Monday 23 de January de 2017

¿Todo es arte?

Periferia: Arte contemporáneo

     7 Sep 2012 04:00:00

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“La rue Le Peletier es un lugar de desastres. [...] Acaba de inaugurarse una exposición en el estudio de Durand-Ruel que, según se dice, se compone de cuadros. Ingresé en ella y mis ojos horrorizados contemplaron algo espantoso. Cinco o seis lunáticos, entre ellos una mujer, se han reunido y han expuesto allí sus obras. [...] Yo me descorazoné al verlos. Estos pretendidos artistas se consideran revolucionarios, “impresionistas”. Cogen un pedazo de tela, color y pinceles, lo embadurnan con unas cuantas manchas de pintura puestas al azar y lo firman con su nombre. Resulta una desilusión de la misma índole que si los locos del manicomio recogieran piedras de las márgenes del camino y se creyeran que habían encontrado diamantes.”

Crítica en Le Figaró, Albert Wolff

En los museos de nuestra época encontramos mingitorios, cajas de zapatos, un piso cuarteado, una sala vacía que se oscurece parcialmente,...  ¿Son arte? ¿Todo puede ser arte? ¿De qué depende su clasificación?
Resulta difícil definir qué es el arte, especialmente a partir de las vanguardias de la primera mitad del siglo 20 que comenzaron a “romper” los límites de lo que era considerado arte.
Sin embargo, aún cuando no tenemos una definición precisa, es relativamente sencillo clasificar a un objeto determinado como artístico: una pintura o una escultura, por ejemplo.
Si hacemos a un lado el problema de encontrar una definición precisa y consideramos a la producción artística como una práctica, las cosas se vuelven más sencillas.
Una práctica es una actividad realizada por un grupo de personas apegadas a una tradición, es decir, un conjunto de reglas que deben seguir quienes participan de ella.
Las prácticas culturales, como el arte, no son estáticas. Para persistir en el tiempo integran modificaciones, nuevas áreas de interés, innovaciones y descubrimientos que las transforman y al tiempo que se mantienen reconocibles como lo que son.
Ahora bien, el arte integra prácticas relativas al rol que juegan los participantes, como productores y como público. Ambos deben compartir un marco de comunicación, una serie de convenciones en las que están de acuerdo.
Así, un pintor debe conocer la tradición de la pintura, para proponer a través de su obra modificaciones que transformen a la disciplina sin dejar de ser pintura; mientras el público, o al menos una parte del mismo, debe conocerla, no sólo para comprender el trabajo del artista, sino para reconocer la ruptura propuesta como una evolución de la tradición.
Los impresionistas, en el siglo 19, hacían pintura, pero no estaban interesados en utilizar el medio para crear una representación fiel de la realidad, sino en destacar sólo algunos detalles, como la luz y sus cualidades. Le dieron más peso al acto físico de pintar con pinceladas cortas y bien definidas, entre otros aspectos.
Este rompimiento con la tradición les mereció críticas como la citada al inicio de este artículo, que hoy se repiten cuando se trata de arte contemporáneo.

*Coordinador del Muno
Twitter: @sevendepinole
 




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