Thursday 19 de January de 2017

Randy y la soledad

Cartas desde el exilio

     27 Jun 2011 04:00:00

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Primero salva las campanas, después elévate sin piedad y vuela sobre los ojos ionizados de Dridam. Acaso tus sueños no se hagan realidad, pero el sólo hecho de abismarte en los pliegues de una improbable felicidad cambiará para siempre la inveterada melancolía tuya, esa enfermedad crónica que te hermana con los espectros de antaño.
Ya no esperes que se levante un muro solidario frente a la tragedia tuya. Mejor cava como los topos y levita como los niños. No pidas ayuda a tu alrededor porque el paisaje está desolado y sólo escucharás el eco lacrimoso de tu propia perorata. Sal de la tormentosa noche y enciende un poco de fuego en el interior del alma. No crearás fuegos pirotécnicos festivos, tan sólo un modesto halo de armonía que te acompañará en tu milagroso vía crucis de pequeños goces mundanos.
No llores por tu soledad, sigue escuchando la música dentro del laberinto y ella modulará la cadencia tuya más de lo que alguna vez imaginaste. Acéptalo, ése es el problema: has perdido la capacidad de transmutación. Es verdad, los golpes han sido contundentes, te han destrozado aquella mandíbula de acero que tanto presumías cuando peleabas en los callejones malolientes.
Ya no arrancarás con los dientes las corcholatas de los refrescos y las cervezas; ya no infundirá temor la arcana mirada tuya. Tampoco encantarás a las mujeres con la verborrea sentimental de tus canciones. Ahora la lucha es verdadera y, por lo mismo, cruel. No estabas preparado para encarar este desafío porque tu creencia en los otros era religiosa. Esa ceguera alimentaba tu fe, al tiempo que obnubilaba la ironía que necesitan los guerreros para avizorar las calamidades del futuro.
Las redes de los pescadores tienen menos agujeros de los que pensaste, se lo llevaron casi todo. Con la ayuda de alguna deidad desconocida, lograste escapar convirtiéndote en pez, luego en ave, después en conejo parlanchín y ahora en silencioso delirante. Mantienes el swing y el toque de tu padre sin aprovechar los poderes mágicos que secretamente incorporan a las cosas. Peor aún, ya no juegas con el musitrón que te dio cuando eras niño.
Ábrelo con cuidado. Frótalo con suave contundencia. De su cono saldrán todos los sonidos del cosmos, la música de las constelaciones; las intervalos probables y los improbables se desplegarán de manera simultánea. Los acordes que imaginas se plasmarán visualmente mientras palpas las grafías de este discurrir portentoso. Tus lágrimas ya no serán estalactitas, tu rostro cambiará como también lo harán tus manos. Ahora Randy, retoma gozosamente el camino a Dridam.

*Miembro del SNI




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