Sunday 22 de January de 2017

Reforma política incompleta

     11 Nov 2011 04:00:00

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Hace unas semanas  comentaba en este espacio la trascendencia de que los diputados lograran un consenso y aprobaran varios puntos de  la reforma política casi por unanimidad, destacando también que no transitaron  otros puntos, a decir de muchos los de mayor relevancia, para hablar de una verdadera reforma política.
A casi 100 años de su publicación, nuestra Constitución ha tenido  más de 500 modificaciones, entre reformas y adiciones,  la mayoría de ellas buscando siempre mejoras para el país, de tal manera que la tarea reformadora ha sido intensa, aunque los resultados no siempre han significado un avance.
A lo largo de la historia  ha sido una constante que las reformas generen en la sociedad grandes expectativas, invariablemente se espera que el resultado de la misma se traduzca en magnánimos cambios para la vida política del país.  
La reciente reforma política no fue la excepción, principalmente se esperaba de ella un importante avance en el rubro de la democracia ciudadana, se anhelaba una transformación mayor, primordialmente porque algunos puntos estaban orientados al empoderamiento de la ciudadanía.
Finalmente, tras meses de discusión la reforma ha sido aprobada, y los cuestionamientos han sido muchos, no solo por parte de la población, las críticas vienen de los propios diputados que  consideran que lo alcanzado es sumamente limitado, y hablan de una reforma política incompleta, ya que fue más lo rechazado que lo aprobado.   
Otros ni siquiera la consideran una reforma política, pues señalan que los puntos  discutidos y aprobados no representan un cambio importante para nuestro sistema político, pues se frenó la intención de un cambio al  régimen presidencialista de nuestro país, así como modificar las relaciones entre los poderes y de nueva cuenta se dejo de lado la reforma política de fondo que urgen los ciudadanos de la capital de la república.
Resulta interesante que los propios actores reconozcan que la reforma política no tuviera el alcance deseado, cabe reflexionar sobre la necesidad de que nuestro poder reformador realice su tarea obedeciendo al pueblo y no a sus dirigencias de partido, que a final de cuentas fue lo que freno la verdadera reforma, situación de la que están plenamente conscientes aunque no lo digan.
Precisamente lo que se dejo pendiente: la revocación del mandato, la reelección consecutiva de legisladores, entre otros, hubiera representado un paso importante, de aprobarlo, habría significado un gran avance, al darse una verdadera  reforma que modificara nuestro régimen político y garantizara la participación ciudadana en los asuntos políticos.
Se habría dado el paso a la democracia directa,  logrando lo que por años se ha exigido: que la sociedad participe  en la toma de  decisiones. Por lo pronto podemos hacer mucho a través de  la iniciativa popular,  única prerrogativa que otorga la reforma a la ciudadanía.

*Docente investigadora de la UAZ
 




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