Monday 16 de January de 2017

¿Sillas de ruedas de plástico?

     30 Aug 2012 04:00:00

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Escribo este artículo en medio de la polémica desatada en redes sociales por la entrega, de parte del gobierno de Sonora, de 20 sillas de ruedas hechas a base de sillas de jardín. De entrada, yo no podría meter las manos al fuego por el gobernador de Sonora, Guillermo Padrés, caracterizado por ser uno de los panistas que más ha volcado el gobierno a favor de sus intereses políticos. A grado tal, que en Sonora ganó la elección interna de Acción Nacional, el impopular Ernesto Cordero.

 

Es pronto para saber si detrás de la adquisición (o donación) de estas sillas hay irregularidades.
Pero lo que no puedo aceptar es que las redes sociales sean dominadas por la ligereza y la amargura con la que muchos toman la nueva plaza pública que es Twitter.
Este tipo de sillas de ruedas (conocidas como Plastic Chairs) tienen varios años siendo utilizadas en países subdesarrollados para atender el problema del desabasto.
Muchos criticaron, ipso facto, la entrega de las sillas argumentando que eran de baja calidad, sin siquiera darse el tiempo de checar su proceso de elaboración.
Pero además, como sucede con muchos programas sociales, lo criticaron desde una posición privilegiada que parte de un hecho: no necesitan una silla de ruedas; y si necesitaran, quizás tendrían los recursos para comprarlas.
Cualquiera que haya estudiado sobre el tema, sabe que el problema original de le economía es la escasez. La distribución de los bienes y los medios de producción genera esa escasez.
Si hubiera disponibilidad ilimitada de agua potable, no sería necesario que esta nos costara o que planeáramos su uso. Lo mismo sucedería con cualquier otro bien.
Comento esto, porque aunque muchos crean que es obvio, lo que olvidan los críticos de este programa es que en México hay alrededor de 3 millones y medio de personas con discapacidad motriz, que son quienes potencialmente necesitan un aparato de estas características.
Si el gobierno tuviera recursos ilimitados, y pudiera entregar una silla de ruedas a cada uno de estos mexicanos con la mejor calidad, problema resuelto. Si el gobierno dejara de gastar en muchas cosas, y a través de una política de austeridad financiara estos programas, también.
Pero como no vivimos en ninguno de esos escenarios, las dependencias que atienden a personas con discapacidad, y gestionan o compran sillas de ruedas, tienen que recurrir a otras alternativas.
Por eso, más allá del caso particular del gobierno de Sonora (que pudo o no haber desviado recursos, nadie lo ha probado) las sillas de ruedas de plástico no parecen una mala opción, especialmente para quienes no tienen padecimientos graves y solo requieren de una silla de ruedas para traslados de corta duración, ejercicios de rehabilitación y su aseo personal.
Este tipo de sillas de ruedas son promovidas por una organización que se denomina Free WheelChair Mission (FWM), que las produce y distribuye con un costo aproximado de 70 dólares.
Esta organización ha podido emprender campañas en 86 países, entregando más de 650 mil sillas de ruedas de plástico, de las cuales más de 9 mil se han entregado en México.
No se ha aclarado aun si la organización y el gobierno de Sonora tienen una relación de cooperación. Pero más allá de eso, el concepto es realmente innovador y loable.
Si gracias a este invento, cientos de miles de personas que antes no tenían acceso a una silla de ruedas hoy lo tienen, eso es una gran noticia. Si no es la condición ideal, es un debate muy distinto. Pero los aparatos ya están haciendo diferencias notables en la vida de las personas, a diferencia de quienes solo se quejan en la comodidad de su computadora.
En “¿Cómo acabar con la pobreza?”, Paul Polak relata muchos inventos y mecanismos que le han permitido, desde la creatividad y la cultura del emprendurismo, combatir la pobreza.
Igual que en el caso de las sillas, hay muchos que pueden pensar que pasar de vivir con 1 dólar al día a vivir con 3 dólares no hace ninguna diferencia. De hecho, casi todos podemos pensar que ambas vidas son igualmente miserables, con excepeción de un grupo de personas: quienes viven así.
La lucha por un mundo ideal se libra ganando muchas batallas. Quienes inventaron la Plastic Chair y el economista Paul Polak (con sus inventos agrícolas en la India) están dando la pelea, mientras muchos supuestos idealistas se limitan a quejarse desde su cuenta de Twitter.

*Diputado local
jorge.alvarez.maynez@gmail.com




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