Sunday 22 de January de 2017

Salas de Urgencias de Zacatecas en código rojo

Los lugares se saturan con pacientes que, más que nunca, tienen que ser pacientes

     30 Jul 2012 03:20:00

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  • No hace falta ser derechohabiente para ser atendido tanto en el Hospital General como en la Uneme de Guadalupe. No hace falta ser derechohabiente para ser atendido tanto en el Hospital General como en la Uneme de Guadalupe.
  • Las salas de espera no sólo se llenan de pacientes, también de emociones. (Foto: Imagen) Las salas de espera no sólo se llenan de pacientes, también de emociones. (Foto: Imagen)
  • Sofisticadas máquinas están a disposición del equipo médico. (Foto: Ana García) Sofisticadas máquinas están a disposición del equipo médico. (Foto: Ana García)
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Familias se arruman bajo una cobija para resguardarse de esas noticias que podrían dejarlos fríos. Visten calzado cómodo, se sienten como en casa.
Frente a ellos, mandíbulas apretadas van y vienen de un lado a otro y se abren paso entre las filas de asientos de plástico. Los brazos cruzados gritan lo desesperante que es la espera.
La escena se reproduce, matices más, matices menos, cada fin de semana en las salas de urgencias de los diversos hospitales públicos del área metropolitana de Zacatecas.
Los hospitales generales del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), los Servicios de Salud de Zacatecas (SSZ) y el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), así como la Unidad de Emergencias Médicas (Uneme) de Guadalupe, ofrecen cobertura sanitaria pública tanto a habitantes de la zona conurbada como del resto del estado.
En los casos del Hospital General y la Uneme de los SSZ, y a diferencia de las demás instituciones, se atiende a población abierta, es decir, no es preciso ser derechohabiente de algún seguro.
A pesar de ello, el 90% de los pacientes del Hospital General de Ciudad Gobierno tiene Seguro Popular, lo que abarata costos para el enfermo, informa Luis Abraham Torres Chávez, jefe de gobierno de fin de semana del área de Urgencias.

Espera según la gravedad
Las diferentes clínicas reciben unas 100 consultas externas diarias en fin de semana. Uno de cada cuatro suele ser internado.
En la sala de espera el tiempo se detiene. A los pacientes les toca ser eso, pacientes y son comprensivos cuando la gravedad de otro asoma por la puerta.
Los responsables de urgencias destacan la confusa percepción que se tiene de dichos servicios.
Al respecto, el 85% de las 250 consultas que en promedio recibe cada fin de semana el Hospital del IMSS de Zacatecas son “urgencias sentidas”, informa Carlos Amador Muñoz Lira, coordinador auxiliar del centro.
Son dolencias leves como un dolor de cabeza de días atrás, pero para cuyo diagnóstico el paciente no visitó a su médico habitual. Malestares sin riesgo que ocupan salas de espera.
Del otro lado está la urgencia “de código rojo”, que es como en terminología médica se llama a las que necesitan terapia de choque inmediata, como una fractura, una descompensación por diabetes o una apendicitis.
De lunes a viernes, en el servicio de Urgencias del Hospital General del ISSSTE ingresa un estimado de 10 pacientes en “código rojo”.
En tanto, el fin de semana ese registro se alcanza en una sola jornada, cuentan Omar Alberto Venegas Gurrola, coordinador de Urgencias, y Dagoberto Cid Guerrero, responsable en fin de semana.
Los padecimientos más frecuentes en días de descanso son los traumatismos porque “durante el fin de semana se practica más deporte, se realizan actividades físicas en el hogar o, desafortunadamente, se incrementan los accidentes automovilísticos”, explica Cid Guerrero.
El director de la Uneme de Guadalupe, César Eduardo Medina Jara, también aprecia ese cambio en el perfil del paciente durante los días de descanso, ya que entre semana son comunes las infecciones respiratorias y diarreicas o las enfermedades crónico-degenerativas.

Trato humano
Un vendedor de semillas atraviesa la puerta del Hospital del IMSS para ofrecer su singular remedio para la ansiedad y acto seguido una señora sale del área de acceso restringido.
En sus manos trae un sobre tamaño doble carta. Ana María Paso arribó una hora y media antes por una insuficiencia cardiaca de su esposo, de 81 años, quien permanece en observación.
Lo atendieron de inmediato, lo estabilizaron y le hicieron un electrocardiograma y análisis varios. Aunque con suero, salió de peligro.
Ana María admira la rapidez con que los doctores recuperaron los signos vitales de su esposo. Ahora bien, del trato personal no opina lo mismo.
Según relata, se puso nerviosa al ver a su marido inestable y el médico reaccionó de manera grosera. “Ya están aburridos de trabajar”, reconoce.
Algo similar le aconteció a Juana Ibar. Llena de coraje, recuerda una conversación con el doctor que trata a su padre, atropellado por un tráiler entre Villa de Ramos, en San Luis Potosí, y Pánfilo Natera.
Después de dos días en observación en el Hospital General de los SSZ, sólo tuvo información superficial del estado de su padre y ningún doctor pasó durante el horario de visitas para darle información si no es porque ella lo solicitó.
“Pregunté cómo estaba mi papá y el doctor se carcajeó. Sólo me preguntó cómo lo veía yo y me dijo que iría al pasito, como si yo fuera doctora”, dice.

Entonan mea culpa
Luis Abraham Torres Chávez, jefe de gobierno de fin de semana del área de Urgencias en dicho centro, reconoce la escasa empatía médica con los pacientes y familiares.
“A menudo me solicitan información porque los médicos no lo hacen”, explica.
Agrega que si los doctores platicaran más con las familias se evitarían muchas demandas por negligencia, que en un amplio porcentaje se interponen por falta de comunicación, considera.

Médicos sin reemplazo
Los titulares de las cuatro unidades de urgencias coinciden en que lo básico de los servicios (instalaciones, dotaciones técnicas y biomédicas) está relativamente cubierto. Pero existe un bien sumamente escaso: el recurso humano.
En los cuatro centros se garantiza la asistencia con un equipo entre cinco y ocho médicos aparte de un número variable de enfermeros, internos y trabajadores sociales.
“Estamos completos en número, pero si salimos dos internistas de vacaciones no hay quién nos supla”, advierte Torres Chávez, del Hospital General de los SSZ, circunstancia que atribuye a la escasa oferta nacional de especialistas.
Al respecto, su homólogo del Hospital General del ISSSTE comenta que las sustituciones no siempre son bien remuneradas, lo cual inhibe a muchos especialistas y acrecienta ese deficit sanitario.
La situación se torna más delicada camino al quirófano. Por lo general, los servicios de urgencias en Zacatecas sólo disponen de un cirujano y un anestesiólogo, razón por la que, incluso con disponibilidad de quirófano y priorizando las emergencias sobre las cirugías programadas, sería imposible realizar dos intervenciones de manera simultánea.
En cuanto a espacios y equipamiento, el principal problema sigue siendo la falta de camas.
La dificultad para encontrar habitación libre en los hospitales obliga a los servicios de urgencias a mantener más tiempo del deseado a los pacientes en salas de observación en las que no deberían permanecer más de 12 horas.
En el caso de los SSZ, la Uneme de Guadalupe, situada en las instalaciones del antiguo Hospital General, sirve de desahogo. Aunque no dispone de quirófano, permite internar a pacientes y estabilizarlos en caso de crisis.
Por su parte, el responsable del servicio de fin de semana en el ISSSTE, Cid Guerrero, lamenta que "la saturación del servicio “nos obliga con cierta frecuencia a tener a pacientes en sillas, camillas o áreas de paso”.
Pese a ello, defiende el trabajo que en la medida de lo posible se desempeña en los hospitales. “Somos instituciones nobles con el objetivo de resolver problemas de salud, pero desafortunadamente el número de pacientes siempre supera la capacidad”, dice.

Hágalo usted mismo
Otro asunto son las herramientas. En un recorrido por las entrañas del Hospital General de los SSZ sorprende ver la amplia variedad de aparatos de última tecnología de que se dispone. Todas lejos de la obsolescencia.
El medidor de enzimas cardiacas que ofrece un estudio pormenorizado en menos de un cuarto de hora es uno de sus tesoros.
En cambio, de puertas afuera, Carlos Javier Robles sale con una pierna escayolada. Su férula no parece nueva. Llegó a que le checaran una fractura que se hizo en el pie hace tres meses.
Cuando le iban a retirar el yeso le dijeron que no había cortadora en el hospital. El plan b que le ofrecieron fue quitársela en casa con agua tibia.
Torres Chávez, titular de Urgencias en fin de semana, explica que “una de las dos sierras de Stryker está descompuesta y la otra permanece guardada bajo llave para que no se pierda”.




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