Monday 23 de January de 2017

Síndrome del fracaso

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     7 Sep 2011 04:00:00

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El discurso del presidente Felipe Calderón Hinojosa nunca deja de ser sorprendente, no por la riqueza de su contenido, sino, con frecuencia preocupante, por su vacuidad.
En palabras recientes, relacionadas con la inseguridad prevaleciente, se ha expresado como si él no fuera el máximo conductor de la gobernabilidad del país.
Por ejemplo, exige a la sociedad que asuma su responsabilidad en cuanto a la preservación del Estado de Derecho, la paz, el orden y el combate al crimen organizado.
A los gobiernos estatales y municipales les endilga igualmente esas obligaciones que, cierto, en diferente grado a todos nos competen, pero a él principalmente, más cuando en el momento actual la violencia existente es la que provocó cuando sin ninguna consulta con los restantes poderes de la unión, sin siquiera tener una estrategia, ni una política de Estado que lo respaldara y justificara, se lanzó en la aventura que ya ha costado la vida de más de 50 mil mexicanos y algunos extranjeros.
Varias veces ha externado críticas que en su boca más parecen búmeran que dardos lanzados por algún opositor al gobierno calderonista. No es que se autocritique; sucede que no se asume como máximo responsable del estado y siempre culpa de sus fracasos a los demás.
Para no ir más atrás en cuanto a aseveraciones desconcertantes, el lunes, ante el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, José Narro Robles, el Presidente dijo textualmente: “Lo que me parece a mí que no debe estar en ningún momento bajo discusión es el hecho de que para el estado no es opcional combatir o no al crimen…”.
¿Acaso alguien cometió la insensatez de decirle que el estado tiene la opción de combatir o no al crimen? Lo que en cambio le han dicho hasta la saciedad múltiples actores sociales, es que como máximo responsable, junto con los restantes poderes de la unión, él tiene, como suprema obligación salvaguardar la plena y soberana vigencia del estado, lo que incluye combatir al crimen.
Por lo visto la sordera social que padece -no hay más sordo que el que no quiere oír, o el sordo no oye, pero compone ¿qué refrán le acomodará mejor?- le impide escuchar lo que no sea el eco de sus propias palabras.
Sin embargo, en el mismo discurso, pronunciado cuando la UNAM le presentó en el Alcázar de Chapultepec las 36 propuestas contenidas en el documento "Elementos para la construcción de una política de estado para la seguridad y la justicia en democracia", Felipe Calderón anunció -ojalá no inadvertidamente- “la total disposición del gobierno mexicano para revisarla (la Estrategia Nacional de Seguridad), para precisarla, para mejorarla, para verdaderamente, adaptarla a las cambiantes circunstancias que se viven en el país”.
Deja una pizca de esperanza. Ojalá no haya hablado al buen tuntún.

*Periodista
ricgomm@hotmail.com
 




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