Friday 20 de January de 2017

Rompeolas

Si los gobiernos son incapaces de escoger sus batallas, será imposible que cosechen victorias.

     9 Jun 2011 04:00:00

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La wikipedia define al rompeolas como “una estructura costera que tiene por finalidad principal proteger la costa o un puerto de la acción de las olas del mar o del clima”. También conocido como cortaolas o malecón, dice la wikipedia, los rompeolas “son calculados, normalmente, para una determinada altura de ola con un periodo de retorno especificado”.

Desde que asumí el cargo como diputado local, he tratado de estudiar y comprender el fenómeno delincuencial y de violencia que azota a nuestro país y, particularmente, al estado de Zacatecas y al municipio de Guadalupe.
He recorrido colonias conflictivas y estudiado las estadísticas disponibles en registros y encuestas, y encuentro un fenómeno cada vez más violento, cada vez más presente en jóvenes y cada vez menos predecible.
Hace 5 años, casi la mitad de los hechos delictivos tenían que ver con el robo a transeúnte. Este porcentaje se ha reducido prácticamente en un 50%, aumentando en contraparte, de forma exponencial, el robo parcial a vehículos y la extorsión.
Los delincuentes menores de 35 años pasaron de representar un 60% del total, hace 5 años, a representar más de un 80% en la actualidad.
Están en lo correcto quienes describen este fenómeno como una “ola” de violencia y delincuencia.
Como en las olas, la violencia presenta un fenómeno de retroalimentación positiva entre dos variables, solo que aquí dichas variables no son la altura de las olas y el viento, sino la falta de oportunidades de realización individual y los niveles de violencia.
Un joven que no tiene trabajo ni oportunidades de estudiar asiste en su soledad a la tienda de la esquina, donde encuentra a otros jóvenes en circunstancias similares. Es un fenómeno que veo suceder todos los días en las colonias y comunidades de Guadalupe y el resto de los municipios.
Ahí, los jóvenes consumen alcohol. Uno de ellos “invita”. Al día siguiente, el joven que “invitó” ya no tiene dinero. Le toca invitar a otro y para ello va a su casa y roba a su madre, que salió a trabajar en labores domésticas.
Después de varios días de convivencia alcohólica, la gama de vicios se expande a mariguana, crack, cocaína y heroína. Ya no basta con robar en casa y se roba una casa de un vecino o un coche que se ve en la calle. Se va dejando de pensar en conseguir trabajo y conformándose una asociación delictiva con el narcomenudista que les provee esas drogas a los jóvenes. El proveedor empieza a regalarles la droga, a cambio de que ellos la distribuyan, y estos jóvenes pasan de delincuentes a sicarios en unos cuantos meses.
Los rompeolas se colocan para proteger la costa; para ponerle un fin a las olas y para generar un periodo de retorno en específico.
Desde mi punto de vista, más que el combate al crimen organizado en sus dimensiones más violentas, que es una tarea de responsabilidad fundamentalmente federal y del ejército, los gobiernos locales tienen que generar programas “rompeolas”.
La altura de la ola en la que debe estar calculada esa estructura es precisamente el punto de transición entre delincuente y sicario; las autoridades estatales deben centrarse en los robos a casa-habitación y a automóviles, que son los que financian a los llamados “rateros” y los llevan a convertirse en miembros del crimen organizado.
Ahí tienen que concentrar sus actividades y en el método de “retorno”, con programas de artes y oficios y otras instituciones flexibles, como los Institutos de Capacitación para el Trabajo que hemos propuesto en el Congreso.
Después de cumplir con sus penas, aquellas personas que sean detenidas por este tipo de delitos deberían tener un periodo forzoso de 3 meses de capacitación, con una beca del gobierno, y luego 3 meses de trabajos forzados, también becados, en algún asunto de beneficio social.
Contra los sicarios de alto rango no queda más que formar cuerpos de elite y plantear la presencia permanente de las fuerzas federales y la realización de operativos quirúrgicos. Mientras tengamos siete veces menos policías federales per cápita que la media nacional, seguirá habiendo secuestros y saqueos en nuestras carreteras.
Si los gobiernos son incapaces de escoger sus batallas, será imposible que cosechen victorias. Los gobiernos locales, tanto a nivel estatal como municipal, deben adoptar estrategias “rompeolas”, incluso de tipo preventivo en adolescentes y niños, para evitar la transformación de sus jóvenes en sicarios.
Si no se pone fin a las olas, las playas tienden a erosionarse. Si no ponemos fin a la violencia, podemos irnos despidiendo de nuestra República y sus límites y empezando a rezar que el tsunami que se está gestando en las placas tectónicas de una nación en ruinas, no arrase con nuestros hogares y nuestras familias.

*Diputado local




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