Monday 16 de January de 2017

Objetos desechables

     16 Dec 2011 03:30:00

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Con motivo de una exposición de clase, una alumna de doctorado nos envió unas lecturas relacionadas con el consumismo en la actualidad e incluyó el divertido texto “Me caí del mundo y no sé por dónde se entra” del escritor uruguayo Eduardo Galeano.
El autor realiza en él una reflexión sobre los artículos “desechables”, a partir de la manera en que mucha gente cambia de forma constante sus objetos por lo “más avanzado” en el mercado.
Tras considerar irónicamente que acaso resulte beneficioso cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de las computadoras todas las navidades, Galeano reconoce su incapacidad de asumir esa manía, dado que forma parte de una generación en la que todo se guardaba o se reciclaba.
Confiesa: ¡guardo los platos desechables! ¡Guardo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
Ciertamente, antaño las cosas tenían una vida más larga. No hace muchas décadas, los niños jugaban con la tapas de los refrescos y en la escuela se usaba la mitad de las navajas de afeitar para sacarle punta a los lápices.
Las mamás guardaban todo aquello que pudiese servir en el futuro: periódicos, cordones, cajas de zapatos, estuches de regalos, botellas de vidrio para las conservas.
En mi casa, por ejemplo, las esferas y los adornos del pinito de Navidad fueron los mismos durante muchas navidades; creo recordarlos desde que yo tengo memoria y estaban entre las cosas de mamá al morir ella.
Cada diciembre los sacábamos de una caja que estaba guardada en la parte alta del clóset. Allí permanecían durante todo el año envueltos en papel periódico para que no se quebraran. Lo mismo hacíamos con las figuras del nacimiento que mis padres adquirieron al casarse.
Esos objetos están ligados a la memoria. Mis padres, que no poseían riqueza alguna, a los hijos nos dejaron algunas cosas que siempre formaron parte de nuestro hogar: una cámara fotográfica antigua, una lámpara que papá hizo con una pata de piano, una campana que era una reliquia de principios de siglo, una máquina de coser Singer con pedales y, claro, los adornos de navidad y las figuras del pesebre.
No sé si los jóvenes de ahora valorarían estas cosas, mas para nosotros constituyen preciados objetos que no cambiaríamos por una cámara fotográfica digital o una pantalla plana.
En fin, el texto de Galeano me ha traído recuerdos de infancia y ha funcionado como una llamada de atención para evitar el consumismo rampante en estas fiestas navideñas. Felices vacaciones.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores
 




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