Friday 24 de March de 2017

Siervos y jefes

Cartas desde el exilio

     14 May 2012 03:40:00

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Los políticos rústicos son funcionales a los intereses de los tiburones más avezados; la ignorancia suya y el mendaz servilismo elevan los bonos de su elegibilidad. Alguien que piensa y actúa en consecuencia es peligroso para el sistema de dominio. Más vale disponer de personas medianas que son incapaces de rechistar, pero excelsas son en el arte de doblar la columna frente al amo, porque se imaginan un mañana privilegiado para ellos.
En México, los ciudadanos creativos, pensantes y honrados raramente tienen cabida en los distintos niveles de gobierno o en las instituciones sociales y culturales. Por esta razón, una y otra vez, el avión  se ha quedado varado en la pista de despegue. La mediocridad de los pilotos ha sido patética y los siniestros se han sucedido como si fuesen el destino fatal de un país maldito.
Nuestra desgracia adquiere tintes trágicos cuando se le compara con la vitalidad de otras naciones antes similares que le han puesto límites a los desmanes provocados por los agrestes. Saben que no podrían ir a ningún lado con gobernantes ignorantes y autoritarios, ni con funcionarios improvisados, cuyo mayor atributo es complacer los impresentables deseos de los jefecillos de la tribu.
En lugar de amainar, los frutos de la vulgaridad se procrean sin cesar. Sobre todo cuando se emplea el erario público para apalancar la reproducción ampliada de la estulticia y engordar el círculo de “amiguetes”.  Nada molesta más a los mediocres que escuchar voces discordantes que rompen el confort de su aviesa melodía.  Enseguida salen al circo mediático a querer tapar con un dedo el sol  de las inmundicias generadas por los suyos. Incluso hay quienes buscan erigirse en salvadores de las instituciones a golpe de poses mediáticas sin importar que se viole la autonomía, por ejemplo, universitaria.
Al parecer, nada ni nadie puede detener esta ola que atropella la inteligencia. Tal vez, las generosas dosis de represión junto a la rampante corrupción han logrado domesticar a buena parte de la población. Quizá estemos convencidos de las bondades del servilismo o estemos cansados de pensar libremente. Posiblemente la demonización de la crítica haya menguado la voluntad de enfrentarnos al poder .
Atestiguo en la prensa y los medios electrónicos la pasión crítica de los jóvenes de la UAZ, de los estudiantes de la Ibero y  de los alumnos del Tec de Monterrey, y veo que aún tenemos una pequeña esperanza, un soplo de resistencia, una semilla activa. Estos jóvenes no quieren ser siervos del poder, quieren pensar y actuar por sí mismos. Están cansados de las patrañas, de los discursos huecos y autoritarios, de la retórica oficialista.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores




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