Tuesday 17 de January de 2017

Por un consumo más responsable

     19 Dec 2011 04:00:00

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No compramos viviendas ni coches. Tampoco gastamos tanto en ocio y ropa. En las navidades de 2011, gastaremos una media de 200 euros menos por la crisis económica. Sin embargo, cada día vemos más la televisión. Hoy, consumimos contenidos de la “caja tonta” durante demasiadas horas a la semana.
El gasto en el ocio ha sido uno de los que más reducciones sufren en momentos de crisis. Menos viajes, menos salidas a comer, al cine o al teatro. Y todo ese tiempo que nos queda libre, lo gastamos más que nunca en ver la televisión. También el mayor número de personas desempleadas hace que el número de horas frente a la tele aumente de manera considerable.
La televisión, como medio de comunicación de masas, tiene unas funciones que cumplir dentro de la sociedad: formar, informar y entretener. En la actualidad, los contenidos de entretenimientos llenan las parrillas de las cadenas de televisión. La información queda relegada exclusivamente a los espacios informativos, los telediarios, telenoticieros.
 La actualidad diaria queda resumida, como mucho, en dos horas al día. Un informativo a mediodía y otro a la noche. Y de ellos, más de 20 minutos se dedican a los deportes y otro gran bloque a los sucesos: accidentes de tráfico, robos, asesinatos. Las plantillas de las redacciones de informativos se ven reducidas cada día, y también la calidad de las noticias.
Los espacios formativos han desaparecido de la mayoría de las cadenas privadas, y en las públicas quedan relegados a algunos buenos documentales, que siempre se programan en horarios residuales. Sin duda, la función formativa es un “espejismo”.
Así, la mayor parte de las horas de la programación televisiva está dedicada al entretenimiento. Con suerte, se puede ver en televisión algún buen programa con el que pasar el rato y aprender algo. También, con algo de suerte puede que en la tele programen una buena película o una buena serie de ficción. Sin embargo, no son tampoco abundantes. Por el contrario, el resto del tiempo, la programación está llena de telenovelas, series malas, películas de clase B, programas del corazón y reality shows. En todos ellos, la ficción supera ampliamente la realidad. Los insultos, los gritos, la falta de educación llenan muchos espacios y horas de televisión. Pero también programas donde el “sensacionalismo” llega a cotas muy altas.
Los directivos de las grandes cadenas de televisión argumentan que la programación que tiene audiencia es aquella dedicada al entretenimiento, eso sí mal entendido. Y es una realidad. Nadie aprieta el off del mando a distancia para ponerse a leer la última novela de un gran escritor. Cada uno de nosotros, como consumidores de televisión, tenemos en nuestra mano la respuesta. Es necesario un consumo más inteligente y responsable de los contenidos televisivos. Sólo así hay una posibilidad de que algo cambie.

*Centro de Colaboraciones Solidarias




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