Friday 20 de January de 2017

Rafael Ceniceros y Villarreal

Los días del Bi-100

     23 Oct 2012 04:00:00

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En el salón de sesiones del Congreso del Estado ocurrió una reunión el viernes 13 de septiembre de 1912. El fin de la junta era para instalar a los diputados electos en el proceso del verano de ese año. Inicialmente llegaron seis, de 12 diputados.
Todos eran reputados como políticos católicos: Francisco Zesati, abogado, hijo de hacendados de Jerez y exsecretario de gobierno; Vidal Roldán, exempleado en el santuario de Plateros; Aurelio Pámanes, propietario en Ojocaliente; Miguel E. Méndez, exadministrador de la Recaudación de Rentas en Villanueva; Juan Medina, abogado, vecino en Zacatecas y  representante de Sombrerete, y Rafael Ceniceros y Villarreal, nacido en Durango, 57 años, casado, notario público, con domicilio en la calle de Los Gallos.
En el transcurso de la instalación, Jesús Villegas llegó desde Nochistlán.
Tras el primer acto de los diputados, que fue asistir, se acreditó la mayoría necesaria para proseguir. Siguió la designación de la mesa directiva. Eligieron al licenciado Ceniceros. El acto contó con seis, de siete votos.
En esta condición, a él le correspondería presidir la toma de posesión del gobernador constitucional y la protesta de ley de sus colegas diputados (16 de septiembre). Allí debía cumplir el ritual republicano y dar muestra del acatamiento de las leyes fundamentales del período.
La resonancia está en la paradoja política. Rafael Ceniceros era uno de los ciudadanos que con mayor vehemencia se oponía al imperio de las leyes liberales vigentes en México (las Leyes de Reforma y la Constitución de 1857).
Su combate lo hizo a través de los periódicos que dirigió (La Rosa del Tepeyac, en 1887 y El Demócrata, en 1911) y con la organización del Partido Católico.
Pero, con su inclusión en el poder, matizó su oposición.
Ceniceros, además de ciudadano católico, fue tertuliano en asociaciones literarias; escritor de dramas (algunas de sus obras fueron estrenadas en el Teatro Fernando Calderón), el obispo Buenaventura Portillo lo nombró catedrático de literatura en el Seminario.
En 1908, Victoriano Agüeros, de la Ciudad de México, le imprimió sus obras en la serie Biblioteca de Autores Mexicanos. Sin dudar, Ceniceros era un ciudadano destacado.
El 22 de octubre de 1912, en sesión ordinaria del Congreso, con urgencia de trámite, le fue concedida licencia al gobernador Guadalupe González. Estaba muy enfermo.
En la misma reunión designaron gobernador interino a Ceniceros, el vehemente ciudadano católico. Entonces volvió a jurar sobre un texto jurídico que siempre detestó.

*Historiador y profesor universitario




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