Saturday 21 de January de 2017

Ser pobres de espíritu para conquistar el reino de los cielos

El Día del Señor

     14 Oct 2012 03:40:00

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  • Así como el hijo pródigo, debemos humildemente volver a los brazos de nuestro creador. Así como el hijo pródigo, debemos humildemente volver a los brazos de nuestro creador.
  • Así como el hijo pródigo, debemos humildemente volver a los brazos de nuestro creador. Así como el hijo pródigo, debemos humildemente volver a los brazos de nuestro creador.
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INTRODUCCIÓN
Estamos en una sociocultura que valora demasiado el poseer bienes terrenos: materiales, espirituales como el poder, unido siempre con el dinero, la cultura en todos los campos de las artes, ser famoso como los artistas, los grandes jugadores en los deportes, descollar en la vida política.
Pero también, si no se es famoso o si no se tiene poder, ni dinero, es propio del ser humano desear tener comodidades, trabajos bien remunerados, satisfacer un mínimo de posibilidades para tener vacaciones, atender la educación y la salud.
Muchas personas viven al día y ambicionan tener posibilidades de poder disfrutar siquiera con el mínimo de bienes que hagan la vida más llevadera y placentera.
Nos damos cuenta al mismo tiempo, de las grandes carencias y necesidades que tienen millones de personas que son pobres, marginados y sufriendo las desigualdades de situaciones que favorecen a unos cuantos en bienes de toda clase, mientras la mayoría se debate en la miseria y en la penuria de cada día, para satisfacer las exigencias más elementales y vivir de manera más humana y digna, frente a tantas injusticias que se generan en la manera como se vive en las sociedades de nuestro país y en el mundo.
¿Cómo ser felices pidiendo a Dios que a todos dé lo necesario como fruto del trabajo que cada uno puede desarrollar? ¿Cómo conquistar la vida eterna a partir de los sufrimientos y alegrías fugaces que brinda la existencia en nuestro mundo tan complejo y difícil?

SER POBRES DE ESPÍRITU PARA CONQUISTAR EL REINO DE LOS CIELOS
Las lecturas bíblicas de este domingo nos hablan de algunos aspectos o realidades que son caminos válidos para ser felices en este mundo, a saber:
A) La primera lectura tomada del libro de la Sabiduría, nos revela: “Supliqué y se me concedió la prudencia y vino sobre mí el espíritu de sabiduría. La preferí sobre todas las cosas valiosas de este mundo, todos los bienes me vinieron con ella; sus manos me trajeron riquezas incontables”.
La humildad, y la pobreza de espíritu con el desprendimiento de los bienes de este mundo, en el plan de Dios y en orden a poseer el Reino de los Cielos, son base para adquirir la sabiduría para poseer los valores que le dan sentido al aquí y ahora de nuestra existencia terrena y tener, al mismo tiempo, el alma abierta al misterio del Reino de Dios que trasciende todo lo que podamos imaginar y poseer. Con el Reino de Dios se llegan a adquirir los bienes que hacen verdaderamente dichosos a los que los poseen por gracia del mismo Dios y con la colaboración libre de los hombres para instaurar la comunión de la participación, el servicio y el amor fraterno. En una palabra: instaurar la civilización del amor.
B) En el trozo de la Carta a los Hebreos como segunda lectura, constatamos que la palabra de Dios, descubre los pensamientos e intenciones del corazón, porque al escucharla y asimilarla, llega hasta lo más íntimo del alma, hasta la médula de los huesos y descubre los pensamientos e intenciones del corazón... todo queda al desnudo y al descubierto ante los ojos de aquel a quien debemos rendir cuentas al final de nuestras vidas. La palabra de Dios nos ilumina y nos descubre el valor auténtico de nuestras vidas ante la presencia de Dios y nuestra incorporación al plan de salvación que Dios Padre nos descubre por Cristo, sabiduría encarnada, y con las luces y gracias del Espíritu Santo.
C) El evangelio que hemos proclamado en esta eucaristía dominical, nos habla de aquel famoso diálogo entre Cristo y un hombre joven que siendo muy rico pregunta a Jesús algo definitivo y trascendental: “¿Maestro bueno qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?”.
Sabemos lo que Cristo le dijo: que guardara los mandamientos divinos. El joven le contestó que desde su niñez los guardaba... Jesús lo miró con amor y le dijo: sólo una cosa te falta: ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme. Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció, y se fue apesadumbrado porque tenía muchos bienes.
Para seguir a Cristo, que no vino a ser servido sino a servir y dar la vida por todos los hombres que redimió del pecado y de la muerte. Señor que siendo riquísimo como el Hijo de Dios que todo lo creó y lo posee, se hizo pequeño, humilde y fiel hasta la muerte y muerte de cruz. Su vida quedó sintetizada cuando dijo que el Hijo del hombre no tenía dónde reclinar la cabeza, que las zorras tenían sus madrigueras y los pájaros nidos, en cambio él nada, más que su amor y su entrega para salvarnos. Esta es la pobreza de espíritu, cuando Jesús se hizo pobre, humilde para enriquecernos con su pobreza.


SEAMOS POBRES Y RICOS EN EL REINO DE LOS CIELOS PARA SER AHORA DICHOSOS EN LA CRUZ DE NUESTRA ENTREGA
Para ser pobres de espíritu con Cristo, pidámosle en esta eucaristía, la fortaleza, la humildad, la sabiduría y el coraje para seguirlo desprendiéndonos de todo aquello que nos impida poseer los tesoros del Reino de Dios. He aquí la verdadera felicidad que perdurará para siempre, si es que nos dejamos atraer por el amor y la fuerza de la pascua de Jesús, mientras vamos de camino en pos de la felicidad auténtica y verdadera. Jesús nos dice hoy y siempre: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

*Obispo Emérito de Zacatecas




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