Monday 23 de January de 2017

Totalitarismo kafkiano

     10 Feb 2012 03:30:00

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El excelente escritor Milan Kundera narra un inquietante suceso del totalitarismo en la antigua Checoslovaquia, contada por un amigo en uno de sus libros.
Invitado a participar en un coloquio científico, un ingeniero de Praga va a Londres y regresa sin imprevistos a su tierra. Más tarde, ya en su oficina, revisa el periódico oficial del partido y lee lo siguiente: "Un ingeniero checo aprovecha la invitación a un coloquio científico en Londres para calumniar a su patria socialista, en la prensa internacional, y se exilia en el extranjero".
Ante el temor de ser apresado, va a la redacción del periódico para aclarar el malentendido, pero le dicen que el texto salió del Ministerio del Interior. En el ministerio le aducen que la información fue enviada por el servicio secreto de la embajada de Londres, mas añaden que se tranquilice, que nada pasará.
Sin embargo, pronto se da cuenta de que es vigilado, que su teléfono está intervenido y que alguien lo sigue por la calle. Horrorizado, se ve en la necesidad de abandonar ilegalmente el país. El laberinto del poder lo obliga a realizar eso que estaba determinado de antemano: convertirse en un expatriado.
A partir de esta historia, Kundera reflexiona sobre lo kafkiano, entre cuyas características sobresale la siguiente: “dondequiera que el poder se edifique, éste produce auténticamente su propia teología; donde quiera que se comporte como Dios, suscita hacia él sentimientos religiosos”.
Otra historia kafkiana real: en 1951, una mujer es condenada por crímenes no cometidos y pasa 15 años en la cárcel. Al salir, se encierra a vivir con su hijo, al que dejó de ver al año de nacido.
A diferencia de otros, ella no aceptó revisar detalladamente su vida para encontrar la supuesta falta cometida y confesar delitos imaginarios, pero inculcó a su hijo el sentimiento de culpa y la necesidad de confesar sus yerros a los demás. La represión se incubó en el hogar.
Este relato muestra la relación entre el totalitarismo privado y social. En ambos es imprescindible transparentar la vida y hacerse eco de las causas “generales”. Así como el niño no puede guardar secretos a sus padres, el individuo no puede tener aspiraciones particulares, privadas, distintas del grupo. Por eso, señala el escritor checo, la propaganda de las sociedades totalitarias muestran siempre una sonrisa idílica donde el colectivo se presenta como “una única gran familia”.
Es claro que lo kafkiano está vigente. En no pocos lugares, hay autoridades que se conciben a sí mismas como Dios, cuya propaganda exalta la armoniosa unidad en pos del “bien supremo”, o sea, del poder deificado. Basta leer la prensa de estos días para comprobarlo.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores




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