Tuesday 24 de January de 2017

Poemas del hospital de Eduardo Arellano

     29 Jul 2011 04:00:00

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Hace más de diez años conocí al poeta zacatecano Eduardo Arellano, con quien charlé en muy pocas ocasiones. En aquel entonces él vivía en Baja California Norte y formaba parte de un importante y activo grupo de escritores de Tijuana, con reconocimiento nacional e internacional.
Después no supe más de Eduardo. Con el paso de los años me enteré por un amigo mutuo, Jesús Becerra Villegas, que le detectaron cáncer en noviembre de 2002 y falleció en 2004, cuando sólo tenía 45 años de edad.
Menciono esto porque en la revista electrónica Alforja, dedicada a la poesía, encontré el interesante trabajo monográfico “Poética del cuerpo enfermo”, coordinado por María Luisa Martínez Passarge, donde se dan a conocer los “Poemas del hospital”, en los cuales estaba trabajando Arellano antes de su muerte.  
En la introducción a éstos, su amigo y también poeta Héctor Carreto relata que en el verano de 2004 el escritor zacatecano comentó a la coordinadora del monográfico que le enviaría un poema sobre la enfermedad, pero falleció antes de cumplir su cometido.
Posteriormente, gracias al apoyo de Rebeca Noriega, pareja del poeta, Carreto pudo tener entre sus manos los poemas que se leen “como diario poético de un paciente internado, con sus dolores físicos y emocionales, su angustia, la contemplación de la rutina hospitalaria y una lúcida reflexión sobre lo frágil de la vida”. Tras numerarlos para facilitar su lectura, entregó algunos fragmentos a Alforja, con la aclaración de que desconocía si estaban concluidos o en proceso de corrección.
El siguiente párrafo es sólo un fragmento de los poemas. Los demás se pueden encontrar en internet.

Hasta dónde
irá a ser capaz de llegar este tun-tun
en su ya casi sorda lentitud sin que deje de presumir la vida
detrás de la cortina o rumiarla
en lo que ha sido.
Vasta y sin término parece ser esta
sábana con sus rostros de niebla y de naufragio
y casi el silencio se prolonga
como sobre una muerta a la que con esta parafernalia mía
(ya parte de mí como mis miembros -y casi de mi alma-)
daría, venga a dar
vida artificialmente, si una
pizca de deseo aún
se apodera de mí.
Porque la vida tiene que ser esa desgarradura que se une
a un estar jadeando de regreso.

Así, en estos poemas Eduardo Arellano describe la forma en que el yo enfermo entra en un estado de vigilia, recuerda que la vida es desgarramiento, busca asirse de la palabra escrita cuando la fatiga inhibe el habla.

*Miembro del Sistema
Nacional de Investigadores




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