Wednesday 18 de January de 2017

¿Quién limpia la sangre de las calles?

Periferia: Arte contemporáneo

     24 Aug 2012 04:00:00

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¿De qué otra cosa podríamos hablar?, de Teresa Margolles.
¿De qué otra cosa podríamos hablar?, de Teresa Margolles.

La muertes es una presencia cotidiana. En los últimos años, la violencia asociada al narcotráfico se ha convertido en el paisaje del norte del país. Cada día hay nuevos ajustes de cuentas, cuerpos mutilados, fosas clandestinas.
Con su obra, Teresa Margolles explora la idea de la muerte alejándose del cliché de la mexicanidad que se ríe (¿se ríe?) de ella. Su obra nos recuerda que la muerte existe, aunque escape siempre a nuestra compresión, como una forma de explorar nuestra humanidad. ¿Qué es aquello que nos hace ser humanos y se pierde al morir?
Las acciones y objetos que produce Margolles no son, generalmente, explícitas. Evocan lo humano a partir de sus vestigios.
“En el aire” es una instalación realizada en 2003, varias máquinas llenan el espacio de burbujas de jabón. Pero cualquier asomo de belleza y posibilidad de juego desaparecen cuando el espectador se entera que las burbujas están hechas con agua proveniente de la morgue, usada para limpiar cadáveres. Poco importa que haya sido desinfectada, las burbujas explotando nos recuerdan que la muerte puede ocurrir en cualquier momento. Y también que estamos vivos.
“21” (2007), una pieza previa a su participación en Venecia, es una colección de 21 piezas de joyería realizadas con cristales obtenidos de los restos de ajustes de cuentas de coche a coche en Culiacán. Fueron diseñadas y fabricadas por un joyero que trabaja para narcotraficantes mexicanos. “21” analiza el cambio de valor del vidrio: deja de ser evidencia de un acto violento, para convertirse en símbolo de estatus, de logro.
En 2009, Teresa Margolles fue selecionada para representar a México en la Bienal de Venecia, con el proyecto “¿De qué otra cosa podemos hablar?”, curado por Cuauhtémoc Medina.
El pabellón mexicano ocupó el Palacio Rota Ivancich, a unos metros de la Plaza de San Marcos. En la entrada, la bandera de la ciudad y de la Unión Europea flaqueaban una bandera ensangrentada.
En el interior del palacio, los visitantes caminaban por los salones hasta encontrarse con una pequeña nota en una pared. Indicaba que el lugar era trapeado, al menos una vez al día, con restos de sangre y lodo recogidos de lugares donde murieron personas en tiroteos asociados al tráfico de drogas. La “limpieza” era realizada por personas que tuvieron alguna relación con los asesinados.
Margolles hizo un registro de asesinatos ocurridos en Sinaloa y Baja California. Usó mantas absorbentes para llevarse los fluidos corporales mezclados con el polvo de lugar. El agua impregnada de estos residuos no limpiaba, agregaba una capa de vestigios.
Las ventanas de los salones fueron cubiertas con algunas de las mantas, tenían mensajes bordados en hilo de oro : “Para que aprendan a respetar”, “Ver, oír y callar”,  “Así sucede cuando piensas o imaginas que mis ojos no te pueden mirar”.
A Margolles no le interesa establecer quién es el malo de la historia, sino saber dónde estamos parados, de qué forma la violencia nos define aunque no seamos parte de ella: “En mi obra hablo del dolor de las personas que han perdido a sus seres queridos, del vacío que deja un asesinado en una familia. No son números, sino gente con nombre y apellido; vivimos en un país que llora.”
Más sobre Teresa Margolles: http://i.muno.mx/margolles

*Coordinador del Muno




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