Sunday 22 de January de 2017

Tragedia campirana

     21 Jan 2013 04:00:00

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Continuamos:
Este, que conocía a Bernardo desde la infancia se limitó a hablar con reticencias. Es mejor que no regreses... No encontrarás a Auristela... Apremiado por el tropel de preguntas y asustado por la actitud casi amenazante soltó la lengua y relató lo sucedido.
-Gracias Epigmenio-, fue todo el comentario. Recogió sus pertenencias y salió del mesón.
El cadáver de Braulio fue hallado en una nopalera, la misma donde consumó el ultraje. Heridas por proyectil de arma de fuego, heridas por arma punzocortante y golpes contusos.
Misterio; pero no impenetrable. El comisario rindió parte verbal y señaló la coincidencia del regreso de Bernardo; aunque no lo habían visto por los alrededores, Epigmenio llevó al villorrio la noticia de su encuentro con Bernardo en Fresnillo.
A los pocos días, alguien sopló a “la justicia” que Bernardo trabajaba en la mina de Proaño. Una tarde, al salir del trabajo, lo aprendieron. Estaba en funciones el mismo cagatintas. Intervino un defensor muy sabihondo en el teje maneje dentro y fuera de las oficinas, desaparecieron del bolsillo de Bernardo las economías en dólares y antes de un mes quedó libre por falta de pruebas.
Trabajador “emergente”, esperó con paciencia una nueva oportunidad de “contratos”; pero pasaba el tiempo y nada... Un día, tomando copas en la cantina, un cuate le indicó el camino... 400 pesos... Y quedas de planta, con derechos sindicales. La idea no era mala. Se trasladó al rancho la mañana siguiente, entrevistó a su compadre Atanasio, vendió lo poquillo que quedaba y regresó a Fresnillo. Pocos días después era minero de planta y penetró en las entrañas terribles de Proaño, donde había de encontrar la  muerte como tantos infelices que son atraídos por el monstruoso Moloch, deslumbrados por espejismos u orillados por el hambre y la miseria.
Para Bernardo la vida no tenía objeto. Durante las horas de trabajo su mente estaba confusa con el recuerdo de su vida pasada. El aire libre; su jacalito; su Auristela que tantas noches y días de felicidad le prodigó. Su corazón se oprimía se estrujaba con el remordimiento de su crimen, de una venganza. Dos hijos muertos. Muertos por la ignorancia y la miseria, la maldita miseria lo obligó a buscar el sustento en tierra extraña. Si las lluvias hubieran llegado a tiempo... ¿Dónde estaría Auristela? Durante las horas del descanso los humos del alcohol en vano trataban de calmar su desesperación. Rehuía los amigos y jamás hablaba sobre su tragedia. Bebía solo y cuando la embriaguez llegaba a su punto, se retiraba, embrutecido por el tóxico.
Cierta noche, la población de Fresnillo se estremeció con las estridencias de la sirena de alarma.
-Accidente en la mina-, dicen las gentes acostumbradas a estas tragedias. En el Casino de Proaño había baile, salieron precipitadamente los médicos y algunos gringos. Otros sin inmutarse, continuaron apurando su high-ball. La orquesta inició un estruendoso mambo y los concurrentes, alegres, continuaron bailando. Regresaron los médicos con la noticia. Fue inútil su presencia: ningún herido. Un muerto en el tiro Buenos Aires. -Un corto circuito posiblemente,-dijo uno de los gringos;- causó una falsa señal y el malacatero movió la calesa antes de tiempo. El pobre hombre se precipitó en el tiro-. Todos continuaron bailando y bebiendo, felicitando cordialmente a los americanos. Era 4 de julio.
Al día siguiente, en el edificio del Sindicato, el alto parlante, con voz monótona, como es de ritual en tales casos anunciaba;-atención, atención, compañeros de la sección 62, anoche en el tiro Buenos Aires, perdió la vida, en el cumplimiento de su deber, el compañero Bernardo Contreras. A las 3 de la tarde serán las honras fúnebres en la parroquia de la Purificación. Suplicamos a todos los compañeros acompañar al cuerpo hasta su última morada...
Y así terminó aquella existencia insignificante y descolorida, como tantas tragedias incubadas en la ignorancia y en la miseria...
Proaño, impertérrito, lanzando al infinito sus negros penachos de humo, continuará por siempre, devorando vidas humanas para convertirlas en metales.

*hernanvalverder@gmail.com




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