Wednesday 22 de March de 2017

Son personas

     2 Apr 2012 04:00:00

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En Madrid hay al menos 600 personas que duermen en la calle. Esta cifra fue recogida por los voluntarios de distintas entidades en el último recuento de 2010. Antes de poder calibrar el impacto de la actual crisis. Pero, ¿a cuántas personas no dejaron de contar, que se encontraran en parques, obras, inmuebles vacíos y otros lugares menos reconocibles que un portal o un banco de una plaza?
A las personas que duermen en la calle podemos sumar las casi mil 400 alojadas en plazas de albergue y otros recursos. Todavía no tendremos una idea aproximada de cuántas personas sin hogar hay en la capital de España.
En Europa empleamos una tipología llamada ETHOS para definir el "sinhogarismo".
Trece categorías repartidas en cuatro grandes grupos: Sin techo, sin vivienda, con vivienda insegura y con una vivienda inadecuada. Engloba lo que hemos llamado pisos patera, “camas calientes”, instituciones de distinto tipo, viviendas provisionales, ocupadas o con notificación de desahucio, asentamientos chabolistas y un largo etcétera. Pero, ¿a cuántos individuos? ¿cuántos proyectos vitales frustrados?, ¿cuántos sentimientos y emociones nos esconden las cifras?
Conviene detenerse en el significado de las palabras. Oponer persona a mendigo, indigente, vagabundo, pordiosero, alcohólico, vago, o cualquiera de los términos peyorativos con que habitualmente nos referimos a las personas que duermen en la calle.
Oponer hogar a techo; vivienda a albergue. Y recordar que las palabras no sólo definen la forma en que cada uno de nosotros entendemos la realidad, sino también la forma en que la construimos y la compartimos.
Como ciudadanos, no sólo tenemos derechos. Tenemos también responsabilidades que asumir de forma consciente y reflexiva. Necesitamos entender que no sólo es un problema de las administraciones, sino también nuestro.
Porque las necesidades básicas son algo más que techo, ropa y comida. También lo son el afecto y las relaciones. Necesidades que los profesionales y los recursos sociales no pueden cubrir solos. Por eso es tan importante el voluntariado como ejercicio responsable de ciudadanía.
Un voluntariado que salga al encuentro del otro, del igual, no para prestarle un servicio, sino para acompañarle, para que no esté solo. Aceptándolo incondicionalmente, sin juzgar, ni tutelar, ni dirigir. El voluntariado con personas sin hogar no necesita héroes, ni mártires. Sólo necesita compromiso.
 Las relaciones entre las personas sin hogar y el resto de los ciudadanos suelen ser hostiles, pero podemos cambiarlas. Convertirlas en oportunidades de inclusión. Por ejemplo, que los recursos sociales no son suficientes, ni adecuados. O que las personas sin hogar no necesitan sólo compasión ni caridad, sino ser reconocidos como ciudadanos y poder ejercer derechos y asumir responsabilidades que, hoy por hoy, les son negadas. O que el "sinhogarismo", al menos en su expresión extrema, la situación de calle, puede erradicarse. El voluntariado es una de las mejores formas de asumir, cada uno de nosotros, la parte que nos toca.

*Centro de Colaboraciones Solidarias




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