Monday 16 de January de 2017

Olores y sabores de mi feria

     25 Aug 2012 04:00:00

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Desde pequeño siempre he tenido la costumbre de oler particularmente a objetos y personas que me rodean. Era muy simpático el que mi familia pusiera algo nuevo o que no conociera a mi alcance y, por supuesto, la primera reacción instintiva que tenía, dicen ellos, era oler dicho objeto.
Pasaba por ese proceso prácticamente todo, desde algo de metal, juguetes, lugares y por supuesto la comida misma. Cuando llegaba del colegio, siempre sabía qué estaba haciéndonos mi madre para comer solo por el registro de olores guardados en mis sentidos. Por otro lado, les comento también, el aroma de personas como mis abuelos, sus casas y parientes que ya no están con nosotros siguen estando presentes en mi memoria como si el día de ayer hubiera tenido contacto con ellos.
Para entrar de lleno en el tema de hoy y, sufriendo o gozando los estragos de la desvelada, les narraré brevemente lo percibido por mi olfato en la gran mayoría de las ferias de Fresnillo y, por qué no, lo disfrutado por mi paladar en mi asistencia a dichas fiestas en gran parte de mi vida.
El recorrido comenzó aproximadamente a las 8:30 de la noche. Llegamos al estacionamiento de la feria y nos trasladamos a la zona comercial porque una de mis primas quería comprar unos detalles para sus hijos. El poder llegar a esta zona fue una aventura. Entra uno a las instalaciones por la zona del teatro del pueblo, teniéndolo que atravesar en su totalidad debido a que la salida está justo del otro lado y lo desemboca a uno en el pasillo de los bares.
Nuestro primer contacto sensorial lo tuvimos al pasar por un conocido bar; la víctima fue un conejo, bebida hecha a base de brandy, ron, rompope, el secreto de la casa y agua mineral, tocada finalmente por una cereza y canela. Indescriptible la delicia y sensación que da con su olor y sabor al estar presente en el paladar.
Unos pasos más adelante nos encontramos en la riada de gente que transitaba por donde nosotros. Unos venían, otros regresaban; eso sí, cada persona disfrutaba de la fiesta a su modo y con una bebida o alimento diferente. Me es muy grato comentar que las familias abundan en estos recorridos con todos sus integrantes, desde niños de brazos hasta los abuelos, lo que hace de la feria una fiesta familiar.
Casi al final del corredor, el olor a los asadores de carne de La Cucha, prestos a servir una deliciosa encabronada (quesadilla con carne y salsa muy famosa en la ciudad) o la porción típica de carne asada, hacía una mezcla interesante de aromas. A unos metros de allí, se encuentra la sucursal de la famosa Birriería Pifas, que también deleita los sentidos de sus comensales. Cabe mencionar que ambos establecimientos, tienen la responsabilidad de un legado de generaciones en la gastronomía fresnillense.
A la vuelta del pasillo y casi a la entrada del pasaje comercial están las famosísimas gorditas de Atotonilco y las quesadillas de cuitlacoche y flor de calabaza servidas en tortilla de muchos colores, típicas de la muy conocida zona metropolitana. Ya para esas alturas mi olfato estaba extasiado  y casi saturado de aromas. Lo que sí puedo decir que extrañé fue el olor a las tortas de chorizo de antaño. No muy agradable para los sentidos, pero muy famosas en las fiestas locales.
El salto dentro de la zona comercial presentó un giro de 180 grados. Pasamos de lo salado a lo dulce, ya que dentro de aquí sólo están unas crepas que embriagan con aroma a chocolate.
Después de un agradable recorrido entre las vendimias de nuestros visitantes, entramos nuevamente al teatro del pueblo y nos dirigimos al Merendero de Beto, lugar que goza de una excelente ubicación para disfrutar del espectáculo.
Disfrutando ya del artista en turno, el olor a los chiles en la lumbre hacía su conocido efecto en la garganta, pero al mismo tiempo  despertaba un insaciable apetito mezclado con los aromas del lechón, cabrito y carne que estaban esperando a ser degustados por los presentes en ese lugar.
Después de algunos suculentos taquitos acompañados de deliciosas salsas, salimos a cerrar con broche de oro la noche. Ya en el famosísimo Montoro terminábamos la juerga disfrutando de un excelente ambiente, unos deliciosos tragos y por supuesto, lo mejor, la compañía de amigos y primos que hicieron de esa noche algo increíble.
Para terminar, no me queda más que recomendar una visita a nuestra Feria Nacional de Fresnillo, donde seguro encontrarán diversión para todas las edades y, en familia, podrán degustar exquisitos platillos locales, regionales y nacionales, aparte de que con medida podrán disfrutar de deliciosas bebidas que alimentarán su espíritu y relajarán la conciencia. Sin más por comentar, me despido de ustedes diciéndoles, como siempre, hasta la próxima.

*Presidente de la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles de Zacatecas (Amhmzac)
rmunozc1970@hotmail.com
 




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