Monday 16 de January de 2017

Provoca sequía hambre y migración en el semidesierto

     7 Feb 2012 04:00:00

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  • Pedro Uribe, vecino de El Salto, dijo que nunca había vivido una temporada tan dura de estiaje. Pedro Uribe, vecino de El Salto, dijo que nunca había vivido una temporada tan dura de estiaje.
  • No hubo cosecha ni para el autoconsumo, dijeron. No hubo cosecha ni para el autoconsumo, dijeron.
  • Algunas áreas de las localidades de Mazapil y Concepción del Oro se han convertido en cementerios de ganado. Algunas áreas de las localidades de Mazapil y Concepción del Oro se han convertido en cementerios de ganado.
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Deja sequía pérdidas por casi $5 mil millones en el estado

Abandonan habitantes sus comunidades por la sequía

 

 

 

 

El silencio reina en el semidesierto, los corrales están vacíos, no se oye ningún bramido.
La gente comienza a quedarse sin comida y sin agua; tampoco pueden alimentar al ganado, por lo que han echado al campo a sus animales con la esperanza de que sobrevivan o por lo menos para no verlos morir.
Así, se ha ido formando un cementerio al aire libre provocado por la sequía, donde los cadáveres de vacas, becerros y chivos se van acumulando en el campo.
Uno, dos, tres, cuatro… se pierde la cuenta y el número se sigue incrementando cada día.
La prioridad de los habitantes es sobrevivir, así que poco importa que su aspecto sea sucio o descuidado, pues es mejor usar la poca agua para beber.
Las historias de los abuelos de más de 80 años sobre un fenómeno de estiaje parecido hace ocho décadas se han convertido en la realidad de sus nietos.
Si bien saben lo que ocurrió en el pasado, desconocen lo que les depara el futuro sin dinero, agua ni alimento.
Durante la primavera y verano del 2011, el termómetro registró hasta 40 grados centígrados de temperatura por la falta de lluvia, pero en invierno descendió hasta 4 grados bajo cero provocando fuertes heladas.
Ambos fenómenos causaron bajas considerables en la ganadería y la agricultura.
Adiós a las cosechas… y a las ilusiones
De nada sirvió el esfuerzo por sembrar de los campesinos de más de 100 localidades de los municipios de Concepción del Oro y Mazapil.
La falta de lluvias arrasó con las cosechas.
Aunque no alcanza para la canasta básica, en Concepción del Oro las familias viven de la venta de tercios de leña de mezquite.
Hacen unos 40 al día y los venden a 2 pesos cada uno; completan el gasto con los apoyos de programas como Oportunidades y 70 y Más.
El problema es tan grave que hasta las plantas endémicas de la región, como cactáceas, huizaches y nopales, empiezan a consumirse por el prolongado estiaje de casi 18 meses.
La distancia que separa a algunas comunidades de la cabecera municipal llega a superar los 170 kilómetros de terracería, lo que complica la situación, pues es más difícil para los ayuntamientos proveer a los habitantes de agua potable y de los alimentos que la sequía les arrebató.
María de la Luz Ibarra, originaria de Nuevo Mercurio, Mazapil, explicó que la falta de frijol y maíz ha encarecido su dieta a tal grado que tienen que racionar la leguminosa y disminuir el consumo de tortillas, “pues hay que hacerlos rendir porque están muy caros”.
Parada en medio de una pequeña casa de adobe y techos de lámina, Ibarra lamentó las circunstancias de la comunidad, pues “como una maldición”, la sequía también ha acabado con sus ilusiones.
Explicó que en medio del semidesierto zacatecano, los habitantes de Nuevo Mercurio son víctimas de la pobreza y el olvido, pues desde hace varios años los gobiernos no se preocupan por su bienestar, no tienen servicios de salud y hasta la tienda Diconsa dejó de funcionar.

Temporada de secas
“En los años que tengo de vida nunca había visto una seca como esta, ya no puedo vivir de la cosecha de frijol y maíz que sacaba con el temporal ni con la venta de algunos chivos y borregos”, explicó Pedro Uribe, vecino de la comunidad El Salto.
Hoy, los campos “lucen tan secos, muertos y llenos de huesos” que los lugareños los asemejan con los tiempos de hambre que sus antecesores contaban que se vivieron hace casi ocho décadas.
A varios kilómetros de la cabecera municipal de Concepción del Oro, Uribe recordó los tiempos de bonanza y los años en que “un buen temporal” hacia reverdecer los campos en los que se mantenían las chivas durante las lluvias y en los que quedaban pastizales para el tiempo de “secas”.
En un perímetro de 4 kilómetros lo único que se observaba son las grandes nubes de polvo que envuelven las casas de por sí desoladas.
Ascensión Contreras, de San José de Carbonerillas, mencionó que gastó 5 mil pesos en sembrar 10 hectáreas de avena que apenas alcanzó a nacer.
Sin embargo, lo más triste fueron las heladas porque “quemaron” el nopal y en pocos días no habrá otra opción más que comprar alfalfa para los animales. La paca de 25 kilos cuesta 130 pesos, cuando el año pasado costaba 75 pesos.

Ni los coyotes las quieren
“Hasta ahorita se nos han muerto 500 reses, las inmediaciones de la comunidad se han convertido en cementerios de vacas que ya ni los coyotes se quieren comer de tan flacas que quedan”, platicó Antonio Tapia, secretario ejidal de Nuevo Mercurio.
Apolinar Ortiz y Juana Alcántara, vecinas de la comunidad Ciénega de Rocamontes, contaron que la sequía primero las dejó sin cosecha y ahora sus chivas empezaron a morir de hambre.
Sus hatos de ganado caprino se han disminuido hasta en un 90% por muerte y venta. Los han malbaratado porque como están flacos no se los compran a más de 200 pesos cuando su precio normal solía rebasar los 700 pesos.
“Los pocos que nos quedan los mantenemos con nopales que ya son una pura hilacha porque se helaron”, comentaron.
Ante esta situación, en un mes o quizá dos, no habrá nada más con qué alimentar a los animales, por lo que serán “abandonados en el monte a ver qué suerte les toca”, dijeron.
“Este año no llovió, otros años con la agüita que caía quedaba algo de pastito, pero ahora no hay nada, no sabemos qué haremos porque ya quisiéramos comprar comida para nosotros, las pobres chivas que quedan seguro se nos van a morir”, lamentó Juana Alcántara.
Según María Eugenia Esquivel, asesora del Consejo de Desarrollo Rural, los hatos de ganado bovino y caprino de la región han disminuido en más de 30% debido a muerte y venta.
No obstante, expresó que es muy alta la probabilidad de que la mortandad de ganado se incremente “ya que la gente se aferra a sus animales, piensa que aguantarán la sequía, lo cual es una falsedad”.
De 40 vacas que tenía Ascensión Contreras, oriundo de San José de Carbonerillas, Mazapil, se le han muerto 22 y 16 becerritos.

Falta de agua, el principal problema
El desabasto de agua potable es la peor situación por la que atraviesan los habitantes de Mazapil y Concepción del Oro.
Sábana Grande, El Rosario, San Felipe Nuevo Mercurio y Banderitas Dos son algunas de las localidades más afectadas por dicha situación.
Adrián Ordaz, productor de Sábana Grande, Mazapil, manifestó que la escasez de agua los obliga a comprar garrafones para su consumo pese a que no tienen dinero; por ahora sobreviven gracias a un programa de reforestación que se aplica en la zona.
“Nos está yendo de la fregada, a veces de todos modos no tenemos dinero y necesitamos que nos fíen en la tienda comida y agua mientras nos pagan o mientras viene la pipa de la presidencia”, comentó.
Julio González Pardo, secretario del Ayuntamiento de Concepción del Oro, comentó que de las 30 comunidades del municipio poco más del 90% requiere que se le lleve agua potable en pipas debido a que la de los pozos no se debe consumir por ser muy “salitrosa”.
“Para sacar agua buena necesitamos perforar a más de 500 metros y el ayuntamiento no tiene presupuesto para realizar todas las obras que se requieren en las localidades”, afirmó.

Les retiran apoyos
Josefa Alemán, de la localidad Sábana Grande, denunció que desde el 2010 les fue retirado el Procampo a varios productores de la localidad sin ningún aviso o motivo aparente.
El problema, dijo, se agudizó el año pasado, ya que a ninguno de los más de 50 campesinos inscritos les llegó el apoyo.
“Esa era nuestra única fuente ingreso, en los años que nos iba mal en la siembra con ese dinerito vivíamos algunos meses. Tampoco queremos que el gobierno nos mantenga, sólo pedimos que no nos haga las cosas más difíciles”, afirmó.




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