Tuesday 24 de January de 2017

Peter Jiménez, en búsqueda de la historia

Llega a México atraído por su rico pasado

     11 Mar 2012 03:20:00

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  • Actualmente trabaja realizando una investigación en la zona sur del estado. Actualmente trabaja realizando una investigación en la zona sur del estado.
  • Su amor por su profesión lo ha hecho luchar por lo que le gusta. Su amor por su profesión lo ha hecho luchar por lo que le gusta.
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Originario de un pueblo en el medio oeste de Estados Unidos, Peter Jiménez Betts llegó a México a principios de los ochenta atraído por el rico pasado y el colorido de un país que lo fascinó desde niño; al terminar sus estudios de arqueología en Puebla tenía muy claro que su área de estudio estaba en el sur de Zacatecas y aunque vive aquí desde hace 25 años, fue hasta hace tres cuando pudo iniciar el proyecto para el que siente que se ha preparado toda su vida.
En la casa desde la que actualmente dirige el proyecto arqueológico de Cerro del Teúl, Peter recuerda su primera visita a México, la influencia de sus grandes maestros en la universidad, su llegada a Zacatecas en tiempos del gobernador Cervantes Corona, así como los difíciles años de su enfermedad mientras trabajaba en La Quemada y que paradójicamente han sido los más productivos de su carrera.
Con un perfecto dominio del español, aunque sin dejar del todo su acento extranjero, Peter empieza hablando sobre el gran verano del 67, en que pasó sus vacaciones en Sonora; recuerda la euforia que había en el país por las olimpiadas que se celebrarían al año siguiente, y se emociona con la evocación de olores, sabores y sonidos que experimentó por primera vez cuando tenía 10 años.
“Vives en un rincón de Estados Unidos, en un mundito del cual sales para darte cuenta que hay todo un mundo por descubrir”, dice, y luego sigue con el relato de sus posteriores visitas, durante las que aprendió español.
Cuenta con detalle su primera vez en la Ciudad de México, donde conoció la riqueza de nuestro pasado en el Museo Nacional de Antropología e Historia y en la que percibió caos y movimiento que contrastaban con la monótona vida en EU.
El impacto fue tal que Peter decidió pedir su cambio de la Universidad de Minnesota a la Universidad de las Américas (UDLA), en Puebla, donde terminó sus estudios en Antropología con especialización en Arqueología.

Los maestros
La experiencia en Puebla fue magnífica para Peter, pues además de la oportunidad de realizar sus prácticas en importantes sitios de la región como Cholula, Huejotzingo o Teotihuacán, ahí conoció a su gran maestro, Wigberto Jiménez.
“Es la persona más inteligente que he conocido en toda mi vida, era un genio, sabía más de 10 idiomas. En sus clases de Mesoamérica alcanzabas la iluminación. En serio, yo salía casi flotando”, comenta como si él mismo no pudiera dar crédito.
Fue durante las comidas que compartía con Jiménez Moreno, las cuales se convertían en auténticas cátedras en las que el entonces estudiante tenía que apuntar en servilletas, que Peter cambió a la cultura Olmeca, que le interesaba mucho, por los pueblos que habitaron el sur de Zacatecas y el norte de Jalisco.
Ahí estaba uno de los grandes huecos de la arqueología mexicana en los ochentas, y fue por ello que Jiménez Moreno le recomendó a Peter buscar a Charles Kelley, el pionero de los estudios en esa zona y quien sentó las bases de la arqueología en Zacatecas y Durango gracias a trabajos como el que realizó en Altavista, Chalchihuites.
“Si Jiménez Moreno ha sido la persona más inteligente que he conocido, Kelley es la segunda más inteligente; ambos fueron muy generosos”, afirma Peter con respecto a sus dos maestros.
En 1983, Peter llegó a El Paso, Texas para estar en contacto con Kelley, quien le dio libre acceso a su biblioteca y archivo personal; fue el mismo Kelley quien le recomendó visitar la colección arqueológica que Federico Sesscose había formado como delegado honorífico del INAH en Zacatecas.
Poco después de haber entrado en contacto, don Federico llamó a Peter para pedirle que lo acompañara en un recorrido junto con el gobernador José Guadalupe Cervantes y Enrique Florescano, en ese entonces director del INAH, por los principales sitios arqueológicos del estado.
Tras el recorrido en el que sirvió como guía, Peter tuvo la oportunidad de mudarse a Zacatecas para trabajar en el Atlas Arqueológico Nacional que preparaba el INAH; el problema estuvo en que el salario era menor del que ganaba en Torreón, donde apenas se había establecido y comenzaba a formar una familia.
Contra los consejos de algunos familiares que le recomendaban la estabilidad económica, el joven arqueólogo decidió venir a Zacatecas en 1985 y realizar el trabajo para el que lo habían preparado sus maestros.

Su llegada a Zacatecas
Peter recuerda los años en que llegó a Zacatecas, como un tiempo en que las cosas empezaban a cambiar especialmente en temas de conservación; la restauración del Teatro Calderón, la adecuación de lo que sería el Museo Pedro Coronel así como al delimitación del polígono protegido en el Centro Histórico, son hechos, que según él significaron el despertar de la conciencia de los Zacatecanos a favor de su patrimonio cultural.
En ello reconoce la gran intervención del gobernador Cervantes Corona, de quién Peter recuerda memorables anécdotas.
Como arqueólogo del estado, Peter recorrió todos sus municipios en las grandes giras que realizaba Cervantes Corona, y gracias a la información de maestros rurales y cronistas pudo elaborar un mapa con los yacimientos arqueológicos.
Llegado el momento, sugirió al gobernador que se intervinieran los sitios de La Quemada y Altavista, que estaban abiertos público pero se encontraban en un estado deplorable; Cervantes Corona aceptó a pesar de que él quería iniciar los trabajos de investigación en Cerro del

Teúl, en su tierra natal.
A finales de los ochentas, con Peter como responsable de la restauración del sitio de La quemada, y la arqueóloga Baudelina García recién llegada a Altavista, puede decirse que inició la arqueología contemporánea en Zacatecas.
Un poco de su propia historia
Hacia 1987, cuando por fin se había metido de lleno a la arqueología, Peter empezó a tener problemas de salud que se manifestaron en forma de mareos, vértigo y agotamiento, y que se intensificaron en los años siguientes hasta degenerar en ataques nocturnos que iniciaban con el entumecimiento del lado derecho de su cuerpo y seguían hasta dejarlo completamente paralizado.
“Llegaba al hospital de noche con unos dolores muy fuertes, al tratar de decirle al doctor no podía hablar, y luego trataba de escribirlo pero mis manos no reaccionaban”, comenta el entrevistado en el relato de ese terrible episodio.
A la edad de 33 años Peter fue diagnosticado de esclerosis múltiple, una enfermedad que ataca el sistema nervioso central y puede dejar al paciente en un estado de parálisis total.
El doctor que lo trataba en El Paso, le dijo que debía elegir entre una silla de ruedas o empujar su cuerpo contra la enfermedad y adaptarse a los síntomas.
“Sabía que en la silla de ruedas la enfermedad me aplastaría, por lo mismo no quise comentarlo con nadie, no quería que la gente me compareciera pues eso sólo iba a debilitarme”, confiesa Peter, quien habló públicamente de su enfermedad hasta hace poco tiempo.
Decidido a ganarle la batalla a la esclerosis, siguió yendo a La Quemada, y cuando no podía caminar se quedaba escribiendo en casa.
Durante ese tiempo desarrolló varias técnicas para vencer los síntomas de la enfermedad, entre ellas el “caminar fotográfico”, que es una de sus favoritas y que hasta la fecha relata con mucha viveza.
Puesto que la esclerosis hace que los ojos se muevan involuntariamente, caminar es algo que Peter sólo logro dando pasos a ciegas con una imagen fugaz que captaba en un parpadeo, luego daba otro parpadeo y así avanzaba otro poco.
Curiosamente, en el momento más intenso de la enfermedad entre 1992 y 1993, Peter empezó a creer que iba a recuperarse mientras desarrollaba una filosofía de vida, producto de las crisis.
“Cuando tienes un pie en la tumba, y la tumba escupe tu pie, empiezas a ver la vida muy diferente”, comenta ahora.
Y continua, “Entonces aprendes a valorar un buen día, en serio no hay nada mejor que un día sin dolor, o cosas tan sencillas como poder caminar o masticar tu comida”.
Afortunadamente, Peter superó su mal y en los últimos años no ha tenido crisis graves, aunque reconoce que cada cierto tiempo la enfermedad le recuerda que está ahí.
Paradójicamente, los noventas fueron la década más productiva para el arqueólogo, y eso se debe según él a la sensación de que todo puede terminar de un momento a otro y es mejor gozar la vida .
En el 2000, Peter dejo La Quemada y tras algunos años que dedicó a estudiar su doctorado y trabajar en otros sitios o museos comunitarios, en 2009 inició el proyecto que inicialmente lo trajo.
Ahora por fin está realizando una investigación decisiva para la arqueología de la región sur de Zacatecas y norte de Jalisco en Cerro del Teúl.




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