Tuesday 24 de January de 2017

Pentecostés: la presencia y la acción del Espíritu Santo en la iglesia y para el mundo

El Día del Señor

     27 May 2012 03:40:00

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Bautismo de Jesús.
Bautismo de Jesús.

INTRODUCCIÓN
Hoy celebramos la Solemnidad de Pentecostés, en la cual creemos que Dios Padre e Hijo, han enviado al mundo el Espíritu Santo, para completar la obra de Cristo en orden a salvar a los hombres y al universo, de todo mal e instaurar la permanencia de la Iglesia, como sacramento de gracia y salvación.
Hoy se cumplen cincuenta días del tiempo pascual desde que Cristo resucitó de entre los muertos, cumpliendo su promesa de enviar al Espíritu Santo que recordaría a sus discípulos y apóstoles todo lo que él les había enseñado y para que con la presencia y acción de este Espíritu, se cumpliese la misión de predicar el evangelio a todos los hombres hasta que el Salvador retorne al final de los tiempos cuando Dios sea en todas las cosas  como Rey universal al cual la humanidad y el cosmos le estén sometidos y brille para siempre la luz y el gozo de los redimidos, en el cielo. Con esta Solemnidad dedicada al Espíritu Santo, culmina y se cierra el tiempo pascual.
 
EL SER Y LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO
Nuestra fe nos enseña por revelación divina, que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Que el ser divino es Amor que el Padre tiene a su Hijo y de éste al Padre. De este Amor brota el Espíritu Santo como una llama que une desde siempre y para siempre a estas tres divinas Personas. El Espíritu Santo es la tercera Persona de la Santa Trinidad y a él se le atribuye la santificación que opera en todos y cada uno de los hombres como hijos adoptivos del Padre eterno y hermanos de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre. Este Espíritu reparte sus dones, carismas y frutos que dan vida sobrenatural y perfección de los miembros de la Iglesia, como prolongación y acción de Cristo en el mundo y en el desarrollo de la historia de la salvación.
La Iglesia de Cristo siempre ha considerado al Espíritu Santo como “su Alma” que vivifica y eleva a los hombres hacia la trascendencia de Dios altísimo que quiere que todos los hombres se salven y lleguen a la posesión plena de la verdad, rechazando las obras muertas del pecado y luchando por obtener la libertad espiritual de los hijos de Dios, venciendo las insidias y el poder del Maligno quien induce constantemente a los hombres para que se revelen contra Dios y contra sí mismos, cayendo en la corrupción y en la vida miserable del pecado y de la muerte temporal y eterna.
Actualmente en un mundo secularista que ha perdido la fe en Dios y que establece y desarrolla la vida humana sin Dios, reduciéndola a la pura temporalidad horizontal de la existencia sin visos del verdadero amor que unifique y haga que los hombres construyan con la presencia y acción del Espíritu Santo, la comunión en la cual se respeten la dignidad de las personas; su desarrollo con el impulso de la verdad, el bien y todo lo que debe unir a la humanidad más allá de los intereses de un mundo cerrado en sí mismo, creyendo que la ciencia, su técnica  y sus productos al servicio de una vida más cómoda y placentera, dan definitivamente la felicidad. Más allá de estos anhelos insuficientes, está  el verdadero modo de existir bajo la luz y la voluntad divinas. El Espíritu Santo abre los horizontes de nuestro ser y permanencia en esta tierra que nos ve nacer, crecer , multiplicarnos y consumar la misión en orden a la justicia, la fraternidad y la participación del único Amor que Dios nos ofrece, precisamente con la presencia y acción del Espíritu Santo, sin el cual ni siquiera podemos invocar a Dios diciéndole. ¡Abba! ¡Padre!.
 
SER DÓCILES A LA GUÍA INTERNA Y EXTERNA DEL ESPÍRITU SANTO
El Espíritu Santo reparte sus dones y gracias, de acuerdo a su divino querer y según la capacidad de respuesta de cada hombre redimido por Dios. Sus inspiraciones buenas de acuerdo al designio de Dios, hacen que las almas se transformen con su guía interior y exterior, para que reinen: la paz, la concordia, la justicia con amor, la generosidad para predicar y testimoniar con valentía a Cristo y su evangelio. El Espíritu Santo da la fortaleza para que sus discípulos sean fieles a la voluntad de Dios durante toda la vida y hasta la muerte, como la historia de las vírgenes, confesores y mártires lo demuestra. Ser fuertes en el testimonio de Jesús es obra de este Espíritu y de él brota la felicidad y el gozo de la auténtica y verdadera religión.
La docilidad al Espíritu Santo, hace cumplir los diferentes dones, los diferentes servicios y diferentes actividades para el desarrollo y perfección del cuerpo de la Iglesia, según la medida de Cristo por el Amor.
 
El Espíritu Santo es el Paracléto. El que está y va siempre a nuestro lado:
Para consolarnos en nuestras tristezas.
Para aconsejarnos en nuestras dudas e inquietudes.
Para animarnos en nuestros desalientos.
Para darnos fuerzas en nuestras luchas por el bien, la verdad, la justicia y la verdadera fraternidad
Para enseñarnos a amar a Dios y a nuestros hermanos.
 
ORACIÓN CONCLUSIVA
“¡Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados y renovarás la faz de la tierra...Oh Dios, que has instruido los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos según el mismo Espíritu conocer las cosas rectas y gozar siempre de tus divinos consuelos.!”.
 
*Obispo Emérito de Zacatecas




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