Sunday 22 de January de 2017

¿Patrimonio cultural inmaterial?

     14 Sep 2011 04:00:00

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Mientras de las Siete Maravillas -monumentales- del mundo antiguo sólo queda una en pie: las Pirámides de Giza en Egipto, algunas tradiciones culinarias y celebraciones paganas o religiosas milenarias sobreviven y son manifestaciones culturales del ayer que han reclamado un espacio en la modernidad en la medida en la que vivifican un compendio de sabores, sonidos, aromas, ritmos, colores y palabras entrañables. Cada vez que se verifican esos rituales y las ceremonias que los conforman se afirma su vocación de alcanzar con su magia civilizatoria a los moradores del mañana.

La UNESCO de manera progresiva declara sitios naturales, arqueológicos y/o arquitectónicos con el rango de patrimonio universal de la humanidad y a la vez, de un tiempo a la fecha, ha venido proclamando un elenco de expresiones humanas a las que denomina patrimonio cultural inmaterial. Tan importantes unas como otras y es un deber cívico de la humanidad respetar los bienes culturales tangibles (estáticos) como los intangibles (dinámicos).  
 El patrimonio cultural intangible lo integran tradiciones o expresiones vivas heredadas de nuestros antepasados y transmitidas a nuestros descendientes como tradiciones orales (lenguas y dialectos), las artes del espectáculo (danzas y bailes),usos sociales, rituales, actos festivos,conocimientos y prácticas relativos a la naturaleza (como la cetrería) y saberes y técnicas vinculados a la artesanía tradicional.
 Ramón López Velarde en “La Suave Patria” alude un sinfín de elementos de ese patrimonio cultural inmaterial que envuelve lo nacional: la conexión estética de la mexicanidad gozosa, y por qué no decir también sabrosa, cito unos:
 “(…) Cuando nacemos nos regalas notas, después un paraíso de compotas y luego te regalas toda entera Suave Patria a lacena y pajarera(…)” y entre otros:
 “Suave Patria(…) en tu tórrido festín luces policromías de delfín y con tu pelo rubio se desposa el alma, equilibrista chuparrosa, y a tus dos trenzas de tabaco, sabe ofrendar aguamiel toda mi briosa raza de bailadores de jarabe (…).
El neologismo“folklore” asimilado a nuestra idiosincracia es la versión más comercial del patrimonio cultural inmaterial de cada nación.
El patrimonio inmaterial es más rico y extenso, el folklore es un extracto de expresiones singulares llamativas y atractivas que se han vuelto una referencia de lo nacional explotable con finalidades turísticas como ocurre con el sombrero de charro, el rebozo de bolita y el sarape: signos representativos de la enorme gama de prendas que sintetizan la identidad nacional. El tequila y el mezcal son en la actualidad las bebidas nacionales por excelencia, pero desde el rigor histórico el pulque es más completo por su raíz prehispánica y las leyendas que le dan la connotación de “la bebida de los Dioses”, a diferencia del tequila y del mezcal, el pulque no ha conseguido una convertibilidad comercial similar y eso lo hace más vulnerable, lo convierte en una bebida de consumo restringido y en esa medida en peligro de extinción.    
Y lo anterior viene a cuento porque el Conaculta ha informado que por primera vez el sistema alimentario de un país accede a rango de Patrimonio Cultural de la Humanidad.
En un hecho sin precedentes, el Comité Intergubernamental para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, durante su quinta reunión ordinaria en Naerobi, Kenia, del 15 al 19 de noviembre de 2010, inscribió a la Cocina Tradicional de México en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Y en Zactecas a lo visto la Junta de Monumentos y Zonas Típicas, incapaz de defender con valor y decisión -ante amenazas evidentes- los bienes monumentales que le ha confiado la ley, menos tendría porqué parecer sensible ya no se diga enterada del valor paralelo del patrimonio cultural imaterial que engloba la "zacatecaneidad": su discreta gastronomía y sus tradiciones como la Morisma de Bracho o la festividad de los tastoanes de Apozol, la quema de judas de Jeréz, etcétera.
Con frecuencia escuchamos que las franquicias de comida rápida (signo de la globalización) intentan desterrar a los platos típicos; también han surgido franquicias de comida mexicana en el extranjero y en México que en realidad es sucedánea: comida elaborada con ingredientes distintos y con procesos industriales que jamás logran el sazón que sólo dan los secretos ancestrales de cada región de la que es nativa.
El asunto no es menor y merece una reflexión permanente, la modernidad está sustituyendo de manera constante procesos artesanales con los que se hacían alimentos que consideramos entrañables y representativos, la nieve de garrafa, por ejemplo que está en riesgo de desaparecer. “La Patria radica en los aromas y los sabores de la infancia”

*Fjacuqa@hotmail.com  y en twitter  @f_javier _acuna




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