Friday 20 de January de 2017

Ocurrencias burocráticas

CARTAS DESDE EL EXILIO

     23 Jan 2012 03:30:00

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Cuando un funcionario recurre al método de la prohibición para enfrentar un acto social que puede ser controlado mediante la aplicación de políticas no represivas, su carrera en la administración pública debiese llegar a su fin. Me parece que esto tendría que ocurrir con el doctor Carlos Tena Tamayo, Comisionado Nacional contra las Adicciones.
Hace unos días, ha declarado en los medios que presentará una iniciativa jurídica para que no puedan venderse bebidas alcohólicas a los jóvenes menores de 21 años, derogando así la disposición vigente que permite hacerlo a quienes tienen 18 años. La corrección política obligaría a aplaudir la medida del comisionado, sobre todo por el incremento significativo del consumo y los efectos perniciosos que este salto conlleva para la felicidad juvenil y familiar.
Pero esa corrección representa en realidad una doble moral que incluso ha tocado los aguerridos corazones de los espíritus “progres”. Recordemos, por ejemplo, la risible moralización cardenista que trató a los ciudadanos michoacanos como ciudadanos incapaces de controlarse por sí mismos y, aduciendo razones de Estado, les recetó una ley seca draconiana durante los fines de semana por años.
La sempiterna vena autoritaria del sistema político sigue palpitando en el alma de nuestra anoréxica democracia. Mas es difícil entender una acción semejante cuando el gesto prohibicionista viene investido con el manto sagrado del cientificismo que el señor Comisionado pregona.
Aquí las cosas se tuercen y son inexplicables por más que uno aplique los preceptos de la lógica racional. El doctor Tena Tamayo nos dice que el nivel del consumo de bebidas embriagantes es imparable. Esto implica que por lo menos ha realizado un mal diagnóstico del problema durante su gestión y una peor explicación científica de éste, de ahí que pudiésemos inferir que las políticas públicas que puso en marcha para atacar este nocivo mal sirvieron para bonita la cosa. Luego, entonces, si el alcoholismo está desbordado, para detenerlo, según el Comisionado, no es necesario vedar la producción de bebidas espirituosas, como sí ocurre con las otras drogas, basta prohibirles el consumo a los chavales. ¡Genial!
Hasta allí los fracasos del señor comisionado pueden ser perdonados por las buenas conciencias, dispuestas a generar acciones de dominio amparadas en la protección del sagrado “bios” colectivo. Sólo que este buen hombre no ha considerado que en nuestro país existe un mal endémico mayor: la corrupción. Este factor no considerado creará un mercado ilegal de bebidas en cuanto la genial disposición de Tena Tamayo entre en vigor. Pero lo peor no es esto, sino el hecho de que la corrupción corromperá a miles de jóvenes, les enseñará a tomar atajos ilegales. Eso es imperdonable.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores




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