Monday 23 de January de 2017

Todo sea por la paz

     12 Aug 2011 03:20:00

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No sé si es algo consustancial al ser humano o resultado de la aparente sociedad del bienestar en la que vivimos, el caso es que hay una marcada tendencia a evitar, a como dé lugar, todo aquello que perturba nuestra supuesta serenidad.
Se anhela erradicar miedos, dolores, enfermedades y angustias existenciales como si esto fuese posible, en lugar de reconocer que somos seres frágiles, finitos y que, además, nos guste o no, formamos parte de una comunidad, cuyos problemas nos atañen.
Por eso prende muy fácil la noción de “paz”; queremos vivir en paz, en sosiego, sin incertidumbres ni sobresaltos, tanto en el ámbito personal, como familiar y social. Si se pueden sortear los conflictos, mejor. Hasta allí todo muy bien. Las complicaciones surgen cuando ante un problema nos hacemos de la vista gorda o actuamos con negligencia.
Seguramente un elevado número de ciudadanos alemanes, durante el nazismo, prefirió no enterarse del exterminio judío. Resultaba más conveniente para la paz individual mirar de soslayo las persecuciones y continuar la vida sin alteraciones. Sin embargo, tarde o temprano, el mal no enfrentado se cuela por los intersticios a quienes se piensan inmunes a él.
Frente al temor con el que vivimos en México, hay un clamor generalizado de regresar a la relativa paz que teníamos. Lo abstracto del concepto y lo impreciso de la exigencia conducen a muchas interpretaciones, mas algunos discursos parecen demandar un cierto tipo de negociación con la delincuencia organizada, aunque en el camino la legalidad se haga añicos.
Pero no es lo mismo exigir cambios en las estrategias implementadas hasta ahora, defender las garantías individuales, solicitar castigo para quienes cometen abusos de poder, que pedir la paz “a secas”.
Creo que a la ciudadanía también nos toca hacer una profunda reflexión sobre el actuar cotidiano, pues si bien hay una gran distancia entre el malhechor y quienes han consentido directa o indirectamente las ilegalidades, la displicencia ciudadana ha traído consigo resultados nefastos.
Si no se puede generalizar, cabe suponer que una parte importante de los ciudadanos desatendió los problemas del país al considerar que no eran de su incumbencia, supuso que para eso estaba el gobierno, decidió que era mejor que cada quien se rascara con sus propias uñas.
Asimismo, puso en el mismo plato al individuo honrado y al delincuente, calló ante las atrocidades y miró para otro lado cuando un familiar cometió un acto ilegal.
Despojando al concepto de su halo abstracto, es inobjetable que la paz debe estar intrínsecamente unida a la legalidad. ¿Se ansía la paz? Por supuesto, pero no debiese anhelarse a costa de lo que fuere.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores  
    
   




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