Friday 20 de January de 2017

Quedan para fertilizante miles de toneladas de agave podrido

Productores de agave ya no saben qué hacer para no perder dinero

     22 Dec 2012 04:00:00

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  • Los agricultores zacatecanos creyeron que sería un buen negocio producir agave cuando una plaga devastó las plantaciones de Jalisco. Los agricultores zacatecanos creyeron que sería un buen negocio producir agave cuando una plaga devastó las plantaciones de Jalisco.
  • Varios empresarios han tenido que paralizar la producción en sus fábricas por falta de clientes. Varios empresarios han tenido que paralizar la producción en sus fábricas por falta de clientes.
  • Actualmente, hay mil hectáreas. Actualmente, hay mil hectáreas.
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La pudrición en los campos y su venta a precios irrisorios y de contrabando fueron los destinos que tuvieron las cosechas de los tantos productores que hace 12 años creyeron en la esperanza del “oro azul”.
Miles de toneladas de agave yacen hoy como fertilizante para las tierras de aquellos agricultores que se aferraron a la máxima del “bien podrido o bien vendido” antes que entregar su producto a intermediarios de Jalisco que no pagarían ni la cuarta parte de su valor.
Ello debido a la incapacidad de los gobiernos para establecer tratados comerciales con el estado vecino mediante los cuales se pudiera vender el agave a precios razonables y de forma legal.
Hoy, a decir de los productores, “nadie quiere saber nada del maguey”, por lo que se avecina una escasez que imposibilitará trabajar a las decenas de fábricas destiladoras que se fueron integrando con los años y que tampoco lograron la estabilidad por la falta de mercado para el mezcal.
Los más fatalistas, pero los más renuentes a perder sus inversión, ya buscan otras alternativas: “si no podemos moler mezcal, moleremos caña para hacer alcohol o ron o mínimo venderemos las maquinas para el fierro viejo” dijeron.

El sueño
En el año 2000 una plaga que devastó las plantaciones de agave en Jalisco provocó que los precios de esta planta se incrementaran de forma exorbitante y que algunos campesinos que, por casualidad, tenían algún sembradío obtuvieran millones de pesos por su venta.
La efervescencia fue tal que cientos de productores vendieron sus bienes, gastaron sus ahorros o hasta solicitaron créditos para invertir en lo que consideraron la oportunidad de su vida.
Con esmero y dedicación cuidaron sus parcelas hasta que siete años después las plantas alcanzaron su maduración. Fue entonces cuando comenzó la pesadilla a causa de la sobreoferta.

La maldición de "oro azul"
Una vez que los agaves estuvieron listos, los productores empezaron a buscar mercado para su producto, pero no lo encontraron. La saturación era tanta que en Jalisco ninguna tequilera lo compraba, aparte de que no les está permitido adquirir esta materia de entidades ajenas a la suya.
En el estado las empresas mezcaleras más consolidadas tampoco lo adquirían, pues tenían sus propias reservas y otras tantas de reciente creación comenzaron a producir, pero dejaron de hacerlo ante la falta de mercado para comercializar la bebida.
Raúl Frausto, productor de Tabasco, relató cómo un amigo lo convenció en 2001 para sembrar una hectárea de agave en la que invirtió cerca de 200 mil pesos y cuya venta en 2008 le dejó alrededor de 30 mil pesos.
“No saqué ni lo que gasté en la planta, mucho menos lo invertido y trabajado a lo largo de siete años”, dijo.
Pero ese fue sólo el principio, pues en 2002 sembró tres hectáreas de las cuales dos se pudrieron en los campos por exceso de madurez y la otra la remató al mismo precio irrisorio al que vendió la primera.
Posteriormente, comentó el productor que vendió 200 toneladas de otras plantaciones a 80 centavos el kilo, lo cual no le dejó ganancia alguna, pero por lo menos le permitió recuperar una tercera parte de lo que había invertido.
No obstante, las peripecias que tuvo que pasar para poder comercializar su producto no toparon en eso, pues “el coyote” a quien se lo vendió le robó un camión con cerca de 31 toneladas de agave y se aprovechó de que dichas negociaciones no eran legalmente permitidas.
“Yo no me podía quedar así, busque al fulano hasta que lo encontré cerca de Arenal, Jalisco, y lo demandé”, explicó.
Hoy, Frausto tiene dos hectáreas maduras y espera que en los próximos meses el precio repunte para desquitar las tantas pérdidas que tuvo en años pasados.
Agregó que como miembro de la integradora La Caxcania las cosas tampoco han sido fáciles, ya que aunque tienen una fábrica con valor de más de 20 millones de pesos no han logrado echarla andar debido a los burocratismos de las administraciones municipales.
Tan decepcionantes han sido los resultados, dijo, que a la fecha de los 400 socios que eran quedan alrededor de 100 o menos.
Ante esta situación el productor lamentó que de parte de los diferentes gobiernos estatales no haya habido interés por impulsar este sector, pues además de beneficiar a los productores, también es una actividad que por hectárea genera alrededor de 10 empleos por espacio de tres meses al año.

Desesperanza
Con la fe que le dan sus años, Aurelio Villavicencio, otro de los socios de la integradora, aseguró que tarde o temprano la fábrica que ya tienen equipada con tecnología de punta trabajará para una cosa u otra.
Aunque sólo sembró dos hectáreas de agave cuando se dio el boom de esta planta, no quedó exento de los bajos precios y de las desilusiones.
Con nostalgia rememoró como los alcaldes de Nochistlán y Tabasco, entre otros, nunca cumplieron con sus aportaciones, por lo que la operación de la empresa se ha retrasado una y otra vez.
“Los resultados de este negocio han sido tan malos que hoy nadie quiere saber nada de los magueyes; se perdieron cientos de millones de pesos”, expresó.
A pesar de la ilusión que aún le hace ver trabajar la mezcalera que producirá la marca El Mixtón, sabe que las cosas no se vislumbran sencillas, pues aunque logren operarla, reconoce que el mezcal es una bebida que no ha conquistado un mercado y que necesita de años de promoción para colocarse.
Pero eso no lo detiene ni opaca su optimismo, pues expuso que tiempo atrás algunos investigadores de la UAZ visitaron el lugar y contemplaron como una buena opción utilizar la maquinaria en el procesamiento de la caña, ya sea para hacer alcohol comercial o ron.
A don Aurelio esas alternativas lo motivan y aunque reconoce que en Zacatecas no se siembra la caña, no ve complicado conseguirla en Nayarit y echar a andar esa fábrica que tantos desvelos les ha costado a los productores del cañón.
Aún así, lo que sí le puede al productor es ver inactivo al campo zacatecano y desaprovechándose sus mejores potenciales.
“El agave es la única agricultura que se da en el estado por sus condiciones climáticas. Si a los magueyes se les echa agua los grados Brix son menos y le restan calidad; por eso de aquí sale el mejor agave, ya que tiene más azúcar que el de Jalisco, donde llueve más”, explicó.

El recuento de los daños
Héctor Haro, presidente del Sistema Producto Maguey-Mezcal en el estado, comentó que la crisis del agave en el estado dejó pérdidas millonarias y 360 mil toneladas de agave podridas en los barbechos.
También existen alrededor de 14 fábricas productoras de mezcal en los municipios de Mezquital del Oro, García de la Cadena, Moyahua, Juchipila, Jalpa, Teul de González Ortega y Villanueva que no han trabajado aún o que dejaron de hacerlo por la falta de mercado para el producto.
Además, expresó que luego del desastre, se lograron vender alrededor de 45 mil toneladas a precios de entre 30 y 60 centavos por kilo, lo cual no permitió a los productores ni rescatar la inversión, mucho menos, valor agregado.
Ahora queda el 20% de los agaves que alguna vez se tuvo; es decir, mil de las más de 5 mil hectáreas que algún día hicieron brillar la superficie del estado.

Las expectativas
El líder de productores mencionó que desde hace un año algunos agaveros han vendido cerca de 500 toneladas a 2 pesos a empresas productoras de mieles e inulina de Jalisco, pues con esos fines si está permitido comercializar la materia prima al estado vecino.
En cuanto a la plantación, dijo que se buscará regular ese aspecto, con la idea de sembrar entre 200 y 300 hectáreas de maguey al año bajo un esquema de agricultura por contrato con fábricas de Guanajuato, Nayarit y Nuevo León.
Otra de las opciones, explicó, es el uso del agave como suplemento alimenticio para el ganado, pues ya se han hecho pruebas en Valparaíso y Calera.
Agregó que también hace falta una estrategia publicitaria en la que se promocione al mezcal como una bebida que acata las normas sanitarias y que supera en calidad al propio tequila.

mayra_selene@imagenzac.mx




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