Thursday 23 de March de 2017

Tragedia fresnillense

     17 Dec 2012 03:30:00

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Continuamos con nuestra historia que dejamos pendiente la semana antepasada.
-No se aflija,- dice circunspecta una vecina-Lleven su niño al Dispensario. Dice el periódico que la atención es gratuita y regalan medicinas a los pobres.
De nueva cuenta, el débil cuerpecito sudoroso, atrépsico, casi un despojo, es llevado al consultorio oficial. Larga espera. Provocativa, una mecanógrafa se mira al espejo, se unta saliva en el pelo y archiva unas copias. Unas enfermeras chacotean y sonríen a los burócratas. Al fin, Bernardo vence la timidez e indaga. Imposible atender al niño ese día. El médico festeja su cumpleaños y no trabaja. Tal vez mañana; le telefonearemos para que lo considere... Y continúa el vía crucis de Bernardo y su familia. Preguntando aquí, indagando allá, al fin llega al consultorio del “especialista”, el mismo valido del boticario. Regresa al mesón y al poco rato el tierno cuerpecito, en plena algidez, abandona esta tierra que los hombres hacemos odiosa con nuestras infamias y miserias.
Resignados, sin lanzar una queja, regresan a su rancho, rumiando la pena, cada quien a su manera. Bernardo piensa en su situación económica. Ha perdido dos hijos por falta de atención médica; más bien por falta de dinero para pagar a los médicos. La única esperanza es la cosecha que se pierde casi todos los años.
Mejor abandonar la siembra y buscar trabajo en las minas o emigrar al otro lado; y estos pensamientos van estereotipándose en su mente. Auristela se encomienda a Dios y en lo más recóndito de su ser abriga la esperanza de una nueva concepción.
Los días transcurren como todos, monótonos, sucios, a veces con hambre, a veces con medios para disimularla; pero siempre tristes, con resignación más boyuna que cristiana. Llegaron las pizcas y en claro se obtuvieron unos costales de mazorcas y un puñado de frijoles, suficientes para ir tirando dos o tres meses.
Un domingo, con tequilas de más, regresaba Bernardo de Fresnillo para su rancho. Pensaba en la conversación sostenida en la cantina con sus camaradas, algunos solteros y otros más jóvenes. Uno de ellos conocía la treta.
Cuestión de 200 pesos a cierto funcionario y se arreglaba el enrolamiento. Otros centavitos para el viaje, total, 500 pesos... y a ganar montones de dólares en los campos de cultivo de los gringos. El humo del cigarro y los efectos del tequila lo hacían hipar cada rato; pero la idea obsesiva le barrenaba el cerebro. ¿Y Auristela? Carecía de familiares y era bastante apetecible para dejarla sola. Además, Bernardo la quería y a pesar de los años transcurridos desde el matrimonio, la deseaba cada vez con más ímpetu. Los embarazos, lejos de aflojar sus carnes, aumentaron las mórbidas curvas de su cuerpo y la convirtieron en una Venus, cerril y cimarrona;  pero Venus al fin; al menos, lo suficientemente tentadora para mantener despiertos los instintos de Bernardo; y también los celos, pues el hombre primitivo no puede amar sin celos y la sola idea de un ligero desvío enardecía su sangre y acicateaba la rabia y el deseo.
¡Quinientos pesos! Cantidad inverosímil, inalcanzable, una fortuna para sus posibilidades. Con el frijol y el maíz, Auristela podría ir tirando; pero... ¿dónde conseguir dinero? Aparte de unas cuantas gallinas todos sus bienes se reducían a una vaquilla cargada, esperanza para un pié de ganado.
Despejado con el aire del camino regresó a su casa y planteó  el problema a su mujer quien escuchó sin pronunciar palabra. Desordenadas ideas bullían en su mente. A su manera, amaba a Bernardo; pero era más fuerte el deseo de una vida mejor. Se sabía codiciada y ¡mujer al fin!, ansiaba galas materiales que nunca había podido conseguir. La imaginación la llevaba a un bienestar adornado de nylones y afeites; pero al instante la acosaba la idea de la larga espera en la soledad del rancho. Carente de familiares y rodeada de atenciones impulsadas por el deseo más que por el afán de ayudarla.
-Vende la vaquilla.  Tan lacónico comentario acabó por decidirlo.

Continuará

*hernanvalverder@gmail.com
 




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