Thursday 19 de January de 2017

Robin Hood, pero al revés

Hay quien cree que el tamaño del Estado debe ser tan pequeño como sea posible (comúnmente, a eso le llamamos derecha) y otros que creen que debe ser tan grande como sea necesario (a eso se le suele llamar izquierda).

     23 Jun 2011 04:00:00

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Aunque todos lo demos ahora por sentado, el Estado no es parte de la naturaleza humana. La lógica en la que todos cedemos espacios de libertad y recursos (en teoría, recursos excedentes de nuestra generación de riqueza) es una construcción de los humanos para enfrentar los problemas comunes.
 

Desde que existe el Estado existe también un debate sobre la propia necesidad de su existencia. Hay quien cree que el tamaño del Estado debe ser tan pequeño como sea posible (comúnmente, a eso le llamamos derecha) y otros que creen que debe ser tan grande como sea necesario (a eso se le suele llamar izquierda).
A mí, ambas posturas me parecen demasiado ambiguas. El Estado mínimo y el Estado máximo son conceptos inútiles a la hora de fijar discusiones como la educación, la seguridad, la salud y otros temas particulares.
¿Cuántos policías debe contratar el Estado para garantizar la seguridad? ¿Cuántas universidades se deben construir, equipar y mantener para cubrir las “necesidades” de educación de un pueblo? Como diría nuestro filósofo popular Mario Moreno “Cantinflas”: “ahí está el detalle”.
Yo soy de los que creen que el Estado debe ser tan grande como sea necesario. Pero también creo que la existencia del Estado debe respetar el principio de la justicia como equidad, que bien explicó John Rawls en su teoría de la justicia.
Es más: creo que toda visión de izquierda que no tome en cuenta los análisis y ensayos de John Rawls y Amartya Sen es anacrónica y regresionista. Lamentablemente, en esa definición caben casi todas las corrientes de “izquierda” que existen en nuestro país.
Vamos situando ejemplos concretos para que usted identifique la visión distributiva de Rawls. Y vamos haciéndolo a partir del Informe de Desarrollo Humano que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentó la semana pasada.
Una buena parte de la “izquierda” mexicana está en contra del llamado “gasolinazo”. Quieren que el gobierno incremente los subsidios en este bien. Pues mire: actualmente, por cada 100 pesos que el gobierno gasta en subsidiar la gasolina, 40 pesos los recibe el 20% más rico de la población.
En cambio, el 20% más pobre de la población solo recibe 8 de cada 100 pesos que el gobierno subsidia de gasolina. Es decir: acabar con el “gasolinazo” beneficiaría 5 veces más a los más ricos que a los más pobres. Robin Hood, pero al revés. Y todavía quienes defienden esta postura se dicen de “izquierda”.
Niveles similares de injusticia y desigualdad se reproducen con programas como el Procampo, el subsidio a las tarifas eléctricas residenciales e, incluso, el sistema de pensiones de IMSS e ISSSTE.
En cambio, en el programa “70 y más” que beneficia a adultos mayores de pequeñas localidades, el 20% más pobre de la población recibe el 55% de los recursos que ejerce el programa, mientras el 20% más rico recibe el 13% del total. Es decir, cada peso que se invierta en este programa beneficia 4 veces más a los más pobres que a los más ricos.
Más ejemplos los ha dado el Banco Mundial en su estudio sobre “círculos virtuosos”. Mientras el 20% más pobre de la población recibe el 30% de los recursos destinados a educación primaria, no recibe ni el 3% de los recursos destinados a Educación Superior. En cambio, el 20% más rico de la población se queda con el 50% de los recursos destinados a universidades “públicas”.
Por ese tipo de situaciones seguimos siendo uno de los países más desiguales del mundo. Seguimos teniendo a una clase dirigente que es improductiva, pero que a la hora de engañar a la sociedad es tremendamente efectiva, escondiendo privilegios y saqueos en banderas de “justicia social” que reciben millonarios recursos.
En cambio, los sectores realmente desfavorecidos no tienen voz para empujar una agenda que les favorezca.
Si duplicáramos el gasto en Oportunidades, Seguro Popular y “70 y más” y redujéramos a la mitad el gasto en subsidios a tarifas eléctricas, gasolinas y Procampo, seríamos un país mucho más justo e igualitario.
Pero a nuestra “izquierda” no le alcanza para ver esa realidad. Son como Robin Hood, pero al revés.
*Diputado local
 




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