Tuesday 24 de January de 2017

Somos música

     20 Apr 2012 04:00:00

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Nada menos que Pitágoras, el filósofo y matemático de Samos, unos 400 años ante de Cristo, enseñaba: “Si  os preguntan ¿en qué consiste la salud?, decid: en la armonía. ¿Y la virtud?, en la armonía. ¿Y lo bueno?, en la armonía. ¿Y lo bello?, en la armonía. ¿Y qué es Dios? Responded aún: la armonía. La armonía es el alma del mundo. Dios es el orden, la armonía, por lo que existe y se conserva el universo”.
¿Y qué es armonía? Según el diccionario, “unión y combinación de sonidos simultáneos y diferentes, pero acordes”. Es por tanto un término musical que describe cómo componer lo diferente en un conjunto armonioso.
Pero ¿qué vemos a nuestro alrededor hoy? Tensión, angustia, depresiones, aburrimiento, sensación de sin sentido y absurdo. Los compases de nuestro mundo son como mucha música disonante de hoy, chirrían, atruenan, enloquecen. Basta con seguir los informativos escritos o audiovisuales. Hay un culto a lo discordante, un regodeo en la negatividad, que al terminar el telediario te preguntas: ¿es eso la vida?
No, no lo es. La tierra no es sólo sequía. El mar no es sólo tsunami. El vecino, no es necesariamente un potencial violador, maltratador o terrorista. La economía, aunque parezca mentira, no puede reducirse a puro déficit. Se estima que el 80% de las enfermedades modernas tienen su origen en el estrés y que las enfermedades relacionadas con el estrés suponen como mínimo el 75% de las consultas al médico de cabecera.
¿Cómo recuperar pues la armonía? Primero, despertando por dentro. Hay que volver a mirar al mundo y a nuestros semejantes con otros ojos. Detrás de los bloques tristes de la ciudad hay horizontes de campo. Y entre los rascacielos, pedazos de firmamento. Más allá de la mirada aviesa de mi jefe, un niño que se ha olvidado de jugar, y en la esposa aburrida o el marido desencantado, dos novios que soñaron una vez. ¿Se empañó aquel sueño? No, en el fondo ambos son los mismos.
El ser humano es algo parecido a una cebolla, con muchas capas. Vivimos en las superficiales: la de los quehaceres cotidianos, la última noticia, el último agobio. Pero detrás de todas las capas hay un fondo quieto y sin olas, una profundidad de mar. Si logramos conectar con esa zona imperturbada, recuperamos la armonía.
¿Cómo? Sus compases armónicos no se pueden oír sino en el silencio. Un modo de hacerlo es dedicar algunos minutos al día a la meditación, a contar respiraciones, a recitar una frase consoladora que provoque concentración, o simplemente a pasear sin darle al coco.
Es verdad que vivimos un momento en que para conseguirlo hay que luchar contra corriente. No es fácil hacer silencio, si la televisión está puesta todo el santo día. No puede escucharse la música interior si nos hemos convertido en adictos al ruido en sus mil manifestaciones de publicidad, consumo, ipod, móvil, internet, redes sociales, partidismo político y mil drogas más.
Al viejo campesino le bastaba con sentarse al atardecer en la puerta de su casa. Nosotros tenemos que dar algunos pasos más. Pero démoslos. Es cuestión de supervivencia.

*Centro de Colaboraciones
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