Saturday 21 de January de 2017

Nuevo templo para un culto nuevo

El Día del Señor

     11 Mar 2012 03:40:00

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Jesús corre a los mercaderes del templo.
Jesús corre a los mercaderes del templo.

INTRODUCCIÓN
Los domingos del tiempo cuaresmal, nos hacen avanzar hacia la celebración solemne de la Pascua de Resurrección. Este domingo es el tercero y en él encontramos diversos aspectos doctrinales que iluminan y refuerzan nuestra fe, alientan nuestra esperanza y encienden con mayor ardor nuestra caridad para con Dios y para con nuestros hermanos.
Las lecturas bíblicas de nuestra celebración eucarística nos transmiten y recuerdan: En cuanto a la primera lectura tomada del libro del  Éxodo, los mandamientos de la ley divina que Moisés de parte de Dios recibió en el monte Sinaí, estos mandamientos revelan a los hombres la voluntad salvadora de Dios y se dirigen a todas las generaciones, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.
En la segunda lectura, San Pablo, en la primera carta a los Corintios, nos habla de la sabiduría divina en orden a la salvación y que consiste en cargar la cruz del Señor y obtener sus frutos, logrando de esta manera la identificación con Cristo liberador y redentor.
Y la tercera lectura tomada del evangelio de San Juan, se nos revela la exigencia de un nuevo culto “en espíritu y en verdad”, en contra de un culto envilecido por intereses humanos de comercio y lucro.
Reflexionemos, pues, en la Palabra de Dios que en este domingo se nos ofrece y saquemos aplicaciones prácticas que purifiquen y renueven nuestras vidas transformadas por la Pascua de Jesús y hacia la cual nos dirigimos con el tiempo de la Cuaresma que estamos viviendo en estos días.
 
NUEVO TEMPLO PARA UN CULTO NUEVO
En el evangelio encontramos a Jesús expulsando del templo o sinagoga de Jerusalén a los comerciantes de bueyes, ovejas y palomas que los peregrinos compraban para realizar sus ofrendas y sacrificios a Dios en el templo, consagrado únicamente para Él.
Hizo lo mismo con los cambistas de monedas. Su acción fue violenta porque estaba lleno de “el celo de tu casa me devora” (ps. 68).Con esto, severamente, daba a entender que la casa de su Padre era casa de oración y que no debía profanarse con acciones que no tenían nada qué ver con la gloria, santidad y respeto que el templo requería.
Cuando los judíos, sorprendidos por el comportamiento de Jesús, le preguntaron en razón de qué autoridad procedía así, El les contestó: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré. Replicaron los judíos: Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días? Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron sus discípulos que había dicho aquello y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho”.
Jesús es entonces el nuevo templo para un culto nuevo, donde se conjuntan los mandamientos de la ley divina, que se resumen en el amor a Dios y a los hermanos, significando así, que hacer la voluntad del Padre, iluminados y movidos por el Espíritu Santo, es la oblación pura que con Cristo los cristianos ofrecemos a Dios en la plenitud de los tiempos mesiánicos.
La oblación holocausto que nuestro Redentor ofreció de una vez y para siempre sobre el ara de la Cruz, debe marcar y dar sentido de adoración a las ofrendas de todos los cristianos, de todos los tiempos, generaciones, culturas y latitudes.
Con Cristo, por él, con él y en él, Dios acepta los dolores, pruebas, desafíos y luchas como suave ofrenda con el olor de las buenas obras, realizando el  genuino culto que ofrecen los hombres y que Dios acepta como culto en espíritu y en verdad.
Y  la oración de adoración, acción de gracias, impetración, se eleva hasta la presencia del Dios altísimo unidos a Cristo, quien recapitula todo el culto que la humanidad pueda ofrecer a la divinidad.

UNIDOS A JESUCRISTO HAGAMOS QUE NUESTRO CULTO SE TRADUZCA EN NUESTRAS VIDAS EN  TESTIMONIO CREÍBLE, PARA LA GLORIA DE DIOS UNO Y SALVACIÓN DE TODOS LOS HOMBRES
Podemos ahora concluir esta homilía, afirmando que la auténtica religión y adoración en espíritu y verdad, el culto verdadero y completo: Es la vida, ofrecida al Padre eterno con la guía del Espíritu Santo, viviendo con fidelidad plena la voluntad de Dios  y en comunión y participación con todos los hermanos. Es promover en la medida de nuestras posibilidades y recursos, la justicia, el servicio, el amor para todos aquellos que necesitan de manera especial consuelo, solidaridad en las enfermedades y sufrimientos.
Pero sobre todo es también participar de una vida que integre seguridad social, bienes para muchos con el gozo de saber compartir lo mucho o poco que tengamos con quienes  lo necesiten.
Este debe ser nuestro culto auténtico que sea expresión de la plenitud de la ley que con Cristo, consiste en amar a Dios por encima de todas las cosas y a nuestros prójimos como a nosotros mismos.

*Obispo Emérito de Zacatecas




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