Wednesday 22 de March de 2017

Ryuchi y los dioses del porvenir

Cartas desde el exilio

     17 Oct 2011 03:30:00

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Cuando terminó de leer “Las partículas elementales”, Ryuchi sintió una profunda desazón que en verdad no le pertenecía. Pero como todo mundo sabe, los mecanismos empáticos y los restos piadosos del cristianismo recesivo suyo a menudo lo empujaban a identificarse con espíritus lacrimosos ajenos a su vital temperamento.
Ryuchi parecía olvidar que libros como aquel fueron los estertores finales de la moribunda cultura occidental del siglo 21, civilización paradójica que ahora a nadie parece interesarle.
Ese desgarrador canto del cisne fue el signo mortuorio de una humanidad, así la llamaban entonces, incapaz de entender y amar lo intangible.
Hoy únicamente celebramos los vestigios de la arcanas culturas mediterráneas anteriores al racionalismo cristiano y a los plúmbeos dogmas inventados  por los diversos monoteísmos religiosos.
Nuestros dioses se asemejan a las viejas deidades de aquellos pueblos pletóricos de imaginación y gozo terrenal. Al respecto, el propio Ryuchi ha defendido una hipótesis muy audaz, afirma que si bien existe una suerte de trazo helicoidal que une a ambos seres, los actuales carecen de pulsiones providenciales. Son humildes y han aceptado la idea de que el azar tiende a destruir los senderos lineales y los determinismos pútridos.
Además, Ryuchi piensa que están saludablemente alejados de las proyecciones antropomórficas y los devaneos universalistas. No asumen las metáforas espaciales de las alturas celestiales y los infiernos punitivos, ni las analogías del más allá y del más acá.
Por el contrario, son interiores y evanescentes, acaso partículas en dispersión que oxigenan los sentidos y el pensamiento, como si fuesen melodías que en su fuga hacia el cambio permanente dejasen pequeñas incisiones de éxtasis.
No son verbo encarnado ni arrogantes creadores del cosmos; son más bien prudentes y jocosos, hijos de lo intangible al igual que los sentimientos, las ideas, los sueños y los mundos improbables. La benévola influencia suya ha permitido a nuestros pueblos socavar la tiranía de las necesidades de supervivencia. Atrás hemos dejado la compulsión por la acumulación material y de poder que tanto daño hicieron a los humanos de antaño.
A Ryuchi le causan pesar las historias trágicas del pretérito, no logra comprender las razones que llevaron a millones de personas al callejón sin salida de la aniquilación planetaria.
Jamás ha entendido la voracidad de sus apetitos y deseos; ni el vértigo embriagador que les provocaba el conflicto cotidiano, como tampoco el cultivo sempiterno de la inmadurez y del narcisismo.  
Terminaron amando la violencia y la vulgaridad, carecieron de una fuerza interior que los elevara por encima de las gratificaciones inmediatas. Hicieron lo imposible para convertirse en los otros, los extraños de sí mismos.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores




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