Friday 20 de January de 2017

“Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su hijo único”

El Día del Señor

     18 Mar 2012 03:40:00

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  • "Transfiguración de Jesús", de Rafael de Urbino.
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INTRODUCCIÓN
Este domingo nos centra en la gran revelación de Dios a los hombres de toda la historia de la salvación: Dios nos ha amado desde siempre y para siempre.
Su amor no tiene límites, porque Él en su ser divino y trascendente es amor. Al crear a los hombres dentro del universo que nos rodea, lo ha hecho con su omnipotencia e infinita sabiduría.
Todo lo que ha existido, existe y existirá, es manifestación de su amor que al plasmar a sus seres los llena de lo que Él es: bondad, misericordia, vida múltiple y abundante.
Todo, a partir de su ser divino, lleva el sello de su absoluta libertad y por eso también a los hombres nos ha hecho con inteligencia, bondad, vida y libertad.
En esta homilía los invito a reflexionar y aumentar nuestro conocimiento y nuestro amor, para que al avanzar la Cuaresma, vivamos cada vez más el misterio divino de nuestra redención y salvación.
Dios nos ha amado generosamente, sin merecerlo y pide una respuesta en la libertad y en la gratitud, pues, la donación que ha hecho al crearnos y al redimirnos, es por pura gracia, es un don inmerecido que requiere de todos y cada uno, dar una respuesta, en orden a nuestra liberación del pecado y de todo aquello que nos separa de la voluntad de Dios, como único camino para alcanzar la meta de la vida eterna que orienta y pone en marcha toda nuestra vida y la del cosmos asociado a la suerte del hombre.

“TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO, QUE LE ENTREGÓ A SU HIJO ÚNICO”
En efecto, esta estupenda y gran verdad que Cristo nos revela en el evangelio de San Juan, tiene la finalidad: “Para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna”. Dios no envió a su Hijo muy amado para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él.
“El que cree en él no será condenado, pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios”.
Aprovechemos, por consiguiente, ahondar en este tema del amor de Dios en nosotros, entre nosotros y en el universo que nos ve nacer, crecer, desarrollarnos y morir para pasar a la vida perdurable y perfecta del cielo.
Si por amor hemos sido creados y redimidos, tenemos la vocación ineludible de amar a Dios y amarnos unos a otros como él nos enseña por medio de su Hijo único.
Y este amor respuesta de nosotros para con Dios, se despliega como amor paterno, amor materno, amor conyugal y amor de amistad.
La Biblia nos habla del amor paterno.
El profeta Oseas 11, 1-4 nos revela, que Dios se comporta como un padre amoroso y tierno, que enseña a su hijo pequeño a caminar, cuidándolo, alzándole para que esté unido a su mejilla, lo alimenta constantemente y lo llena de ternura y seguridad. Se compromete para ayudarlo a crecer y que alcance la estatura del hombre pleno y perfecto.
Esto es precisamente lo que todo buen padre a imitación de Dios y con su gracia debe realizar con sus hijos en el seno de las familias.
El amor paterno, fiel, constante y lleno de generosidad, debe ser lo que caracterice a todo buen padre en la tierra, que participa del amor con el cual Dios lo llena y lo hace feliz.
También Dios en la Biblia nos habla del “amor materno”, escuchemos la palabra de Dios: “¿Acaso olvida una mujer a su hijo de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido” (Isaías 49, 15).
En circunstancias normales y aún en las extraordinarias, el amor de las buenas madres está hecho para dar la vida, protegerla, para la compasión y la ternura.
Amor fuerte, generoso y fiel en las buenas y las malas.
El amor materno cubre de bondad y sentido fundamental a cada hombre que viene a este mundo por voluntad del Altísimo y con la colaboración de las madres, que dan la vida que el mismo hacedor ha infundido en ellas.
Por otra parte, “el amor de los esposos” en la unión del matrimonio, es fundamentalmente un amor de deseo y de elección, que con la bendición divina debe permanecer fiel, constante y entrañablemente sacrificado día y noche.
Los hijos que nacen dentro del amor conyugal, estarán siempre protegidos, seguros con la amabilidad, entrega y cariño de los buenos esposos y padres, quienes con la bendición divina, juegan un papel importantísimo y definitivo en la vida de los hijos y de la familia entera. Todo esto en medio de las alegrías y satisfacciones que depara la vida y en medio de sufrimientos y penas.
Pero todo esto se trasciende cuando el amor que brota de Dios asegura la convivencia, la unidad y la fidelidad para toda la vida y más allá del tiempo y del espacio, perdurando en la eternidad.
Por último, la Biblia nos habla también del “amor de amistad” que es realmente un divino tesoro para quien lo tenga y lo desarrolle en el desinterés, en la oblación de quienes comparten gustos, intimidad y comunicación de ideales, buenas experiencias compartidas y ayuda fiel y perseverante cuando llegan las penas y los sufrimientos que conlleva la vida en este mundo.
Jesús mismo llama a sus discípulos y apóstoles “amigos” porque todo lo que el Padre le ha comunicado se los ha trasmitido.
 
CONCLUSIÓN
Concluyamos esta homilía, diciendo que el amor de Dios es como un océano sin orillas y sin fondo.
Todo lo que hemos dicho hasta aquí, no es más que una gota. Pero con la ayuda y gracia divinas, nos basta por el momento. ¿Qué debemos hacer después de haber recordado este amor, fuerte y digno?
Una cosa sencilla y muy noble: creer en el amor de Dios, acogerlo y repetir conmovidos con el evangelista San Juan: “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene (por Cristo en el Espíritu Santo) y hemos creído en él” (1ª. de Juan 4, 16).
Y recordemos que el amor se prueba con las buenas obras amando a Dios por encima de todas las cosas y a nuestros hermanos como él nos ha enseñado a amar.En todo esto consiste la verdadera razón de vivir y colmando de auténtica felicidad nuestro tránsito por este mundo hasta alcanzar el gozo del paraíso en la comunión de Cristo y los santos para siempre...

*Obispo Emérito de Zacatecas




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