Wednesday 18 de January de 2017

Pugilato universitario

Cartas desde el exilio

     11 Mar 2013 03:30:00

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Acaso sea una severa llamada de atención para el estado mexicano la situación que padece la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). Las incomprensibles disputas políticas han mermado la capacidad académica y la marcha diaria de la institución. El paro escolar y la toma de las instalaciones por un grupo de inconformes son dos hechos ominosos que a menudo se repiten en algunas universidades del país.
Ahora la UACM tiene dos rectores y los conflictos lejos de amainar parece que van incrementándose. La rectora a la que se busca derrocar ha enviado una petición de revisión del caso a la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Ojalá que ésta tome una decisión sabia y de fondo para abrir las posibilidades a una reforma universitaria de gran calado.
En el pasado, hemos escuchado la reiterada cantaleta de funcionarios de la Secretaría de Educación Pública (SEP) sobre la necesidad de volver competitivas a las universidades mexicanas, adaptándolas al entorno cambiante del mundo contemporáneo. Sin embargo,  una y otra vez, las políticas han fracasado porque los cambios emprendidos siempre son cosméticos y de poca hondura. Por lo regular dejan intactos los intereses y poderes de grupos políticos, que poco tienen que ver con el eje del quehacer académico.
En la mayoría de las ocasiones, las autoridades han preferido negociar con éstos, a veces torciéndoles un dedo meñique para medio meter en cintura a los centros de conocimiento nacionales. Pero, en esencia, las condiciones han permanecido iguales, los cotos de los dirigentes quedan protegidos sexenalmente, mientras que las exigencias académicas y las evaluaciones sólo se aplican a la planta docente, quedando excluidos los jefazos administrativos de estas agobiantes faenas.
Los resultado son paradójicos. Tenemos una brecha salarial entre funcionarios y profesores verdaderamente escandalosa, además, inexplicablemente, la meritocracia no aplica para los primeros. Incluso existen universidades donde los rectores no necesitan ser líderes académicos para ocupar el puesto, ni poseer el grado más alto que se puede otorgar dentro del ámbito de la educación. Algunos no tienen obras de investigación reconocidas y de cualquier modo sienten que son los indicados para conducir instituciones educativas.
Sólo en un país como el nuestro ocurren estos disparates. Ojalá que los casos Gordillo y UACM sean el canto del cisne negro, la melodía fúnebre de un sistema educativo corrompido, esperpéntico y politizado. Es hora de modificar las reglas del juego para evitar los feudos sempiternos y el reinado de los zafios.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores
consolovin@hotmail.com




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