Tuesday 17 de January de 2017

Periodismo en México

     20 Jul 2012 03:30:00

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Interesada en la situación política que vive nuestro país, deseaba conocer la denuncia de López Obrador sobre utilización de recursos ilícitos en la campaña presidencial del PRI, por lo delicado de la imputación y porque, como ciudadana independiente, defiendo la legalidad por encima de intereses partidistas.
Desafortunadamente, el miércoles sólo tuve oportunidad de ver el noticiero nocturno de Televisa, aunque supongo que poco cambió la versión ofrecida en otros canales televisivos nacionales.
López Dóriga seleccionó aquellos pronunciamientos de López Obrador sobre las negligencias en la fiscalización del IFE y la ilegalidad en la que incurriría el Gobierno Federal de hacer caso omiso a la grave inculpación realizada por los partidos de izquierda. De los argumentos de la acusación no mostró nada.
De manera similar, Ciro Gómez Leyva dedicó su columna de ayer jueves en Milenio a denostar lo dicho por AMLO, como una actitud de desdén y menosprecio a las instituciones: “López Obrador sigue sustituyendo el análisis por las lecciones de moral. Es el bien contra el mal, el cielo o el infierno. Es el discurso de las verdades absolutas, incapaz de coexistir con verdades contradictorias”.
Hace el periodista una apreciación totalmente baladí sin rubor alguno. Critica la falta de análisis de AMLO, pero no hay en su columna el más mínimo atisbo de investigación periodística, de interés por reflexionar sobre la imputación, de darle al lector elementos objetivos para que éste llegue a sus propias conclusiones.
Peor fue la columna en Milenio de Carlos Marín, quien sostuvo que la exposición de pruebas del Movimiento Progresista era comparable a la literatura esotérica menos recomendable. Ése es el nivel de una parte del periodismo mexicano, que va de la chabacanería a la manipulación u ocultamiento de hechos.
En otras ocasiones he criticado pronunciamientos de AMLO, pero eso no se opone a la exigencia  de información sobre la acusación de blanqueo de dinero ilícito, sobre todo si se entregan pruebas dentro del marco legal, como es el caso.
Tiene razón el editorialista mexicano afincado en EU, Jorge Ramos, cuando señala que el periodista, cuya función social es evitar el abuso de los que tienen poder, debe tomar partido por la democracia porque es una cuestión de ética. Punto.
Con él comparto la conclusión a la que llega en su más reciente artículo de Reforma: “Creo que millones de mexicanos ya no quieren más de lo mismo. Pero lo viejo no acaba de morir en México. Y es ese olor a rancio y podrido lo que no me deja en paz”.
En cuanto al rastro de la denuncia, sólo queda recurrir a las redes sociales, más plurales y confiables que muchos medios de comunicación.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores
 




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