuenta de todo el daño que estábamos haciendo a la familia.
“El Ministerio Público fue al hospital y se inició una investigación. Nos hicieron ir al Caviz (Centro de Atención a la Violencia Familiar en Zacatecas). Pero ninguno de los dos se atrevió a hablar de lo que pasaba.
“Tomamos la decisión de divorciarnos, pensamos que era lo mejor.
“No tuvimos capacidad de buscar ayuda de pareja y creo que nos salimos por la fácil.
“Los niños están conmigo. Todos los insultos han desaparecido. Comenzamos a ir a terapia mis hijos y yo y todo ha mejorado.
“Mi exesposo nunca quiso aceptar que necesita ayuda. Se juntó con otra mujer y casi no sabemos de él. Mi hija cada día está mejor.
“Estuvimos tan mal y causamos tanto daño a nuestra familia. Les pido perdón a mis hijos”.

*Perito en Psicología Forense
azul.iv@hotmail.com




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