Monday 23 de January de 2017

Por Zacatecas

     27 Mar 2013 03:40:00

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Una de las grandes exigencias del periodismo profesional, es que quienes lo ejercen deben estar siempre con los ojos muy abiertos y las orejas bien paradas, decía el extinto jefe de redacción Javier Ramos Malzárraga, hombre que dedicó su larga vida al oficio de informar.
Ver y oír todo lo que esté alrededor es una de las mayores virtudes desarrolladas por los periodistas. De ahí la necesidad de estar siempre en el lugar de los hechos y de explorarlo todo. Esas habilidades, por ventura, están presentes, incluso cuando se vacaciona.
Así lo hace una experimentada reportera que durante dos décadas se ha dedicado a la enseñanza del periodismo, algunos años en la Ciudad de México y últimamente en Los Ángeles, California.
Lucía González está ahora en Zacatecas, la ciudad capital. Como reportera conoce casi toda la República Mexicana, y todas las ciudades capitales. En Zacatecas ha estado por lo menos seis veces, dos de ellas en los últimos 10 años.
Todo está muy cambiado, deplora. No es la urbe colonial y melancólica que había hace 10 años. La Alameda y el Jardín Juárez han perdido su encanto. Eran paseos añosos como sus árboles, nuevo alumbrado los despojó de su romanticismo y los transformó totalmente. ¿Esto no pone en riesgo el título de Ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad que le concedió la Unesco?, pregunta.
La vez anterior que ella vino fue en 2005 y encontró calles limpias en el Centro Histórico. Hoy, lo lamenta, hay mucha suciedad. Comienzan a abundar los perros y sus dueños le han perdido respeto a la ciudad.
La gente empieza a deshacerse de la basura de mano sin miramientos. Botellas, latas, servilletas, vasos y charolas de unicel se ven por todas partes. No se diga los chicles pegados en las banquetas y escalinatas.
Los grafitis, con todo lo mal que se ven, no es lo peor, porque finalmente son una expresión de jóvenes inconformes. Tampoco los comerciantes ambulantes afean las calles. Además de tener una forma honesta de vivir, son personas que al carecer de trabajos formales se emplean como pueden y deben ser tolerados por todos: autoridades, sociedad y agrupaciones empresariales.
Lo que sí afea la ciudad son las banquetas rotas, baldosas desprendidas o faltantes, montones de arena por aquí y por allá. Las marañas de cables lastiman los ojos apenas se levanta la mirada al cielo o se mira al horizonte, protesta la paseante.
Zacatecas, por su gente y por lo que históricamente representa, merece mejor trato. Ojalá, implora, todos se unan para protegerla y si es posible, restaurarle el esplendor que no hace mucho aún tenía.

*Periodista
ricgomm@hotmail.com




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