Saturday 21 de January de 2017

Reforma educativa en México

La reforma estructural que requiere el país para elevar la calidad de la educación es -y debe ser- inaplazable\"

     24 Jan 2011 04:00:00

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¿Por qué es necesaria una reforma educativa con rango constitucional en nuestro país? Porque hoy en día nuestro sistema educativo nacional,  que permite cumplir  con el mandato constitucional para que todos los ciudadanos tengan acceso a la educación,  no garantiza la igualdad de oportunidades educativas.

Por el contrario, funciona mediante un circuito que desde hace décadas ha generado condiciones de rezago, proyectando las desigualdades sociales que privan en el país, aunado a un proceso irreversible de la depreciación de la calidad de la enseñanza y del capital social.
Desde diversos foros los padres de familia, el magisterio, intelectuales, las universidades, organizaciones no gubernamentales y, en general, quienes conforman la comunidad educativa, se han pronunciado por una transformación integral del modelo educativo, planeada, consensada, de fondo, con objetivos y metas medibles.
En una palabra: una política de Estado educativa alejada de los cambios de gobierno, régimen político o de partidos en el poder, que garantice el financiamiento del Estado-Federación a  la educación y los servicios educativos del 8% del Producto Interno Bruto.
Ese porcentaje lo establece el artículo 25 la Ley General de Educación, el cual también dispone que de ese presupuesto se debe asignar, al menos, “el 1% del Producto Interno Bruto a la investigación científica y al desarrollo tecnológico en las instituciones de educación superior públicas”.
En cierta medida, el sistema educativo nacional cumple con muchas de las disposiciones establecidas en nuestra legislación, como el artículo tercero de la Ley General de Educación, que dispone que “el Estado está obligado a prestar servicios educativos para que toda la población pueda cursar la educación preescolar, la primaria y la secundaria”.
Se ha alcanzado la universalización de la educación primaria, pero a la par han crecido fenómenos de inequidad, de deserción escolar en los niveles de secundaria y educación media superior, aunados a un grave déficit en cuanto a infraestructura educativa.
Es decir, hay una calidad de la educación diferenciada entre modalidades educativas, entre grupos y regiones del país, entre el noreste y el suroeste, entre las escuelas de las grandes urbes y las zonas marginadas, y las de tipo comunitaria, indígena y telesecundarias.
En las escuelas multigrado, por ejemplo, un mismo docente atiende a niños de varios grados; en los cursos comunitarios no es un maestro profesional, sino un joven de la comunidad que tiene secundaria.
Estos servicios difícilmente pueden ofrecer una enseñanza de la misma calidad que una escuela de organización completa, con maestros profesionales y suficiente equipo.
Nuevo paradigma educativo
Es indudable que se ha agudizado la problemática de la educación en el país y que, frente a los nuevos parámetros de medición (aceptados como estándares de competencia económica desde que se abrió el país a los mercados internacionales), los retos son tanto más grandes, como inéditos en muchos casos.
Por eso, desde el inicio de su gestión el presidente Felipe Calderón Hinojosa reconoció la urgencia de elevar la calidad de la educación a través de una reforma del sistema educativo.
Ello, en virtud de que estamos ante un verdadero cambio de época que ha puesto a todas las naciones en el predicamento de decidir si se permanece igual o se asume el reto de “lanzarnos con todo en la construcción de un país moderno”.
De hecho, ante la necesidad  de revertir el bajo nivel de desarrollo de competencias y elevar los índices de aprovechamiento de los estudiantes, fue suscrita la Alianza por la Calidad de la Educación (ACE).
La iniciativa fue impulsada por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y avalada por el gobierno federal, a la que se sumaron gobiernos locales, pero prácticamente hasta ahí se agotó el consenso ante la falta de acuerdos respecto a la ruta que se debe seguir para alcanzar la tan anhelada calidad educativa.
La reforma estructural que requiere el país para elevar la calidad de la educación es -y debe ser- inaplazable.
Se debe hacer un esfuerzo compartido, sin caer en la tentación fácil de la crítica contra algún sector del proceso educativo.
La modificación en los modelos de aprendizaje, docencia y organización educativa le corresponde al Estado nacional.
Los esfuerzos por tener una mayor competitividad y productividad de la fuerza laboral, el replanteamiento de las relaciones entre los maestros, las autoridades y la sociedad civil, así como la redefinición del rol que deben jugar los maestros ante los desafíos futuros de sus alumnos, tienen que ser articulados y encabezados por las autoridades responsables de la planificación y administración de la educación en las entidades del país.
Estamos frente a un momento de definiciones. No hay otro camino más que avanzar en el proceso educativo en términos de calidad y equidad, porque de esta manera se podrán cerrar las brechas de desigualdad y pobreza que padece el país.
Y mientras en el país analizamos y debatimos qué rumbo debe tomar la educación, otras naciones en el mundo con economías similares a la nuestra, como India, Corea, Taiwán –y a nivel regional, Brasil y Chile- están avanzando en los cambios estructurales de sus sistema educativos, lo que ha permitido elevar su calidad educativa, renovando sus esquemas de competitividad económica.

*Presidente de la
Fundación SNTE
 




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