Thursday 23 de March de 2017

Quioscos y ecuestres en los centros históricos

     13 Jun 2012 04:00:00

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En lo que queda del Centro Histórico de la Ciudad de México, se han perdido de la vía pública, muchas estatuas y ornamentos de hierro fundido, además de tapones de alcantarilla de metal.

La razón indiscutible de esa sin razón, es el desprecio al mobiliario urbano, que lo mismo permite se roben una escultura, que el aldabón de una puerta antigua o los estoperoles del portón de un templo. Se dice que, para reforzar la seguridad hay miles de cámaras, pero no sirven para frenar e ir a detener infraganti a esos gambusinos contemporáneos. Hemos referido que hay destrozos urbanos por parte de vagos (iconoclastas sin afán ni causa), que al pasar lastiman sólo porque sí, lo que tocan o ven.
En Zacatecas, no han faltado historias relacionadas a quioscos, aunque con muy diferente enfoque y suerte, por ejemplo la que tuvo como protagonista al inolvidable Don Federico Sescosse, quien en su calidad de verdadero protector del patrimonio monumental de Zacatecas -cuando estaba todavía invicta de agresiones mayores-, retiró sin ninguna explicación un pequeño quiosco de hierro forjado que había colocado por la mañana la Secretaría de Obras Públicas (a cargo de Jesús Gerala Félix) en la plazuela de Guadalajarita, a espaldas del Palacio de Gobierno. Don Federico con su chofer pasó y arrancó el quiosco y señaló, eso es Disneylandia, y tenía razón.
A propósito, allá en la Ciudad de México (tristemente DF) nos percatamos del estado de degradación en que se encuentra el maravilloso Kiosco Morisco, preocupación válida y oportuna porque se trata de un bien público en riesgo de destrucción o por lo menos de azaroso destino. Las fotografías revelan ese peligro y hay que actuar de inmediato, exigimos al INAH intervenir, aunque no ha de ser fácil, respecto de quienes hostilizan el arte urbano que no encuadra con su visión interesada de la historia y la modernidad.
El Kiosco Morisco, es una estructura de hierro forjado de 126 años de antigüedad, obra de arte elaborada para la participación de México en la Expo de Nueva Orleans celebrada en 1884, y le llamaron "la Alhambra mexicana". Al retornar fue colocado en la Alameda Central para dicha de los capitalinos de esa época y en 1910 fue reubicado a la plaza de Santa María de la Ribera cuando Porfirio Díaz edificó el Hemiciclo a Benito Juárez.
Y sin duda alguna es un emblema urbano que reivindica la carga arábiga que a través de España produjo nuestro mestizaje al fundirse con las expresiones precolombinas, y fue un ensayo con el que se preparó la participación más ambiciosa de nuestro país en la Expo Universal de París de 1889, donde edificó un monumental "Palacio Azteca" justo en el año en el que los galos celebraron el primer centenario de la Revolución Francesa con la descomunal Torre Eiffel.
El Kiosco Morisco no ha tenido esa fortuna, se teme la perversa idea del GDF de trasladarlo de noche a algún lugarejo para que se convierta en escombro. Por encima de pertenencias ideológicas o religiosas el arte se debe asimilar respetuosamente, sea el de una sinagoga, una mezquita, un templo mariano, el Reloj Chino de las calles de Bucareli (obsequiado por el gobierno de Pekín para los fastos de 1910) o el Pabellón Coreano de Chapultepec (donado por Corea en 1968 durante la Olimpiada).
El Kiosco Morisco debe ser respetado, como se conserva, por su valor estético la formidable ecuestre del Rey Carlos IV popularmente conocida como "El Caballito" que da el nombre actual a uno de los espacios más bellos del Centro Histórico de la capital de la República: la Plaza Tolsá, al lado de la Casona de Xicoténcatl, en honor del escultor que la hizo entre 1798 y 1803, y que por cierto fue su obra cumbre, a la que por su tamaño le decían el Caballito de Troya y que ha peregrinado con dignidad por la Ciudad; del Zócalo al interior de un palacio virreinal, antes de su destino final en el cruce del Paseo de la Reforma y la Avenida Juárez.
En Zacatecas, siguiendo ese impulso la ecuestre del General Jesús González Ortega, para algunos de muy buena fábrica estuvo en el sitio que hoy ocupa la Fuente de los Faroles en la calle Tacuba, antes de ser ubicada en el monumento con el que se remata el acueducto, al grado de podernos preguntar si el obstinado general González Ortega se merecía ese monumento, por sus méritos y lealtad a Juárez quizás, por destruir el arte sacro de Zacatecas. No.

fjacuqa@hotmail.com
Twitter: @f_javier_acuna




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