Tuesday 24 de January de 2017

Realidad política y ficción electoral

     2 Apr 2013 03:30:00

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La Sierpe es un país de leyenda, dentro de la costa atlántica de Colombia, descrito por Gabriel García Márquez como un lugar rebosante de hechicería y supersticiones; “uno de los episodios más corrientes de la vida diaria es vengar una ofensa con un maleficio como ese de hacer que al ofensor le nazca, le crezca y se le reproduzca un mico dentro del vientre”. Tal como lo hacen ahora los aspirantes a las presidencias municipales.
Cuando el entonces joven colombiano García Márquez escribió en 1954 aquellas cuatro crónicas de La Sierpe y los pantanos de La Guaripa, describió con ese estilo periodístico de entonces, los componentes de sociedades primitivas y salvajes, donde cualquier sujeto con alguna idea cubierta de superchería podía dominar y adueñarse de miles de almas ingenuas. Y no hay mucha diferencia de La Sierpe con el México profundo, de la periferia, ese que tiene en su casa al aparato de televisión en un altar y que no le interesa la educación. Es decir, la mayoría de los 60 millones de pobres que se han convertido, o los han transformado, en una excelente maquinita de hacer votos.
Escribió en 1954 el escritor colombiano describiendo a La Sierpe: “se enamoran como católicos y como españoles. Tienen un sentido trágico del amor, con celos, aguardiente y machetazos; y un sentido poético que estimula a los galanes para cantar a su doncella largas y graciosas coplas de amor, de una belleza ingenua y extraña. Es gente que cree en Dios, en la Virgen y en el misterio de la Santísima Trinidad, pero los adoran en cualquier objeto en el que ellos crean descubrir facultades divinas y les rezan oraciones inventadas por ellos mismos”.
No es México, aclaro, es La Sierpe, pero los parecidos son muchos. Más que analogía con estos relatos de García Márquez destaca la metáfora que los encierra en la descripción, en los ingredientes que contienen, en la psicología social que describe y en el descubrimiento de esta categoría humana. Contra ellos, las batallas están perdidas porque le tienen una fe ciega y catastrófica a quien ejerce y tiene poderes heredados de la Marquesita, la bruja mayor que los ha dominado, aún después de su muerte, -por más de 71 años-. Y ahora, han redescubierto los poderes sanadores de jesusito, una figura hecha de madera y que ha sido reproducida por decenas.
Por eso, hay que preguntarnos, ¿cuánta verdad hay en la superchería que envuelve y cubre a algunos aspirantes que han demostrado ser ineficientes e ineficaces en los cargos públicos y que ahora quieren continuar en la administración pública? Se presentan como candidatos ciudadanos, como los redentores que salvarán, ahora sí, a una sociedad con sed de justicia, porque saben que traen “poderes heredados” que son difíciles de romper entre quienes siguen temiendo a la bruja mayor, los que dicen que no son los votos sino el dinero el que ganará en julio próximo.

*Periodista freelance
Director de elhorizontal.com
edgarfelix@elhorizontal.com




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